El fracaso de AMLO y Anaya

Andrés Manuel López Obrador estuvo aquí en Jalisco el lunes, el martes y ayer miércoles, luego del atentado en contra del secretario del Trabajo, Luis Carlos Nájera, que tuvo como consecuencia la muerte de dos personas inocentes y la de uno de los agresores. Ayer estuvo en Guadalajara Ricardo Anaya Cortés. Los dos, aspirantes a la Presidencia de la República.

Frente a estos lamentables hechos que pusieron en evidencia la fragilidad de la sociedad frente a la delincuencia común y el crimen organizado, quienes aspiran gobernar el país y con presencia en el lugar de los hechos perdieron una extraordinaria oportunidad para explicarle a los mexicanos los cómo de su combate a la inseguridad en materia federal y los cómo coordinarían su actuación con los gobiernos estatales para lograr que todos podamos vivir con tranquilidad.

Ni Andrés Manuel ni Ricardo fueron capaces de agarrar al toro por los cuernos desde Jalisco, apenas horas después de un hecho tan lamentable que colapsó la Zona Metropolitana de Guadalajara, que cobró la vida de los inocentes y que demostró que las calles están a merced de la delincuencia.

Las referencias de López Obrador y de Anaya Cortés a lo sucedido el lunes pasado fueron lugares comunes, retórica sobre lo que ya todos sabemos, pero decepcionaron al desaprovechar un momento que probablemente nunca más se les vuelva a presentar.

En Tlaquepaque, el tabasqueño responsabilizó a una estrategia fallida implementada por los gobiernos federales del PRI y del PAN, y aseguró que de ganar las elecciones una de sus primeras acciones será cambiar la estrategia del combate a la delincuencia. ¿Eso fue todo lo que le mereció una agresión como la ocurrida a inicios de semana, cuando su aspiración es ser presidente de la República?

Ayer, en rueda de prensa, Ricardo Anaya pidió a los ciudadanos “no acostumbrarse” a la violencia, y aseguró que de triunfar el 1 de julio los resultados en contra de la delincuencia se verán desde el inicio de su gobierno, pero que llevará todo el sexenio llegar a los niveles de 2008. Agregó:

“Va a ser un esfuerzo de largo trayecto, vamos a tener que trabajar durante todo el sexenio de manera muy intensa para recuperar la paz y la tranquilidad en todo el territorio nacional (…). Es un problema muy profundo que vamos a atender desde el primer minuto de gobierno, será nuestra máxima prioridad. La meta que hemos planteado es que necesitamos regresar a los indicadores que teníamos hace 10 años, en 2008 aproximadamente, en donde los niveles de violencia serán la mitad de lo que tenemos ahora…”.

¿Ése es el mensaje que el candidato del PAN, del PRD y del partido Movimiento Ciudadano envía a los mexicanos en general y a los jaliscienses en particular, luego de la ola de violencia en la tierra que vinieron a visitar? ¿La gravedad de los hechos no lo obligó a desmenuzar desde aquí su programa de combate a la inseguridad pública? Pues no, no fue capaz. Ni él ni López Obrador.

Para ambos candidatos sus prioridades en el discurso y el mensaje a los jaliscienses fueron otras. Su preocupación era recibir el aplauso de sus simpatizantes ante frases como “los criminales son niños de pecho frente a estos delincuentes de cuello blanco”, “me pueden llamar peje, pero no lagarto”, “no viviré en Los Pinos, esa casa está embrujada, ahí espantan…”, como fue el caso de López Obrador.

Preocupa que ante hechos que no sólo se registran aquí en Jalisco, sino en diversos puntos del país, los candidatos a la Presidencia de la República, como en este caso López Obrador y Ricardo Anaya no se atrevan a decirle a los mexicanos cómo pretenden combatir a la delincuencia. Su prioridad está en ganarse los principales espacios en los medios de comunicación con declaraciones llenas de calificativos.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I