Sin freno, la fuga en el PRI

Miguel Castro Reynoso declaró a El Diario NTR Guadalajara: “Muchos creen o consideran que con cambiarse de partido político viven un proceso de purificación y ésa es una terrible tesis de Andrés Manuel, me parece que eso no funciona así”.

De quienes abandonaron al PRI antes y durante la actual campaña electoral, el candidato priísta a la gubernatura dijo: “Que Dios los bendiga…”.

Y con esa bendición, horas después seguramente de leer esta amplia entrevista publicada ayer por este matutino, decidieron renunciar a su militancia en el tricolor Eduardo Pulido y Alan Pinto, hombres muy cercanos –los consideraban sus brazos derechos en la CNOP y en Zapotlán el Grande– a un senador, Jesús Casillas Romero, y a uno que aspira a serlo, Hugo Contreras Zepeda; el primero ex dirigente estatal del sector popular (CNOP) y el segundo ex dirigente estatal del propio Revolucionario Institucional.

Pulido se integró recientemente a la bancada del PRI en el Congreso del Estado como diputado, a la que por supuesto ya renunció para inmediatamente integrarse a la fracción parlamentaria del partido Movimiento Ciudadano, partido al que también se sumó Pinto, quien fungía como regidor por el tricolor en Ciudad Guzmán.

Sobre estas dos renuncias –sin mencionar los nombres de los renunciantes–, el PRI emitió su primer comunicado de prensa –tema por demás amargo– en la era de Ramiro Hernández García como dirigente estatal. Y el tono de dicho comunicado dista mucho de aquella mano que, a su llegada a la dirigencia, Hernández García les extendió a todos los que se había ido para que regresaran.

El texto señala: “Existen personas que le han fallado al PRI, al abandonar nuestras filas, siguiendo sus intereses personales y traicionándose a sí mismos y a su libertad para convertirse en empleados de quien busca su beneficio personal a costa de la dignidad de la gente, demostrando con sus acciones su ambición de poder, su intolerancia y su prepotencia.

“Quienes han tomado la decisión de irse lo han hecho a pesar de que en este instituto político siempre tuvieron un espacio dentro del partido y también para participar en el servicio público. Con ellos, iniciaremos los procesos de separación del partido…”.

Decir –así de manera generalizada– que quienes han decidido renunciar a su militancia de muchos años en el PRI le han fallado al partido e irse con la bendición de quien es el candidato a la gubernatura creo que es negarse a realizar un acto de contrición y no querer asumir una postura de autocrítica ante las malas decisiones que se tomaron o se siguen tomando.

Sin duda habrá ahora ex militantes priístas que cubran perfectamente bien el perfil de quienes refiere la dirigencia estatal en su comunicado de prensa, pero no todos caben en ese molde porque hay quienes, como en muchas ocasiones atrás, hicieron fila durante muchos años, efectuaron trabajo político y partidista en espera de una oportunidad, y cuando estaban a punto de lograrlo, el amiguismo, el compadrazgo, los intereses –esos sí– personales y de grupo los desplazaron.

Insisto en lo que he sostenido: en el PRI parecen ya estar resignados y hasta frotándose las manos para administrar la derrota. Y eso, evidentemente, nada le ayuda a Miguel Castro Reynoso para volver a ser competitivo, luego de que fue desplazado por un candidato que no tiene estructura, donde los candidatos de su partido a los demás cargos de elección popular no han cerrado filas en torno a él, pero que tiene el empuje de una marca como es la de López Obrador. Me refiero, por supuesto, a Carlos Lomelí Bolaños.

Pero en el PRI nadie ha hecho ni el más mínimo esfuerzo por evitar que haya más fugas, por el contrario. Y miren que se avecinan otras renuncias más, aunque sea de granito en granito. Y si no, al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

FV/I