Campañas: los 30 días fatales

Hoy faltan exactamente 30 días para que concluyan las campañas electorales y entremos al periodo de reflexión sobre el sentido de nuestros votos, desde el que le daremos a quien queremos que sea el presidente de la República hasta quien será nuestro gobernante más próximo como presidente municipal, pasando, por supuesto, por quienes llegarán al Senado, a la Cámara de Diputado y al Congreso del Estado.

A un mes del cierre de los actos proselitistas de los candidatos, los números en las encuestas no han variado respecto a la posición que ocupan, principalmente por ser los más medidos, los aspirantes a la Presidencia, a la gubernatura y a las alcaldías, aunque sobre estas últimas han sido pocas las ventiladas públicamente.

Por razones de tiempo, escribo estas líneas antes del segundo debate entre candidatos a la gubernatura realizado ayer, pero salvo una verdadera –pero verdadera– sorpresa, no creo que su resultado modifique los nombres de quienes hasta el momento se mantienen en los tres primeros lugares de la preferencia ciudadana.

Lo que es un hecho es que amén de que todos los candidatos y sus equipos se declaren ganadores del debate, en lo que resta de la campaña tendrán que intensificar sus acciones y argumentos que les permitan, a los tres principales contendientes, tratar de apretar el paso y cerrar la distancia que al segundo y tercer lugar los separa del puntero.

Decía Fernando Marcos –un extraordinario comentarista de futbol (apunte para aquellos que sólo han escuchado y reído lamentablemente con Martinolli, Luis García y Jorge Campos)– que un minuto tiene 60 segundos y en este lapso un equipo era capaz de empatar o darle la voltereta a un resultado que los aficionados creían que no se modificaría. Lo mismo sucede en política. En 30 días, en un mes, el puntero puede desfondarse –por las más diversas razones, incluso algunas inimaginables– o quien se ubica en tercer lugar puede alcanzar el primero y levantarse con la victoria. Ejemplos de lo anterior hay muchos.

¿De veras a un mes de la elección ya pueden cantar victoria Andrés Manuel López Obrador, por la Presidencia, y Enrique Alfaro Ramírez, por la gubernatura? Yo creo que no. Y la razón, como lo han advertido varios analistas, está en que el número de indecisos es muy alto, quizás como en pocas elecciones. Por otro lado, están aquéllos que –como ha sido común también en los últimos comicios– mienten al momento de responder por quién piensan votar, pues prefieren mentir al creer que se les invade su privacidad cuestionándolos sobre el sentido de su voto que ellos reclaman como secreto, y mencionan el nombre de cualquier candidato, pero no el de su preferencia. Y a todos ellos hay que agregarle el sector de la población que de último momento cambia el sentido del sufragio.

Sí, es cierto, hay ejemplos anteriores en los que los punteros mantienen su ventaja hasta el último momento y obtienen la victoria, y éste puede ser el caso. Pero no olvidemos que en los comicios más recientes la mayoría de las empresas encuestadoras se han equivocado y una o dos son las que terminan con un resultado más cercano al registrado el día de la jornada electoral.

Así, pues, restan 30 días para cerrar las campañas y a nosotros ver un último debate más entre los aspirantes a llegar a Los Pinos y a Casa Jalisco, y un error en este tipo de ejercicios puede convertirse en la tumba del candidato, por muy puntero que sea en las encuestas.

Corren versiones de futuros sucesos que podrían modificar drásticamente el escenario que hoy existe en las campañas, como posibles rompimientos de alianzas. Por el momento no son más que versiones surgidas de ciertas señales advertidas en los partidos políticos que decidieron contender en coalición. Pero todo puede suceder.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I