Sobrevive la tradición de la nieve


De coco, tamarindo, jamaica, vainilla y hasta de chicle son algunos de los sabores que se pueden disfrutar en las tradicionales nieves y raspados del Parque Morelos.

Según anécdotas de trabajadores y gente aledaña al lugar, esta actividad comercial fue comenzada por pocas personas, quienes instalaban sus mesitas en los alrededores del parque. En ese entonces, dicen, sólo contaban con seis tipos de almíbar y una barra de hielo.

Con el paso del tiempo y el rotundo éxito que las nieves comenzaron a tener, varias de estas personas decidieron hacerse de locales para así ampliar el espacio y darle oportunidad a los clientes de sentarse a disfrutar de su producto.

Actualmente, el parque cuenta con cuatro locales abiertos, de los que dos pertenecen a una misma cadena. Todos buscan que la tradición no se pierda.

Los centros de la nieve

Las Fuentes es el negocio más antiguo del lugar, pues tiene más de 113 años y es la que tiene dos sucursales en los alrededores del parque.

José Román, encargado de una de las sucursales, contó a NTR que los dueños iniciaron a las orillas del parque con seis sabores; actualmente tienen más de 45.

“Los dueños de este lugar son de Cuquío, quienes después de 10 años de éxito, se hicieron de un local aquí en la calle de Juan Manuel y por ahí de los 50 fue todo un boom el lugar, pues ofrecían veinte sabores y una rockola, así que los chavos cuando salían de la secundaria, se venían y hacían hasta fila”, mencionó.

Otro de estos establecimientos es La Tapatía, local que data de la década de los 50. “(El negocio lo comenzó) un cubano que se ponía en el parque, vendía solo, y al hacerse amigo de uno de los vecinos de aquí, comenzaron a poner locales que, en su tiempo, se abarrotaban de adolescentes y familias que se sentaban a tomar su nieve”, comentó Gustavo Hernández, encargado del lugar.

Finalmente, la nevería Las Palmas es la última de estos negocios que permanecen. Nació en 1957 y fue impulsada por Gustavo Hernández, dueño del lugar, quien decidió comprar el local en el que actualmente encuentra. Atiende con tan sólo cinco mesas, pues desde sus inicios este ha sido el local más pequeño.

 

TRADICIÓN EN PELIGRO

A pesar de que ya tienen tiempo con esta tradición, locatarios y vendedores del producto cercanos al parque pasan por un periodo de decadencia, pues dicen que ya no venden lo mismo que hace algunos años, incluso han tenido bajas de hasta un 30 por ciento o más en épocas de invierno.

Los encargados de estos negocios cuentan que la creación fallida de las Villas Panamericanas en el parque, en 2010, es la causante del cierre de muchas neverías y la pérdida de clientes.

Además, para Gustavo, de La Tapatía, los condiciones actuales del parque tampoco ayudan mucho: “Ya tiene tiempo que está todo levantado y nada más no terminan”, esto en referencia a obras de rehabilitación que desarrolla el ayuntamiento tapatío en este espacio público.

“Ya tiene tiempo que está todo levantado (en el Parque Morelos) y nada más no terminan”
Gustavo, empleado de La Tapatía

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