Desafíos de la crisis actual

2020-03-29 06:00:00

La dimensión que detona esta crisis es la salud; sin embargo, la necesidad de contener y enfrentar la expansión del Covid-19 ha tenido y tendrá fuertes repercusiones en otras dimensiones de la vida. Hoy nos quedan muy claras las repercusiones en las dimensiones económica y de información-comunicación. 

Las autoridades sanitarias han propuesto el aislamiento, recluirnos en la casa y evitar las concentraciones masivas de personas. La medida nos obliga a buscar nuevas formas de interacción, aprovechar las nuevas tecnologías de información y quedarnos en el hogar. Para quienes tienen una pequeña empresa, un negocio familiar –alrededor de 70 por ciento de los establecimientos– no resulta tan sencillo mantenerse en pie, pagar la nómina de sus trabajadores si no hay ventas, si no hay clientes y si sus empleados deben permanecer en casa. Para ellos, los gobiernos federal y estatal han propuesto un plan de contingencia y apoyo. 

Aquí, uno de los principales desafíos es mejorar la coordinación entre los diversos niveles de gobierno, acordar estrategias claras y diferenciadas con que se apoyará a las pequeñas empresas y comercios; sobra decir que los informales quedarían fuera de estos apoyos. Cuando aún nos quedan dos o tres semanas de confinamiento, es imprescindible que los gobiernos vayan marcando las pautas a seguir para enfrentar la crisis, sanitaria, también las afectaciones en la producción, distribución y consumo, pero sobre todo deben estar muy atentos a asegurarse que las empresas más vulnerables reciban los apoyos anunciados y los trabajadores, sus salarios, hasta recuperar la normalidad sanitaria y de las actividades económicas. 

En contraste, nos preguntamos cómo es posible que empresas trasnacionales asentadas en México a las que consumimos café, pizzas, comida mexicana, hamburguesas, etcétera, hagan firmar a sus trabajadores “salidas voluntarias” y los manden a casa sin asegurarles su pago durante la contingencia sanitaria. Sin lugar a duda, nuestros gobiernos deben ser tan estrictos con ellos, como con las empresas locales. Ya los ciudadanos están haciendo lo propio. 

La coordinación y sincronía en las estrategias que se van implementando en las diversas fases de la crisis es una exigencia que aún no atienden los gobiernos federal y locales. Esta coordinación encierra un doble desafío: por un lado, es importante que los gobiernos se coordinen también para evaluar el avance y la eficacia de la contención del Covid-19, y por otro lado, que haya –más que mucha información dispersa– buena información que nos ayude a todos a disminuir el pánico y a tener muy claro qué debemos hacer, qué sigue, cómo hacer más efectiva nuestra ayuda y la solidaridad entre vecinos, con los sectores menos favorecidos, en el corto plazo. 

Para el largo plazo tenemos un gran reto como mexicanos y como humanidad. Hoy nos da gusto constatar que hay menos contaminación, menos ruido, que los animales entran en las ciudades y que podemos vivir con cosas esenciales. Pasada la contingencia sanitaria va a ser muy difícil que experimentemos cambios radicales en nuestros “usos y costumbres”, pero debemos intentar nuevas formas de cuidar nuestra casa común, de interactuar con los animales y relacionarnos con las personas. Aquí es donde la actual crisis se orienta a la dimensión social, a la dimensión política, y a la necesidad de revertir el modelo de desarrollo que hasta ahora hemos seguido, que ha sido depredador, incrementa las desigualdades, privilegia a quienes tienen mejores condiciones de vida y deja indefensos a quienes menos tienen. 

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