Movilidad y estrés

Una buena planificación de la movilidad ciudadana debe tener efectos beneficiosos en la población y, por el contrario, la desorganización vial y del tráfico puede convertir al conductor en un foco de estrés, ansiedad y agresividad que, al repetirse frecuentemente, se convierte en una patología urbana.

No es necesario recurrir a estadísticas para darnos cuenta de la magnitud del problema que vivimos, los habitantes del Área Metropolitana de Guadalajara (AMG) estamos acostumbrados a trasladarnos de un lugar a otro en medio del caos de la ciudad: ruido, climas adversos, accidentes, cierres por obras viales, entre otras situaciones estresantes. Lo importante aquí es conocer las implicaciones que esto tiene a nivel social y cómo afecta a la economía y a la salud pública.

Los accidentes viales ocasionan pérdida de vidas; afectaciones a peatones, ciclistas, motociclistas y automovilistas (lesiones y discapacidades de las víctimas, ya sean leves o severas), y a vehículos y a la infraestructura urbana, y que incluyen problemas legales y trámites, costos de medicamentos, de tratamientos de rehabilitación, pago de sueldos por parte de las empresas ante el ausentismo de trabajadores, disminución de la productividad, deserción laboral, enfermedades y, por supuesto, cuando las víctimas mueren, hay costos importantes en torno a la familia.

Cada día la concentración de la población en la ciudad va aumentando y los intentos por adaptar las vialidades para atender las necesidades de movilidad son mayores. Pero se están descuidando otros aspectos importantes como las afectaciones que tiene la sociedad al estar en un ambiente tan complejo y agotador, y se deja de lado la salud mental de las personas. Una persona que llega estresada a su casa tiene más probabilidad de desahogarse y violentar a su familia, a su pareja, además de ser más propensa a enfermedades.

Entendemos que el estrés es parte de la vida, estado al que nuestro cuerpo para proteger al organismo, es un asunto de supervivencia. No se pueden eliminar los factores de estrés, pero sí de hacer un manejo adecuado de ellos.

Si se implementan estrategias científicas para el manejo inteligente del estrés en el tránsito como medidas preventivas y si anticipamos conductas de riesgo como pueden ser la agresividad, impulsividad e imprudencia que pueden derivar en provocaciones a otros conductores, conductas violentas y un menor respeto a las señales y normas de circulación, etcétera, se tendería a reducir los accidentes y se mejoraría la calidad de vida del ciudadano.

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