En el proyecto cuentístico de Apócrifa

Carrera. Como en los últimos dos libros, Villegas sigue en la tarea obsesiva de explorar los subgéneros y tensar los límites de su favorito: el de la ficción. (Foto: Especial)

Son dos libros en uno. El más reciente trabajo de Rafael Villegas en realidad es un mismo proyecto dividido en dos tomos con la misma portada, pero en colores distintos. Se llama Apócrifa y como describe Alberto Chimal en la contraportada del libro, está escrito con “una costumbre curiosa y no tan frecuente de la narrativa mexicana, es el relato de lo que no fue”.

Los cuentos que componen el libro luchan por separarse y entrelazarse entre las páginas y, aunque exhibe varios registros (textos de viajes y aventuras, terror, amor y ciencia ficción), los une un experimento que tiene que ver con la manera en que el escritor originario de Tepic, radicado desde hace años en Guadalajara, concibe el quehacer del cuentista en particular y del escritor, en general.

El libro se comenzó a escribir en 2010 gracias a una beca para jóvenes creadores del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes. “Desde entonces la idea era hacer una serie de cuentos, lo que pasó es que los cuentos en algún momento comenzaron a entrelazarse y a crear vínculos entre ellos más allá del tema... Obviamente todos tenían un espíritu que los unía, pero entonces surgió otra cosa”, contó el autor en entrevista.

“Habían ciertos cuentos que compartían personajes, compartían un nivel de la trama. Al terminar el libro me pareció eso, que en realidad tenía dos libros, uno con cierta cantidad de historias que tendían más bien a lo novelado, una novela fragmentada, en donde para comprender un cuento tenías que leer otro: ese tipo de dependencia y otro que tenía una estructura mucho más convencional de compilación”.

Aunque la idea principal tenía que ver con sacar cada uno de los libros en dos momentos distintos, junto con Paraíso Perdido, sello que publicó este proyecto, encontró el diseño perfecto para este proyecto: Apócrifa y sus dos caras nacieron así como parte de un mismo libro, pero con su diferente personalidad.

Estos cuentos nacieron en la continuación de una las pasiones del autor: la literatura y los otros géneros con los que puede subsistir, como quien encuentra un tesoro y lo explora, lo procura hasta que encuentra este universo inexplorado, virgen en el que está dispuesto a saltar. En otros casos han sido la historia, lo académico y hasta lo apocalíptico, pero esta vez fue una conferencia sobre literatura y astronomía lo que le dio pie para comenzar con la escritura.

“Me puse a escribir un ensayito de algo que sucedió en México en el siglo 19, se armó una comisión astronómica para viajar a Japón y hacer el cálculo de la distancia entre la Tierra y el Sol. Mandaron a un grupo de mexicanos que hicieron el viaje en barco y allá hicieron sus mediciones. El ensayo muy pronto se volvió cuento, se volvió ficción, una ficción híbrida que a mí me interesa. Decidí dejar en gran parte la estructura de un ensayo, con sus notas al pie y sus referencias, terminé llevando este cuento con fantasía, con imágenes oníricas, pero con notas al pie. Me importa esa disonancia del texto híbrido”, contó.

Ese cuento les dio vida a sus hermanos. La emoción de esa disonancia, a partir de los archivos de la historia o las huellas de la vida real de las personas que ya no están, fue el terreno fértil sobre el que rotarían los otros cuentos.

“Es un proyecto cuentístico que he arrastrado durante varios años”, confesó. “De entrada me cuesta trabajo pensar en el libro de cuentos que no tenga relación entre los textos y que sea la reunión de varios que tenía por ahí y juntarlos y ya está. Como lector no me suelen interesar demasiado los libros de cuentos que son compilaciones. A mí me gustan los libros de cuentos más amarrados, como un solo proyecto, me gusta lo que hace Carlos Velázquez”.

Como cada uno de los libros que ha publicado, Juan Peregrino no salva al mundo, ilustrado por la artista plástico Diana Martín y su primera novela, Animal verdadero, publicado el año pasado por Ediciones B, Apócrifa fue como un laboratorio sobre la ficción como género flexible.

“Fue un momento de rearmado”, contó sobre el proceso creativo. “Era un momento de reinvención también, porque venía de un libro que considero fallido… quería encontrar la manera de escribir otra vez, porque lo dejé de hacer después de él. Uno de los cuentos que aparecen en este libro fue parte de aquella compilación que nunca terminó por gustarme y que fue una manera de rescatarlo”.

Como en los últimos dos, Villegas sigue en la tarea obsesiva de explorar los subgéneros y tensar los límites de su favorito: el de la ficción. A partir de ahora quizá para él los saltos habrán terminado y aunque señaló estar trabajando en varias cosas a la vez aún no se ha encontrado con el azar que detone la siguiente entrega.

Por lo pronto, el viernes 18 de mayo, charlará sobre la escritura de cuento, la herencia de los grandes cuentistas jaliscienses y los desafíos editoriales que este género enfrenta en la actualidad. Lo acompañarán las escritoras Ave Barrera y Abril Posas, así como el director de Paraíso Perdido, Antonio Marts. La cita será a las 18 horas en el foro de la Feria Municipal del Libro, en el andador Pedro Loza, junto a los portales del ayuntamiento. Es un evento gratuito.

“Al terminar el libro me pareció que en realidad tenía dos libros, uno con cierta cantidad de historias que tendían más bien a lo novelado, una novela fragmentada, en donde para comprender un cuento tenías que leer otro: ese tipo de dependencia y otro que tenía una estructura mucho más convencional de compilación”

“Es un proyecto cuentístico que he arrastrado durante varios años”
Rafael Villegas, escrito

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