Para mirarnos desde la anomalía

Presentación. El movimiento de los artistas que activan el dispositivo es también multidisciplinario: cada uno de ellos se especializa en ramas como la danza contemporánea, la acrobacia, el clown e incluso la contorsión. (Foto: Mónika Neufeld)

Híbrido mostaza es, en muy pocas palabras, una obra sobre la percepción. En ella la compañía M8 Danza busca hacer un juego con el espectador en una especie de danza-instalación, que sobrepasa los límites de cada una de estas disciplinas.

 

La pieza fue realizada desde la interdisciplina. Es decir: ningún elemento está al servicio de otro y cada uno de los procesos fue fundamental para la reflexión.

El movimiento de los artistas que activan el dispositivo es también multidisciplinario: cada uno de ellos se especializa en ramas como la danza contemporánea, la acrobacia, el clown e incluso la contorsión por lo que la investigación partió de cero y cada uno de los creadores aportó y aprendió algo durante un proceso laboratorial de varios meses.

La coreógrafa y directora de esta puesta, Nicole Saucedo, comentó en entrevista que este proyecto poco a poco se fue convirtiendo en algo demasiado ambicioso. Solamente el espacio en el que se genera la obra es una construcción de una retícula similar a la utilizada en una cámara de cine… en el fondo ayuda a crear un marco de percepción sólo para jugar con él, modificarlo y transgredir. La música en vivo y las semillas dramatúrgicas que se prestan para la improvisación hacen de esta pieza una experiencia distinta y que busca que el espectador sea el primer modificador.

“Fue un proceso orgánico”, contó la directora. “Nosotros sabíamos que lo que queríamos era deslimitar el cuerpo, en los temas que se vinculaban cada elemento que elegimos resultaba imprescindible para hablar al respecto y en la marcha fuimos descubriendo también accidentes que nos estimulan para seguir creando y que esto se mantenga vivo”.

Hay un manual de desuso donde se le pide al espectador que mire a los demás. Que identifique a los artistas en escena, que jale una cuerda, que infle un globo. Que respire o que no haga nada de las anteriores y que esté.

En escena los cuerpos se mueven, se ponen de cabeza, se transforman, se hibridan.

Ensayo. La coreógrafa y directora de esta puesta, Nicole Saucedo, perfecciona su técnica frente a un espejo.
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“(Queremos) ampliar el espectro de la percepción donde entonces somos capaces de normalizar esas anomalías”, contó. “Las posibilidades amplían la percepción. Imaginar algo imposible, ser partícipe de ello, amplía la percepción”.

La obra fue concebida para el espacio público, pero también para el teatro.

“En la investigación trabajamos a partir de los conceptos de Foucault de normalidad y anomalía: salirse de la norma y también de la fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty, a partir de la experiencia sobre cómo nos construimos. Vinculé estos dos, para ver la anomalía que está fuera de la estructura social y la percepción como la forma en que veo el mundo y cómo lo comparto con el otro, la existencia compartida”, explicó la artista.

“La exposición de los cuerpos a estas modificaciones ha estado todo el tiempo reflexionando sobre estos conceptos y buscamos hablar sobre la empatía y la tolerancia, lo construimos de manera real y presente con el espectador. Me preguntaban en algún momento si lo que planeábamos no les daría miedo y claro, cuando presentas un cuerpo en otro estado que no es el normal hay miedo. Cuando vemos a un igual nos reconocemos, pero si hay algo distinto hay ya una barrera, así funciona la percepción”.

La pieza se configuró pensando en lo que pasa cuando el espectador observa a varios cuerpos con los que podría reconocerse mutar en escena. Ese cuerpo extraño no sólo está ahí, sino que te ofrece una cuerda y te pone en relación directa con su anormalidad. Te mira fijamente. Te pide que lo mires.

“La mirada fue algo que exploramos muy profundamente”, dijo Salcedo. “Nos hemos mirado por horas, hemos ido a la calle a mirar a la gente y descubrimos cómo se van cayendo capas, cómo se abren los cuerpos para permitir conectar con el otro. La mirada se construye desde la empatía o desde el prejuicio, te acepto y te reconozco o te rechazo. Pienso, por ejemplo, en la gente de la calle, no los vemos, los desaparecemos porque eso hace uno cuando desvía la mirada. Pensamos en cómo se sentirán ellos. Nosotros lo hacemos de manera natural, desaparecemos personas de nuestra mirada por muchas razones, casi siempre por miedo. Creo que es importante eso: mirarnos. Llegamos a lugares tan bellos y profundos, hay algo así en la mirada, necesitamos ser vistos. En esta sociedad necesitamos hacernos aparecer”.

Híbrido mostaza tendrá dos próximas presentaciones. El sábado se presentará una versión en el mercado de la colonia El Fresno como parte del programa de extensión del Museo de Arte Raúl Anguiano a las 18 horas. Después el estreno en foro será el 30 de mayo en el Foro del Laboratorio de Arte Variedades, es única función a las 20 horas. Los boletos para esta última cuestan 150 pesos y se encuentran en las taquillas del foro.

Concepto

La pieza se configuró pensando en lo que pasa cuando el espectador observa a varios cuerpos con los que podría reconocerse mutar en escena

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FRASE

“La mirada fue algo que exploramos muy profundamente. Nos hemos mirado por horas, hemos ido a la calle a mirar a la gente y descubrimos cómo se van cayendo capas, cómo se abren los cuerpos para permitir conectar con el otro”
Nicole Saucedo, directora

JJ/I