Un recorrido por Lamar

OBJETIVOS. El ambiente en Campus Lamar es relajado aunque no pierden de vista sus responsabilidades, por lo que hacen de este espacio un lugar educativo de gran importancia. (Foto: Cristina Dávalos)

La vida estudiantil puede llegar a parecer monótona, sin embargo, las personalidades y perfiles que alberga cada campus universitario pueden crear un ambiente distinto y con cierta huella.

 Campus Lamar –ubicado en el cruce de Chapultepec y Guadalupe que lleva licenciaturas sociales, ingenierías, arte, arquitectura y económico-administrativas– tiene un estilo relajado, debido al poco alumnado y pequeñas instalaciones.

Su ritmo cotidiano se concentra mayormente por las mañanas, pues sólo algunas licenciaturas tienen turno vespertino, como lo son Arquitectura, Derecho, Comunicación e Ingeniería.

A partir de las 6:30 horas los alumnos comienzan a pisar las instalaciones para incorporarse a sus clases y terminar su día aproximadamente a las 15:00 horas, punto donde se encuentran los turnos matutino y vespertino.

Son las 14:00 horas del jueves, hora en que muchos van de salida o hacia otra aula para sus clases de idiomas.

Parece que los alumnos de diseño tienen presentación final, pues el patio principal está lleno de alumnos y columnas de cartón compuestas de figuras geométricas en las esquinas.

Los diseñadores desesperados intentan armar sus proyectos durante la entrega de calificaciones de sus profesores, por lo que se puede ver su nivel de estrés al no lograr sus armados, que de hecho, varios no lograron finalizar.

Triángulos, figuras tejidas, bloques y rectángulos, son algunas de las figuras que sobresalen de sus proyectos.

Otros salen de sus salones con mochila en mano y el paso a prisa, pues desean abandonar el lugar tras más de seis horas dentro.

La cafetería está repleta de alumnos y maestros a la hora de la comida e incluso parece que la pasan bien, pues hasta los maestros platican y ríen mientras se alimentan y los estudiantes pelean la llave del cuarto que está en una esquina del patio, donde calientan su comida y hay hasta fila o carreras para ir a comprar a la cafetería, que ya no tarda en cerrar.

Los de Comunicación ocupan el auditorio que se tiene al fondo donde se aproxima una conferencia sobre los derechos de género, así que los organizadores corren de un lado a otro para preparar la comida y llamar a sus compañeros de otros grados.

“¡Luis, ya avisaste a los de décimo!”, “¡Dice la invitada que ya viene!”, “¡Díganles que ya pueden pasar!”, son algunos de los gritos de los jóvenes desesperados mientras preparan los últimos detalles y su maestro y coordinadora supervisan las actividades.

Una hora después es notable la afluencia de los alumnos alrededor del auditorio, aunque no falta el que asiste a la fuerza o por el valor curricular de la actividad.

Mientras tanto, a las afueras hay una notable tranquilidad donde se puede ver a muchos descansando en los pasillos, los patios y las bancas del campus, entretanto escuchan música en sus computadoras e incluso trabajan en sus proyectos finales.

Al filo de las 18:00 horas, las instalaciones comienzan a lucir vacías pues las clases están por terminar, así que a las afueras se ve a los estudiantes que terminan de platicar y despedirse; aquellos que se suben a sus coches o los que deben de caminar a la parada del camión, aunque adentro aún hay gente que entre dormidos pasan sus últimas clases.

JJ/I