La silla es mía y no puedo sentarme 2

En la columna anterior me referí a algunas prácticas anómalas de las librerías de Fondo de Cultura Económica (FCE), la empresa editorial estatal de mayor prestigio –que paradójicamente se autonombra Grupo Fondo, como las trasnacionales–, cuya naturaleza parece no representar un problema para nadie, porque todos parecieran encantados con la larga y sin duda excepcional existencia, el gran catálogo y la red de librerías, por lo cual exigir es como desagradecer… Pero no perdamos de vista que en principio el FCE se debe a los ciudadanos y debe hacer alianza con los profesionales del libro mexicanos, aun los pequeños y los que comienzan, y no darles la espalda, como es notorio al entrar a cualquiera de sus librerías y ver las mesas y los estantes colmados de obras de los grupos trasnacionales.

Es cierto que durante siete ocasiones el FCE atendió a los editores independientes prestando las instalaciones de la Rosario Castellanos, sus almacenes, sus sistemas de cobro y facturación, su vigilancia, durante un mes cada año, para la celebración de la Feria del Libro Independiente, organizada por la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes (AEMI). Vista a la distancia esa colaboración no significó conocimiento ni compresión de los catálogos de un centenar de editores, que al cabo de los 30 días recogían las devoluciones como una versión cultureta del affaire Fox-Castro: exhibes y te vas. Por eso subrayé la palabra prestando, porque había un cobro por porcentaje de venta, es decir, un pago, y después una falta de compromiso de nuestra gran empresa cultural y paraestatal.

Esta semana en la Joseluisa estaban impresos en un cartelón algunos porcentajes de descuento: los del propio FCE no rebasaban 30 por ciento y los de otras editoriales mexicanas llegaban a 50 por ciento. Al preguntar al dependiente si los descuentos del FCE alguna vez llegaban a 50 por ciento como los otros, lo negó. Imaginen el porcentaje que el FCE solicita al editor que quiere distribuir con él: ¿60, 65?... ¿Serán justas estas prácticas siendo que el FCE está subsidiado? ¿Por qué debe el FCE tener políticas comerciales agresivas como las de un particular?

El FCE debería aliarse con los editores pequeños distribuyéndolos en los mismos términos que a los trasnacionales, que en realidad son los que no deberían estar.

@LibracoFP

JJ/I