¿Debate, panel o entrevista?

En el primer debate, Martha Rosa Araiza Soltero, candidata del Partido Nueva Alianza a la gubernatura, fue la encargada de revelar que en lo que participaba era un debate “muy divertido” y en eso, a los pocos minutos de iniciado, ya coincidíamos propios y extraños, pues los debatientes nos provocaron más risas y carcajadas que reflexión.

Ahora correspondió a Salvador Cosío Gaona, candidato del Partido Verde Ecologista de México a gobernador, exhibir a los organizadores de lo que debió ser el segundo debate cuando describió muy bien lo que sucedía allá en las instalaciones del Centro Universitario de la Costa de la Universidad de Guadalajara: “Estamos en un panel”, dijo con cierta ironía y lo reiteró cuando subrayó que ése era un debate “muy raro”.

Pero durante el desarrollo de este encuentro entre candidatos a la gubernatura, a observación de un seguidor y amigo en mi cuenta de Twitter, coincidí en que lo que vimos el domingo por espacio de una hora con 50 minutos fue la entrevista periodística más larga en tiempo que hasta el momento ha organizado el Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) y, quizás, hasta la más cara o costosa, pues todos fuimos testigos de este escenario: tres periodistas interrogando a siete candidatos, algunos de los cuales en un descuido de alguno de sus adversarios les lanzaban una que otra crítica para ponerle sabor al caldo.

Obviamente ayer, un día después del debate, la conclusión fue prácticamente unánime en la mayoría de los medios de comunicación: fue un fiasco de debate. “Pésimo debate”, tituló el periódico meridiano.mx de Puerto Vallarta, ciudad anfitriona y testigos de primera mano de lo sucedido el domingo.

El éxito o fracaso de un debate es el resultado de la suma o mezcla de varios factores, en el que tanto los organizadores como los participantes son responsables de que suceda lo uno o lo otro. Pero si de entrada el formato del mismo es una camisa de fuerza donde los únicos con libertad para moverse son los moderadores, entonces éstos terminan siendo los protagonistas, como ha sucedido ya en varios de ellos.

Y por supuesto que dicho formato es el pretexto de los candidatos para no debatir, para no contrastar sus ideas o propuestas, y todo se convierte en un soliloquio, en un monólogo o en un simple diálogo entre el candidato y los moderadores donde uno cuestiona y el otro contesta lo que le da la gana, agotando el tiempo que tiene destinado para dirigirse al electorado, presentarle los qué de su propuesta de gobierno y explicar o detallar los cómo de dichas acciones.

Claro, también apelamos a la responsabilidad de los candidatos para en el poco tiempo que tienen disponible para hablar, planteen a los ciudadanos estas propuestas y el cómo las llevarán a cabo, dándose tiempo para cuestionar las presentadas por sus adversarios o cuestionándolos. Pero no, prefieren la salida fácil de la retórica hueca que consume los minutos a su favor.

La verdad quisiera estar comentando en este espacio de las propuestas planteadas por los debatientes en los temas de cultura, salud y deporte; infraestructura y gasto público, y derechos humanos, así como su viabilidad para llevarlas a cabo y de dónde saldrán los recursos que piensan destinar a cada rubro para resolver los problemas que hoy se enfrentan en estos temas. Pero no hay materia para eso.

El IEPC debe hacer un mea culpa y aceptar que el segundo debate fue un rotundo fracaso, y buscar recomponer el rumbo en el tercero que se tiene programado realizar el mes próximo en Lagos de Moreno. O ya de plano que mejor lo presenten como la segunda parte de una amplia entrevista periodística con los candidatos a la gubernatura, y así no nos decimos engañados ni por los organizadores ni por los participantes.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I