Muestran empatía por personajes femeninos

2019-06-11 22:16:04

(Foto: Especial)

Son pocos los personajes femeninos en la historia de la literatura mexicana –y quizá en general en la literatura de todo el mundo–, sobre todo en la novela respecta, que en las historias tienen emociones profundas, o se hacen cargo de sí mismas.

No es casualidad que esto esté relacionado con que en sus inicios casi ninguna mujer publicaba sus libros. No fue sino hasta entrado el siglo 20 que ellas comenzaron a contar sus historias y a dibujar a los personajes femeninos de manera más real y sin objetivizarlas.

“Es curioso que los roles de las protagonistas más conocidas en la literatura mexicana sean desafortunados, pienso en Santa de Federico Gamboa, en María Luisa o en Victoria, de Mariano Azuela en Al filo del agua”, dijo en entrevista la investigadora de la Universidad de Guadalajara Silvia Quezada, especialista en literatura mexicana, quien aseguró estos arquetipos cambiaron cuando las mujeres fueron ocupando poco a poco mayores espacios en el mundo editorial. Aunque hasta la fecha no son equilibrados.

El escritor y promotor de la lectura Benito Taibo dijo que en la literatura mexicana ha cambiado la lógica de los personajes femeninos, como es natural, a través del paso del tiempo, desde el dramático Santa de Federico Gamboa, en el siglo 19 que trató a las mujeres en la literatura universal de una manera terrible: “Eran compañeras de viajes, adornos o prostitutas redimidas o mamás de los niños perdidos. Esta lógica terrible, heteropatriarcal, esta visión triste sobre la mujer fue afortunadamente cambiado creo que hasta la novela revolucionaria con Nellie Campobello, cuando comienzan a tomar una preponderancia distinta y empiezan a convivir como personajes centrales de los cambios sociales”.

Dijo que en México ha sido difícil sacarse de encima el arquetipo de la mujer en el imaginario colectivo y que no fue sino hasta muy entrado el siglo 20 en que entraron las escritoras como Rosario Castellanos a decir lo que pensaban y sentían.

“En la realidad gana Bolsonaro, pero en la ficción puede ganar uno de los poderosos personajes femeninos de los que hemos hablado, por eso vale la ficción y sirve y es importante para transformar la realidad: todos los escritores pueden escribir cualquier personaje, pero sin duda las emociones, los sentimientos, una cierta visión periférica de alrededor del universo femenino es siempre mejor retratada por la mujer, según mi punto de vista”, dijo.

Según la doctora Olga Martha Peña Doria, investigadora de la Universidad de Guadalajara especializada el teatro escrito por mujeres en México y en América Latina, las mujeres en la dramaturgia del siglo 20 por ejemplo rompieron paradigmas de lo que entonces se veía en el teatro nacional. “Comenzaron a nombrar historias que las mujeres de esa época no podían enunciar, historias sobre mujeres que pedían divorcios y engañaban a sus parejas, o buscaban placer, algo que no fue tan bien visto por la sociedad mexicana, pero que fue poderoso, representar nada menos que en el escenario otras formas de ser mujer fue clave para la emancipación de las mujeres, de ahí su importancia”, dijo.

En entrevista la escritora y académica Cecilia Magaña dijo que si bien durante los años de 1950 los personajes femeninos comenzaron a tomar importancia, se seguían escribiendo los arquetipos domésticos de entonces y luego en la contemporaneidad a hipersexualizarlos como una caricatura. “No que los personajes femeninos de las así llamada literatura para mujeres como en la novela de Laura Esquivel fueran malos o planos, pero en el mejor de los casos los autores y autoras contemporáneas entendieron que las mujeres en sus libros podían desarrollar otro tipo de roles, por ejemplo, aunque sin dejar de ser frágiles en algunos momentos, mujeres con complejidades y rangos amplios” dijo.

“Aun así pienso que personajes como Violetta de la novela Diablo guardián (de Xavier Velasco) sigue representando las fantasías de esa vieja escritura, las fantasías de un varón sobre lo que piensa, siente y desea un escritor, sin embargo es Pig, el personaje masculino el que lo narra, como seguir en esa lógica de los 50”.

Magaña confesó que aún para ella es difícil abordar personajes femeninos por miedo a caricaturizarlos. “Supongo que en mi caso tiene que ver con crear a un personaje plano o cercano a esos arquetipos domésticos”.

La escritora mexicana Ave Barrera, en su última novela Restauración, publicada por Paraíso Perdido, cuestionó ese concepto de “voz femenina” y lo que implica escribir a un personaje femenino desde ahí. “Cuando empecé a escribir yo también tenía esta idea arraigada de que no hay una escritura femenina, de que hay que desmarcarnos de esta báscula de la escritura y la feminidad, sobre todo porque se suele asociar esta supuesta feminidad, esta idea equivocada de la feminidad sentimentaloide y rosa, con la voz femenina, pero la voz femenina no es eso, hay una complejidad muy grande en el hecho de escribir desde mi experiencia como mujer”, señaló entonces.

Sobre si un hombre puede o no escribir un personaje femenino la respuesta para ella es sí, aunque desde su perspectiva son pocos los personajes femeninos, escritos por autores hombres, que realmente tengan profundidad.

“Por lo general utilizan al personaje femenino de forma acartonada y superficial, como un adorno, o como víctima o como depositaria de los amores, desventuras y emociones complejas de los personajes hombres, como es el caso de Narda o el verano (de Salvador Elizondo), un personaje muy complejo, del cual la obra sólo nos muestra lo que al narrador le concierne e interesa: la desnudez, el cuerpo, el absurdo de sus decisiones. Típico que para los personajes hombres la complejidad del personaje femenino se reduce a: ‘está loca, es caprichosa’ o ‘hace eso porque así son las mujeres’, como si sus decisiones fueran inexplicables. Claro, no se detienen a ejercer un poco de empatía”.

En el caso Catalina en Arráncame la vida de Ángeles Mastretta o Tita en Como agua para chocolate de Laura Esquivel, los personajes sí están sometidos a los designios de los hombres de su época, pero más porque así vivían su mundo los personajes que porque los hayan elegido sus autoras.

“En Como agua... el personaje es muy consistente y bien construido, sólo que para ser verosímil y representar su conflicto es consecuente que esté sujeta a la sociedad patriarcal”, dijo Ave Barrera. “Una cosa es la forma en la que está construido el personaje y otra las acciones y valores que encarna. Narda puede ser una mujer liberal, pero está pésimamente dibujada por un ojo machista que la cosifica y Tita es una mujer sometida al machismo de su madre, pero está dibujada a partir de una mirada empática y verosímil, que refleja lo complejo de su conflicto”.

Sobre sus personajes femeninos, el escritor tapatío Antonio Ortuño contó que como narrador le interesan los que son “complejos, inteligentes, un poco subversivos”. La Negra, que es la narradora principal de La fila india, es, según dijo, la más fuerte que ha redondeado. Igual Alicia en Olinka, su más reciente novela publicada en Seix Barral.

“La Negra fue un lío. Nunca había escrito demasiadas páginas con una narradora femenina y estaba cohibido. Pero por esa época fui jurado dos años del premio Sor Juana Inés de la Cruz (que concede la FIL para escritoras iberoamericanas) y leí decenas de novelas narradas por mujeres cuyos narradores eran mujeres, hombres, niños, viejos, hasta animales. Se me quitó el miedo. Alicia, por su lado, fue un personaje crucial para Olinka, porque la trama siempre depende de ella. El narrador vive mirándola, el antagonista vive mirándola. Y Alicia aparece poco, pero es siempre definitiva”, contó.

En NTR pedimos a algunos escritores mexicanos que nombraran a sus personajes femeninos favoritos en la literatura mexicana.

Susana San Juan

Pedro Páramo, Juan Rulfo, 1955

Para Ave Barrera, este personaje es especial por haber sido uno de los primeros femeninos mexicanos que, “a pesar de estar sometida al capricho de Pedro Páramo, tiene agencia y se defiende”.

En la novela San Juan es la enamorada de Pedro Páramo y el amor de su infancia, que regresa después de 30 años y que interviene de manera directa en el destino de Comala todo el tiempo hasta que muere su padre, cuando se deprime y cae enferma para condenar tanto al pueblo como al personaje principal.

Aura

Aura, Carlos Fuentes, 1962

Para el escritor Bernardo Esquinca, Aura es un personaje misterioso, magnético, salido de un sueño diurno y a la vez de una pesadilla: “Perteneciente al tiempo mítico, fundacional, Aura concentra en su dualidad toda la belleza y el horror de la Ciudad de México, en particular del Centro Histórico. Un caso excepcional donde el personaje abandona el libro para habitar en la conciencia colectiva de la urbe”, dijo.

Gregoria

Los recuerdos del porvenir, Elena Garro, 1963

Este personaje de la considerada una de las novelas fundamentales del realismo mágico, “encarna el arquetipo de mujer sabia, que sana, que lleva a cuestas el conocimiento y las muchas historias. No es tan protagónica, pero al final cierra la trama de la novela”, según Ave Barrera. Era la curandera del pueblo, y la acompañante de las mujeres reclusas en el Hotel Jardín por los militares que ocupaban el pueblo.

Eva y Leli

La semana de colores, Elena Garro, 1964

Las dos hermanitas que protagonizan varios cuentos de La semana de colores de Elena Garro son personajes importantes a ojos de la escritora mexicana Lola Ancira, quien dijo que son ellas “las que le dan el toque fantástico a los cuentos, al narrar desde su perspectiva y desde su propio lenguaje y perciben desde su inocencia la violencia y el mundo adulto. Algo también muy particular para el año en que se publicó, pues, en literatura, generalmente los personajes masculinos eran los protagonistas”.

Mariana

Las batallas en el desierto, José Emilio Pacheco, 1987

La escritora Cecilia Magaña mencionó a Mariana, el personaje femenino principal de la novela Las batallas en el desierto, la mamá de Jim, de la que cae enamorado Carlitos y que es una mamá soltera que parece ser amante de varios políticos mexicanos y que se hace cargo de ella misma, aunque a su alrededor la gente dude de su reputación. Es retratada siempre desde la inocencia de Carlitos, quien la busca continuamente mientras persigue la Ciudad de México y la Colonia Roma que conoció.

Catalina Guzmán

Arráncame la vida, Ángeles Mastretta, 1985

Este personaje, que también fue llevado al cine, vive en la época post revolucionaria en Puebla. Catalina tiene 15 años cuando se casa con Andrés Ascencio, un general que busca hacer su carrera política. Esta novela fue fundamental por tratarse de un personaje protagónico que busca explorarse, explora su deseo y su injerencia en la vida pública de México y de construirse a sí misma.

“Bueno, al final no le va tan bien porque tienen que morirse todos para que ella pueda ser ella”, dijo Benito Taibo en entrevista. “Pero es fundamental”.

Tita

Como agua para chocolate, Laura Esquivel, 1989

Muchas mujeres mexicanas encontraron eco en sus propias luchas de emancipación cuando nació Tita, que a través de la cocina hace que sus sueños se conviertan en realidades y se transforme su entorno. Para Taibo este personaje es esencial para entender cómo se fueron construyendo estos personajes de época a finales del siglo 20. Tita vive en Coahuila durante la Revolución y cuenta en la novela sus amoríos y la relación con su familia, todo en torno a la importancia de la cocina y las recetas típicas mexicanas de la época en que está ambientada su vida.

Beatriz

Demasiado amor, Sara Sefchovich, 1990 

Silvia Quezada mencionó a la protagonista de la novela Demasiado amor de Sara Sefchovich, que “rompe con los paradigmas de la mujer mexicana, su meta es el autoconocimiento y la libertad. Por supuesto que su vida amorosa es un caos, pero guarda metas familiares, de progreso social y de emancipación, de felicidad autogestada sobre todo”. La obra habla de cómo es ser mujer en México, y parte de las cartas que se envían dos hermanas, una en Europa y otra en la Ciudad de México, hasta que busca una manera de encontrar su propio dinero a su manera.

Las hermanas Gamal

Una de dos, Daniel Sada, 1994

Las gemelas de la novela Una de dos del escritor mexicano Daniel Sada, que además fue adaptada al cine por Marcel Sisniega en 2002, fueron mencionadas por Abril Posas. Se trata de Gloria y Constitución, un par de gemelas alejadas ya de la edad de casarse en una sociedad conservadora y que tienen que conquistar a un hombre, pero que a decir de Posas “viven juntas a pesar de ellas, pero que aprovechan lo fácil que se les confunden a los demás para manipular a la gente. Incluso a ellas mismas”.

Violetta

Diablo guardián, Xavier Velasco, 2003

Después de haber sido llevada a la televisión a través de Amazon Prime, Diablo guardián del escritor mexicano Xavier Velasco ha cobrado una especial relevancia, pues fue una de las primeras novelas en tomar a una mujer libre y que ejerce su sexualidad en pos de sus ambiciones a la literatura.

“Es sin duda una mujer que rompe esquemas en la literatura de la lógica mexicana del siglo 20”, dijo Taibo sobre el personaje.

Maia

La casa de la magnolia, Pedro Ángel Palou, 2004

Pedro Ángel Palou en La casa de la magnolia dibujó a uno de los primeros personajes femeninos mexicanos gay. En esta novela escrita en primera persona, Maia, una chica de 15 años que queda prendida a una mujer mayor que ella, con la que vive un romance apasionado y que, según las críticas, aunque es erótico no cae en lo vulgar. Silvia Quezada lo mencionó como arquetípico

Sony Chávez

El buscador de cabezas, Antonio Ortuño, 2006

La fotógrafa de El buscador de cabezas, la primera novela de Antonio Ortuño, para Mariño González es un personaje particular por su carácter decidido y curioso, y cuyas andanzas son un contrapeso importante del protagonista, Álex Faber. “Es uno de mis personajes favoritos porque me recuerda a muchas compañeras periodistas mexicanas”, dijo.

La Bruja

Temporada de huracanes, Fernanda Melchor, 2017

La protagonista de la celebrada novela Temporada de huracanes es uno de los personajes femeninos favoritos de Antonio Ortuño. “Me parece tremendo, muy fuerte, muy bien armado, con una complejidad enorme”.

En la novela La Bruja crece la mayor parte de su vida sola, después de haber vivido con su madre, que le enseñó todo lo que sabe y al mismo tiempo está aislada del resto del pueblo en el que vive y es consultada a escondidas por los que necesitan remedios y soluciones de todo tipo. Su ira desatada es parte importante también de cómo se desarrollan las cosas en el libro.

JJ/I

 
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