Más Gretas, menos Trumps

2019-09-24 22:52:54

La última semana ha sido, y está siendo en tiempo real, muy relevante para la gran batalla de ideas que ha marcado al mundo en los últimos cuatro años: la de los neonacionalistas vs. los globalistas.

Hasta ahora, los nuevos nacionalistas han llevado la ventaja, abanderados por los perfiles más radicales de Donald Trump en Estados Unidos, Boris Johnson en Reino Unido y Jair Bolsonaro en Brasil. Pero también los líderes de otras naciones han asumido posiciones similares, entre los que están Rusia, China, Japón, India, Turquía, Italia y hasta México.

Armados con el estilo discursivo de la posverdad, en el que las emociones pesan más que los hechos, los líderes populistas han convencido a grandes segmentos de electores, apelando a sus miedos, de que lo global debe servir a los intereses de lo doméstico. Con esa agenda validada democráticamente están debilitando estructuras globales como la Unión Europea, los órganos vinculados a la ONU, la OTAN y diversos acuerdos y tratados internacionales.

Apenas ayer Donald Trump se dirigió a la Asamblea General de la ONU con un discurso en el que declaró que el futuro es para los patriotas que aman a su país y no para los globalistas. También dijo que aquellas familias con más años de haberse establecido en un país tienen un entendimiento más profundo de los intereses nacionales que aquellos que han migrado más recientemente. Es un discurso que va más allá del nacionalismo y entra en territorio del nativismo, en el que los países deben cerrarse y servir sólo a los intereses de colectivos específicos que tienen más derecho a ser ciudadanos que otros.

En el campo de los globalistas no había habido muchas esperanzas con Merkel debilitada y Macron batallando por balancear sus problemas domésticos con su aspiración de ser el nuevo líder europeo y mundial del modelo de integración internacional.

El problema ha sido que los discursos técnicos y políticamente correctos de este tipo de líderes ya no estaban conectando con segmentos de la población que se han sentido más identificados con los discursos emocionales y provocadores típicos del trumpismo.

Mientras tanto, aquellos que vemos una mayor colaboración internacional como el único camino para resolver retos globales como el cambio climático, la migración y la desigualdad, no hemos tenido líderes suficientemente fuertes para hacer frente a los nacionalistas.

En la última semana la balanza aparentemente se ha movido en favor de los globalistas. Por un lado, la causa de la lucha contra el cambio climático ha encontrado una potente embajadora en Greta Thunberg. La adolescente sueca ha sido como un terremoto movilizando a millones de personas, sobre todo jóvenes, a protestar en marchas simultáneas en distintas ciudades del mundo. Su estilo discursivo toma prestada además el arma emocional de los populistas para detonar un sentido de urgencia en la gente, aunque sosteniéndose (a diferencia de los populistas) de datos respaldados por científicos.

Por otro lado, los líderes neonacionalistas más radicales están recibiendo reveses significativos. En Reino Unido, el Tribunal Supremo echó para atrás la maniobra de Boris Johnson de suspender el Parlamento para poder hacer su voluntad respecto al Brexit, lo que lo pone en una posición muy debilitada.

En Estados Unidos, justo ayer la presidente de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, anunció que se iniciaría el proceso de juicio político (impeachment) contra Donald Trump por el último escándalo en el que ha estado involucrado: la presión a un gobierno extranjero (el de Ucrania) para difamar a su más probable oponente en las próximas elecciones, Joe Biden.

Necesitamos más Gretas y menos Trumps en el mundo para inspirarnos a colaborar en la búsqueda de soluciones a los retos más apremiantes de la humanidad… en lugar de encerrarnos en nuestros caparazones.

@ortegarance

JJ/I

 
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