Tecnología y show

Hace algunos días, Alfredo Sánchez publicó en el suplemento cultural  Confabulario un texto sobre la reciente presentación de David Byrne en la Ciudad de México. “El desafío no está solamente en la extensión del tour sino en las características de los conciertos”, escribió. Lo que imaginó Byrne lo hizo posible la tecnología. Un monitoreo y microfonía inalámbricas, arneses que sostenían los instrumentos a los cuerpos de los músicos (algo que hemos podido ver en las bandas americanas tradicionales), una cortina de tiras de cadenas finas aparentes que caían dispuestas en tres partes a modo de caja incompleta que lograba en momentos funcionar como pantalla para los músicos descalzos e impecablemente vestidos de gris, cuyas largas sombras aparecían con luz contrapicada. Ni qué decir de la coreografía. Cuentan los que estuvieron ahí que es uno de los espectáculos más perfectos y sorprendentes a los que han podido asistir.

Ayer me aventuré a la difícil tarea de llegar a la Arena VFG al concierto de Lenny Kravitz. Leonard Albert Kravitz (Nueva York, 26 de mayo de 1964) no sólo es un impresionante cantante, sino un multiinstrumentista extraordinario. Y salió a conectar con un público que coreó todas sus canciones y le aplaudió cada gesto. Con un escenario simple, andamios desnudos sin grandes recursos tecnológicos, volvió a aquellos momentos en que el centro era la canción y el artista. Fue especialmente emotivo cuando bajó del escenario por un costado pidiéndole a la gente que dejara a un lado sus cámaras y celulares para que pudiera caminar entre ellos. Ante la imposibilidad de continuar el trayecto volvió al escenario y abordó la importancia de la tecnología señalando que, a la vez, esta misma nos aleja de comunicarnos directamente entre nosotros. Pidió guardar los celulares, que conectaran con la mirada y volvió a bajar por el otro lado del escenario, abriéndose paso entre la gente hasta que logró subir a una de las gradas, a pocos metros de donde estábamos. Desde ahí dirigió un movimiento de brazos que se replicaría en toda la Arena. Las luces de los celulares desparecieron por unos minutos.

El mundo del espectáculo musical se reinventa de mil maneras. Cada artista encuentra su modo de utilizar la tecnología para estimular su relación con el público. Este fin de semana lo podremos también constatar en el Roxy Fest.

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JJ/I