Trabajar con los otros

Exploración. La relación de Lorena Peña Brito con el arte se da en un ambiente natural, en una ciudad en la que había poco acceso a las galerías, pero la mirada de su padre y abuelo le sirve de guía. (Foto: Mónika Neufeld)

Con una visión comunitaria, crítica y sensible al trabajo de los artistas, Lorena Peña Brito es uno de los perfiles clave de la escena del arte contemporáneo en Guadalajara. La directora del programa de residencias creativas Paos GDL busca espacios de intercambio y puentes internacionales con las obras y proyectos que se gestan en lo local.

Proviene de una generación que aprendió a hacer las cosas en busca del espacio que les faltaba y hoy desde su trinchera busca fortalecer las propuestas de las nuevas voces.

NTR. ¿Cómo inició tu acercamiento con el arte?

Lorena Peña Brito (LPB). A mi abuelo le gustaba mucho la fotografía, un gusto que heredó mi papá y que después yo adquirí porque ambos tenían amplios archivos fotográficos. Mi padre es arquitecto y ha hecho un archivo de las obras que ha realizado. Él me enseñó a usar la cámara réflex. Ya en la secundaria me interesé más formalmente y comencé a soñar con que quizás lo que quería era ser fotógrafa y empecé por ahí. Crecí en Los Cabos, te estoy hablando de un lugar en el que no hay museos, no hay galerías, al menos no las había entonces. Ese acercamiento fue fundamental: por eso estudié arte.

NTR. ¿Cómo fue tu formación después de eso?

LPB. Fue un suplicio estudiar arte (ríe). Tremendo. Teníamos un mal programa, malos maestros, casi todos, otros fueron inspiradores, pero otros muy muy malos. A tiros y jalones me gradué y cuando lo hice renuncié a la fotografía: era muy mala fotógrafa, la verdad sea dicha. Sin embargo en la escuela gracias a mis compañeros se amplió el mundo y entendí que no tenía que ser fotografía, que había muchas otras prácticas que me interesaban. Ahí hicimos el Colectivo de acción y creación artística que siguió funcionando cuando salí de la universidad, hicimos varios proyectos, abrimos el laboratorio de arte Clemente Jacques y en el ínter trabajé en Arena México Arte Contemporánea, lo que fue una súper suerte porque me abrió el panorama aún más.

NTR. ¿Lo colectivo sería premonitor?

LPB. Ahí me di cuenta de que me gustaba trabajar más con los otros que con mi propia práctica artística. Sí. Luego empecé a escribir, empecé haciendo cuentos, luego me interesé por la crítica, me interesaba hacerlo. En el colectivo comenzamos a hacer acciones, cosas que expandía la práctica. Estábamos Cristian Franco, Edgar Cobián, Luis Felipe Manzano, Renata Trejo, Susana Rodríguez, Julián Jaime Contreras. Fue decisivo.

NTR. ¿Hubo un trabajo o una pieza que detonara esta forma de ver las cosas?

LPB. No hay una sola pieza. Éramos muy jóvenes y lo que queríamos era cuestionar la práctica, reflexionamos mucho sobre qué era ser artista y cuáles eran los límites: qué se podía hacer en esta modificación de conceptos. Hicimos un par de piezas: 8 horas y 4 horas, en las que para hablar sobre las jornadas laborales estábamos parados frente a la cámara durante ese tiempo con VHS. Sobre el trabajo… por mencionar alguna. Queríamos ver hasta dónde podíamos estirar estos engranajes de la producción artística contemporánea y sus nociones y sus conceptos y las articulaciones como tal. Me marcó el trabajo colectivo. Desde entonces he trabajado en colectivo salvo cuando escribo.

NTR.  ¿Desde entonces ves el arte como eso, como una manera de trabajar con el otro o para el otro o a través del otro?

LPB. Sí. Con el otro, diría. Algo que me parece interesante es cómo estos roles de los distintos agentes que forman la escena se van moviendo. Ahora el que más me entusiasma es el de los artistas, porque están expandiendo sus prácticas de una manera muy contundente. Hacia la gestión, hacia la educación, etcétera. Ya existía antes, pero como que antes estaba dislocado y ahora se entiende como parte misma de la práctica artística. Pero también los galeristas, los curadores y los museógrafos están extendiendo sus límites. Incluso nosotros los gestores. Veo en mi trabajo que me cuesta llamarme gestora porque igual escribo, igual trato de no pensar la práctica artística sólo como gestora, sino por ejemplo desde el pensamiento crítico. Este mover de roles lo que te permite es trabajar con los otros justamente, así percibo la interdisciplina. O la indisciplina, más bien.

NTR. A tu generación le tocó ocupar distintos papeles porque era necesario ¿eso marcó a las prácticas que desarrollaron?

LPB. Quiero matizar eso. Hemos tenido que sobrevivir de distintas formas. Una cosa es eso y es cierta. Otra cosa es el momento en que también se entiende que otras prácticas configuran la propia práctica artística. Artistas como Enrique Hernández, Carlos Maldonado, Roberto Cárdenas cuando estaba aquí dando clases, incluso Daniel Guzmán y Carlos Ranc son artistas que han entendido que su propio trabajo de dar clases es parte inherente de la práctica artística y no es separado. Eso es distinto…

NTR. ¿Cómo era la escena cuando empieza tu generación?

LPB. Teníamos muy pocos espacios dedicados al arte contemporáneo. Había gente muy inspiradora, tuvimos la fortuna de estar muy cerca de la familia Ashida, gracias a ellos tuvimos acceso a un mundo de artistas internacionales, pero en realidad no teníamos espacios… habían muchos deseos de que se abrieran y luego se fueron haciendo realidad.

NTR. ¿Cómo es ahora?

LPB. Ahora me parece un buen momento, porque por un lado ya tenemos espacios museísticos interesados en la promoción y difusión del arte contemporáneo. Hay más galerías, hay más coleccionistas y muchos son jóvenes, la gente interesada en comprar arte contemporáneo es mucho más consciente, con un interés claro y es muy emocionante porque además es gente que no sólo está comprando, sino que se está interesando en involucrarse en proyectos más de la ciudad. Hay más espacios independientes: Interior 2.1, Lateral, Espacio Negativo, Artere-A, Ladera Oeste, conducidos por artistas jóvenes que están entendiendo algo que a lo mejor nosotros no entendimos tan pronto que eran las posibilidades de unirse, tener estudios juntos, invitar a otros artistas, constituirse independiente y ver qué sale: empezar a tender puentes. Ojalá nosotros lo hubiéramos aprendido así, nos tardamos un poco, pero ellos lo están entendiendo y eso está genial, eso le dará efervescencia a Guadalajara en un rato.

NTR. ¿Cómo fue tu entrada en Paos?

LPB. José Dávila y Eduardo Sarabia imaginaron un lugar en la ciudad que formara parte de la escena del arte contemporáneo. Cuando esto inició no había en México todavía el auge de los open studios, era 2012. Fue una plática que se tomó en serio y me invitaron a mí a diseñar con ellos el proyecto que entonces fue un programa anual de open studios en Guadalajara para recibir al público en el lugar de trabajo de los artistas, estaban interesados en formar públicos sobre todo jóvenes. Luego pensamos en la posibilidad de hacer residencias con artistas muy jóvenes que a lo mejor no habían podido recibir al público, y para dar apoyos para que esto fuera posible. Yo conocía ya muy bien la Casa-Museo José Clemente Orozco que siempre me ha parecido un espacio increíble y muy guajiramente pensamos que a lo mejor les gustaba el proyecto. Y sí. Fue genial y muy emocionante.

NTR. ¿Cómo se ha desarrollado y qué buscan ahora?

LPB. Empezamos con muy pocas residencias. Hemos hecho ya muchísimas residencias al año y se ha modificado el proyecto porque después nos dimos cuenta de que teníamos muchas posibilidades para hacer más residencias incluso con artistas de otras ciudades para propiciar el encuentro y luego nos dimos cuenta de que podíamos procurar que los artistas locales fueran a otras ciudades lo que hacemos con Madrid y Phoenix, por ahora. También nos dimos cuenta de que hace falta escritura sobre arte y cultura en Guadalajara, buscamos fomentar eso y la memoria. Consolidamos el programa educativo y buscamos entrar en diálogo con la comunidad para poder platicar sobre las carencias y oportunidades de la ciudad y lo que podemos aprovechar. Ahí es que se enfoca más el programa educativo que este año va a ser más fuerte.

NTR. ¿Era lo que buscaron?

LPB. Es muy distinto el proyecto ahora a cómo se gestó. Hemos aprendido de la misma escena y de cómo trabajar con los otros justo. Había que platicar con los otros gestores sobre lo que está sucediendo en Guadalajara. Eso es lo que más me gusta, trabajar con artistas. Con ellos que tienen la capacidad de imaginar otras formas y de salirse del cuadradito y del esquema para ver de qué otras formas pueden configurar la escena. El trabajo con el equipo que tengo, jóvenes entusiastas, críticos, es otra parte que disfruto mucho.

NTR. ¿Qué ves para ti en el futuro?

LPB. La cosa de movilidad internacional, encontramos que esta oportunidad de promover artistas fuera de Guadalajara veo que es muy importante, la proyección fuera de Guadalajara a nivel nacional y a nivel regional, internacional me parece clave, quizás eso vaya a seguir.

FV/I