Por qué marchar

Para quienes tienen un familiar desaparecido, la implementación de la Ley General de Desaparición de Personas (enero de 2018) y los compromisos que se derivan de ella (Sistema Nacional de Búsqueda, Comisión Nacional, Consejo Nacional, Grupos de Búsqueda, Fiscalía Especializada) son un camino que recién inicia y que debería llevar a la pronta localización de sus seres queridos.

Siendo la desaparición un problema grave en estados como Jalisco (de acuerdo con datos del periodista Darwin Franco de los 5 mil 238 casos que investiga la Fiscalía General, 4 mil 184 ocurrieron bajo la actual administración de Aristóteles Sandoval), se esperaría que el recién nombrado fiscal especializado en personas desaparecidas del estado iniciaría su gestión reuniéndose con las familias, estableciendo mesas de diálogo, audiencias públicas o un sistema de contacto permanente con los colectivos constituidos para la localización, pero en vez de ello hizo un desafortunado pronunciamiento en el sentido de que las marchas para exigir la presentación con vida de los desaparecidos provocan dolor a las familias, estrés postraumático y que no es necesario salir a marchas tantas veces, recomendando que podrían mejor hacerlo una vez al año, por ejemplo.

Un grupo de alrededor de cien psicólogos y organizaciones que realizan acompañamiento psicosocial a los familiares de desaparecidos dio respuesta inmediata a las declaraciones del fiscal especializado, destacando en su pronunciamiento que “las manifestaciones públicas de exigencia de búsqueda de las personas desaparecidas y de justicia contribuyen a visibilizar la problemática y tienen un sentido reparador en la medida en que abonan a que los hechos no se repitan” y que la “impunidad es la fuente más importante de revictimización para los familiares de personas desaparecidas”.

Pero además, tomar la calle o salir a marchar es un recurso democrático en ejercicio de la libertad de expresión de los ciudadanos para llamar la atención frente a un problema no resuelto. Las marchas permiten a las diversas voces de la sociedad visibilizar un conflicto latente que sigue sin respuesta.

Las marchas además son un recurso para la memoria; el hecho de nombrar a las víctimas, visibilizar sus rostros, salir a decir en voz alta sus nombres, realizar acciones artísticas, acompañar a las familias, le recuerda a la autoridad su responsabilidad en la búsqueda y es una manera de exigir justicia y verdad. ¿Quién puede decir cuántas marchas, mantas, post en redes sociales, carteles, volantes, videos, audios, murales, etcétera, son necesarios para buscar a un ser querido? Sólo las familias de las víctimas y los colectivos que las integran. Ninguna autoridad podría determinar si ya es suficiente en una búsqueda o pedirles que pasen página y sigan adelante, como se les ha dicho por parte de la Presidencia de la República a los padres y madres de los 43 de Ayotzinapa.

Salir a marchar es un ejercicio de acompañamiento en la exigencia de búsqueda, en la lucha contra la impunidad y el olvido, decir que no están solas con acciones concretas y hacer presente una exigencia. Así, desde hace siete años, en  el 10 de mayo los colectivos se reúnen en la Ciudad de México para realizar la Marcha por la Dignidad Nacional, en la que las madres reclaman el derecho de estar con sus hijos que han sido desaparecidos.

De igual manera, desde hace 13 años la caravana de madres centroamericanas llegó a territorio nacional para buscar a sus seres queridos con quienes han perdido contacto; colectivos de apoyo y centros de atención a migrantes hacen posible que se reúnan con autoridades nacionales para encontrar mecanismos más eficientes de búsqueda para quienes iban de paso hacia los Estados Unidos y nunca llegaron a su destino.

Las familias, los colectivos que conforman y los grupos solidarios que les acompañan en su proceso de búsqueda pueden convocar las veces que sea necesario a marchas y movilizaciones por los desaparecidos. A nosotros nos corresponde acompañarles y hacer eco de sus reclamos de búsqueda y no sólo de investigación; que haya verdad, justicia y reparación del daño, lo que debe llevarnos también a tener garantías de no repetición.

carmenchinas@hotmail.com

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