Michael Bouchard reafirma su universalidad

Charla. Oz Jiménez y Boris Schoemann flanquean al dramaturgo quebequense Michael Bouchard, durante una visita a la escuela Inart, previo a las funciones. (Foto: Cortesía Ágora GDL)

Desde el abandono, la violencia intrafamiliar y la desigualdad en la sociedad para los homosexuales, Michael Bouchard aborda la universalidad en sus textos dramáticos de tal manera que estos han sido montados por igual en países anglosajones, en Europa y en Latinoamérica.

También en México y en Guadalajara se han montado varias de sus obras, dos de ellas fueron presentadas este sábado, como parte del homenaje que le realizó México al dramaturgo quebequense: La historia de la oca, dirigida por Karina Hurtado y Tom en la Granja por Alejandro León fueron el preámbulo para que el Conjunto de Artes Escénicas recibiera como a un grande al escritor.

“Es formidable ver que algo que escribo de mi propia tierra, con mis propias referencias, pueda tener eco en el extranjero”, dijo en entrevista previo a la charla que sostendría después con estudiantes y creadores. “Que actores que no conozco, que obviamente trabajan de la mano de un director, se pasan semanas o meses con un material que no pensé para ellos, porque no es mi cultura. Uno no escribe diciendo: esto es para Francia, esto es para México. Es muy satisfactorio”.

Sobre los temas de las obras que realiza, que se montan en diferentes países con diferentes características, Bouchard dijo que más que temas es “la manera de contar historias” lo que puede ser universal: “Ya todo ha sido dicho”, recordó “lo que queda es el modo de decirlo. El arte está en la manera: es la firma particular, es el modo en que cuentas las historias”.

Bouchard afirmó que la familia, sin embargo, siempre ha sido el microcosmos de su obra, porque es el primer lugar del juego, donde se puede jugar, también, en el sentido de la verdad y las mentiras. “No es por nada que todas las religiones antiguas están basadas en la familia: la madre, el padre, la Tierra… Mi región, Lago de San Juan, al norte de Quebec, es mi propio Peloponeso: en familia hay dioses, hay semidioses, hay parias… No es que yo esté buscando forzosamente en el melodrama familiar, pero sí (me interesa) ver la metáfora social de eso”, dijo.

Ya sea a través de la esperanza o la desesperanza, del pesimismo o de la búsqueda incansable de la libertad, para el dramaturgo resulta importante llamar la atención a los temas que como sociedad nos ocupan y son urgentes, como la violencia, un personaje recurrente en gran parte de sus obras, la violencia es así un tema universal.

“Tal vez nunca he sido tan violento como en Tom en la granja”, confesó, “ahí la violencia se representa en escena; en mis otras obras, en general, sucedió antes, está narrada, pero es parte de una especie de firma sobre el cuerpo, sobre la piel… Cuando hablo de mi teatro, hago una especie de muro cortafuegos respecto de mi propia vida, no quiero exponer mi vida en mis obras, quiero que mis personajes existan sin que estén relacionados con mi propio pasado, porque siento que se está haciendo eso mucho en nuestra época, es muy común que la anécdota sea absolutamente a partir de lo que el autor vivió en su vida, como en muchas formas del biodrama. Y la violencia física finalmente es algo muy común: todo el fenómeno de #MeToo, que permite que las mujeres protesten, es un océano escondido de violencia física y psicológica que está sobresaliendo”, concluyó.

Con la colaboración especial de Iván González Vega

FRASE

“Es formidable ver que algo que escribo de mi propia tierra, con mis propias referencias, pueda tener eco en el extranjero”
Michael Bouchard, dramaturgo

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