Invierten tapatíos mil pesos en libros

(Foto: Especial)

Lectores voraces. A comparación del promedio nacional, de alrededor de tres libros anualmente, la mayoría de quienes contestaron un sondeo realizado por El Diario NTR reportó haber leído más de cinco el año pasado y sólo dos por ciento dijo no haber leído ningún libro.

Algunos fueron mucho más allá: uno de cada cinco usuarios reportaron haber leído más de 15 libros y 10 por ciento admitió haber leído más de 30.

El sondeo fue realizado por Internet a 505 lectores de la Zona Metropolitana de Guadalajara a través de un formulario con motivo del Día Mundial del Libro que celebramos hoy. Ahí se pudo esbozar un perfil de sus consumos editoriales y lecturas.

Contestaron personas de entre 15 y 55 años y el mayor porcentaje estuvo entre los 25 y los 35 años, más de 60 por ciento con una licenciatura. Varias profesiones convergieron, desde funcionarios del gobierno, empleados administrativos, artistas, periodistas, estudiantes y obreros.

Otro dato revelador es que la media de libros que contienen en sus bibliotecas resultó estar entre 100 y 500 libros.

Casi una tercera parte de los lectores que respondieron el cuestionario dijo haber comprado un libro durante el último mes y 24 por ciento durante los pasados tres meses. La respuesta mayoritaria de los tapatíos fue que gastaron entre mil y 5 mil pesos al año en libros (40.2 por ciento). Además, poco más de una tercera parte gasta entre 500 y mil pesos anualmente. Más de 50 por ciento admitió que comprar libros es caro.

La directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), Marisol Schulz, comentó que este puede ser un gasto real ya que, según sus estudios, quienes compran libros en la FIL invierten en promedio alrededor de mil pesos en cada edición, aunque dijo que este promedio no contempla a los muchos jóvenes que acuden a la feria y no pueden acceder a ningún ejemplar. El sondeo hecho por El Diario NTR reveló que 9.8 por ciento de los usuarios compran sus libros durante la FIL.

Se imponen compras tradicionales

A pesar de que 50.8 por ciento de quienes contestaron admitieron haber comprado libros a través de Internet y más de 60 dijo haber adquirido alguna vez libros en locales de ejemplares usados, la mayoría admitió que sigue comprando la gran parte de sus textos en librerías, como tradicionalmente se ha hecho.

En ese sentido, Gandhi resultó la tienda de libros en Guadalajara más acudida por quienes contestaron el cuestionario, seguida de las librerías Gonvill y el Fondo de Cultura Económica; sólo 9.3 por ciento acude a El Sótano, 1.8 por ciento mencionó Sanborn’s y otros establecimientos de libros usados.

Del porcentaje de lectores que admitió haber comprado libros por medio de Internet, la mayoría utiliza Amazon como su plataforma favorita, seguido del uso de las páginas web de las librerías y las de las editoriales de su preferencia. Así, 5.3 por ciento utiliza Mercado Libre y 6.3 por ciento dijo que utiliza grupos de Facebook para adquirir ejemplares.

Adiós a las bibliotecas

Quizá el panorama más desolador en cuanto a los índices de lectura es el que ofrecen las bibliotecas públicas de la ciudad, ya que 44.8 por ciento de los entrevistados admitió que no visita ninguna biblioteca de la ciudad mientras que 35 por ciento dijo hacerlo menos de tres veces al mes. Apenas 1 por ciento dijo hacerlo diariamente.

A pesar de ello, la Biblioteca Pública del Estado Juan José Arreola fue la más elegida por quienes visitan estos centros culturales, seguida de la Iberoamericana Octavio Paz. Alrededor de 5 por ciento eligieron la del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores (ITESO), todas ellas forman parte de instituciones universitarias, por lo que podría deducirse que más que un espacio de acceso a la lectura se utilizan a manera de consulta o servicios.

El editor tapatío Felipe Ponce, que ha dirigido el sello Arlequín durante los últimos 20 años, señaló que “basta ver el nivel en el que están nuestras bibliotecas, que sobre todo las municipales no renuevan su acervo desde hace años. Es difícil creer que las pocas librerías que hay alcanzan a los más alejados barrios, el oriente está prácticamente vacío de esa oferta. Faltan muchas en Jalisco y todo está centralizado. Para mí es difícil creer que un evento único como la Feria del Libro pueda cambiar una situación tan compleja”, dijo.

Faltan estudios

Los especialistas consultados para analizar los resultados del sondeo coincidieron en que falta en Jalisco un estudio formal y sistematizado de los hábitos de lectura.

Marisol Schulz dijo estar segura de que, en parte debido a que la nuestra es la sede de la Feria Internacional del Libro más grande de Iberoamérica y la segunda más grande del mundo, es probable que nuestro estado tenga mejores resultados que en el resto del país.

“Al menos sabemos que 30 generaciones han pasado, en gran porcentaje, por los pasillos de la feria”, dijo. La FIL no cuenta actualmente con estudios formales sobre sus públicos o influencias en el índice de lectura en el estado o la ciudad.

Pedro Aguilar Pérez, académico del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), realizó junto con la maestra Lucila Patricia Cruz Covarrubias un estudio sobre el consumo editorial en jóvenes de más de 15 años en la Zona Metropolitana de Guadalajara, que arrojó como resultado, entre otras cosas, que el factor precio es una condicionante para adquirir un libro. Entonces el promedio de libros que se leían al año era de dos ejemplares.

En entrevista, Aguilar Pérez dijo no estar seguro de que eso haya cambiado, al menos no en las generaciones de más de 30 años. “Es probable que en los jóvenes sí haya mejorado el panorama, pero es necesario un estudio profundo que no cuente los libros obligatorios que tienen que leer y comprar por la escuela o para prepararse de manera independiente en su carrera”, dijo.

“Creo que la lectura es algo que se aprende en casa y en la escuela, pero tendríamos que centrarnos en ofrecer libros de calidad, más que en cantidad”.

Aún con esto no le parece descabellado aceptar que los tapatíos gasten alrededor de mil pesos al año en libros, pero que se debería detallar si no son los libros obligatorios en la educación superior representan parte importante de este gasto.

Schulz aseguró al respecto que es verdad que en el fomento a la lectura se debe promover al ejercicio como algo necesario y que puede potencializar la experiencia de una persona, no sólo porque la lectura nos hace volar, sino porque puede hacer más fácil incluso interpretar una receta médica con cabalidad.

Perfiles desoladores

El cronista y crítico de literatura Juan José Doñán aseguró que estos estudios son complejos porque “hoy lo libros se admiran más de lo que se leen”, y señaló que en nuestros tiempos leer es un asunto sobre todo de aspecto y que los programas de fomento a la lectura en el estado y en el país tendrán que dejar cierta líneavoluntaristapara especializarse.

“Sin embargo creo que la lectura se contagia en la casa, cuando la familia tiene libros más allá de un asunto decorativo y cuando en la escuela va más allá de la obligación. La lectura no es algo para darnos estatus, no se trata de algo que puedas presumir, la lectura es otra cosa y tiene que atraparte”, atajó.

“No hay editoriales fuertes, aquí, la Feria (Internacional) del Libro son sólo nueve días y es difícil darnos cuenta de si eso ha cambiado o no el promedio en todo Jalisco”. Para el cronista, comparado con los gastos que hace una persona yendo al cine o saliendo a un bar, los libros en la Zona Metropolitana no son caros y piensa que el hecho de que la lectura no sea considerada como una actividad fundamental y sea vista como un entretenimiento débil tiene que ver con esta percepción que el sondeo de NTR logró reflejar.

A pesar de la FIL, Doñán no cree que los índices de lectura hayan crecido en los últimos años y dijo, según su experiencia como docente tanto en la Universidad de Guadalajara como en el ITESO, nos encontramos todavía en una etapa muy modesta.

"Historias de libros y lectores*

  • Los libros siempre han significado el conocer otros mundos, tiempos y formas de pensar, desde que descubrí el gusto conocí una serie de cosas que no podría por mi entorno social, nada es tan delicioso como el olor de un libro recién comprado es incomparable.
  • Mi abuelo tenía una biblioteca enorme. Cuando él murió, yo pedí quedarme con todos los libros (igual nadie los pidió). Para poder llevarlos todos a mi casa fueron necesarios más de 6 viajes, cajuela y asientos del coche llenos.
  • Cuando leía La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, recuerdo que me subí a un camión en la ciudad de Guadalajara y era tan emocionante el pasaje donde se desabarranca su ejército que entre tumbos, tlaxonazos y frenones… viví la historia.
  • He perdido la cuenta de las mudanzas que he realizado y he aprendido a desprenderme cada vez de más cosas, pero no de mis libros, que siempre los llevo conmigo dondequiera que vaya y los que se van sumando desde hace casi tres años sobre todo títulos de cuentos y literatura infantil.
  • El primer libro que recibí fue por parte de mi padre, tan solo tenía yo 4 años, aún conservo ese libro titulado El principito desde entonces es mi favorito y tengo varias versiones de diversas editoriales e idiomas.
  • Soy una lectora voraz, pero debido a una crisis económica personal no cuento con suficientes recursos para hacerme con ejemplares para mi biblioteca privada. Así que las bibliotecas públicas me dotan de material de lectura.
  • Por problemas de salud, no puedo visitarlas tan frecuentemente como quisiera. Sin embargo, gracias a la plataforma de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas Digitalee, tengo acceso al préstamo de libros electrónicos.
  • Este servicio me ha permitido leer un mayor número de títulos al año y conocer la obra de más autores. A diario visito esta biblioteca digital y mi estancia se prolonga durante varias horas. Considero este proyecto como un recurso muy valioso para el fomento a la lectura.
  • Solía atesorar mis libros de tal manera que se convertían en cajas fuertes, pues dentro de ellos colocaba “mis guardaditos” y de verdad los olvidaba hasta que un día que doné libros a una pequeña biblioteca para una fundación ¡sorpresa! Iban con premio. Sé que quedaron en buenas manos y mi olvido se convirtió en una doble bendición.

*Algunos de los testimonios anónimos expresados voluntariamente en una de las preguntas del sondeo.

DATO

3.8 libros al año

En 2016 el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Información (Inegi) realizó un estudio en todo el país que arrojó el promedio de 3.8 libros leídos al año. Por cada 100 personas que se consultaron, 45 dijeron haber leído al menos un libro en el año anterior. Y 44 por ciento dijo haber leído sobre todo libros de literatura.

JJ/I