Castro: los errores de 2015

¿Duerme Miguel Castro Reynoso con el enemigo? La pregunta viene a cuento porque parece decidido a jugársela dando el paso de la muerte –como en la charrería– o el salto mortal –como los trapecistas– cuando primero se ventila la versión de un probable relevo en la dirigencia estatal del partido, a estas alturas del juego, sin que ataje de manera categórica su difusión, sino que evade la respuesta directa, y luego decide mandar al diablo a su partido al no incluir en su propaganda el logotipo que lo identifique como candidato del Revolucionario Institucional.

Castro Reynoso argumentó que la ausencia del logotipo del PRI –sí, el que aparecerá en la boleta electoral y el que pretenden que sea el que crucen los ciudadanos a su favor– era por razones de estrategia, pero no ahondó en la explicación y es fecha que no lo ha hecho ni nadie de su equipo de campaña.

Obviamente eso ha dado pie a que no pocos entiendan que la desaparición del sello tricolor es porque la marca le representa más desventaja que ventaja por los negativos que carga, aunque otros simplemente recurren a la lectura simple de que le avergüenza llevarlo en su propaganda.

Sin duda los expertos en estos menesteres de la mercadotecnia política tendrán la respuesta, pero debemos preguntarnos si realmente no incluir la imagen de su partido le será más benéfico que perjudicial cuando no puede ocultar de ninguna manera que es el candidato del Partido Revolucionario Institucional con toda la carga negativa y positiva que ello tiene. Sería tanto como irse al extremo y afirmar que el PRI no tiene candidato al gobierno.

Al confirmarse que la propaganda de Castro Reynoso no incluye el sello del PRI, no faltó quien apuntara que mejor hubiera sido que se lanzara como independiente.

Miguel Castro y sus asesores deben de registrar que deslindarse de su partido al no incluir su sello en la propaganda es incurrir en el mismo error que cometió Ricardo Villanueva Lomelí cuando fue candidato a la presidencia municipal de Guadalajara, con el resultado por todos conocido. Y no es, además, el mejor mensaje que puede enviarle a la militancia de base que se manifiesta orgullosamente priísta y que gusta de llevar y ondear las banderas del PRI en los mítines públicos.

Que el candidato del PRI a la gubernatura pinte su raya con el partido que lo postula no es el mejor mensaje para la ciudadanía en general y la militancia en particular.

Si el hecho de pretender cambiar a la dirigencia de su partido –sin considerar las consecuencias que ello acarrea al resto de las candidaturas, porque no sólo es la de gobernador– iniciada la campaña y omitir el logotipo del PRI de su propaganda no son buenos mensajes hacia el exterior, tampoco lo fue que el gran ausente en el arranque oficial de su campaña haya sido el gabinete en pleno del gobernador Jorge Aristóteles Sandoval, lo que contrastó con el candidato presidencial José Antonio Meade Kuribreña que tuvo al gabinete presidencial en primera fila, enviando el mensaje de que se han cerrado filas en torno a su candidatura. También fue notoria la ausencia de no pocos candidatos a las alcaldías y diputaciones. ¿Por qué esas ausencias? ¿Errores en la organización, coordinación y logística o también es parte de la estrategia?

Incluso, hasta da qué pensar el hecho de que para arrancar oficialmente su campaña haya elegido el mismo lugar –Plaza de los Fundadores– en donde la inició Villanueva Lomelí.

Miguel Castro tiene tiempo para reflexionar y actuar en consecuencia sobre los temas anteriores que no son los de esta columna, sino los que se escuchan en los corrillos políticos, entre los militantes priístas, entre sus adversarios políticos de otros partidos y, por supuesto, entre algunos otros sectores de la sociedad.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

FV/I