Comunicación y gobierno, el necesario alineamiento

2020-04-20 06:00:00

La mañana del lunes 13 de abril se firmó un pacto denominado Juntos contra el Covid-19, en el que los dos consorcios nacionales que agrupan a los hospitales privados proveerán espacios de atención a enfermos, de los denominados de segundo nivel, con el objeto de concentrar la atención en los hospitales públicos (del IMSS, Issste, Insabi, de la Marina, de la Sedena), cuya demanda se anticipa urgente e importante para las fases que vendrán con la intensificación de la pandemia.

El anuncio representa una significativa medida de gran profundidad e impacto que, por otra parte, expresa la importancia que tiene el fenómeno de la emergencia sanitaria en nuestro país, misma que reviste importancia a la luz de la comunicación institucional en la que se inserta.

En esta administración, el nodo central de fijación de agenda, a través de la comunicación institucional, se concentró, hasta este momento, en la construcción de contenido simbólico. La concentración de las estructuras de comunicación se centralizó en un solo polo: el presidente.

Durante el primer año se desarrolló una agenda con un contenido mayormente político, sin establecer una línea clara de gobierno. De ahí una serie de discrepancias entre el discurso político y la observación técnica de la instauración de los ejes de funcionamiento gubernamental que no han logrado, hasta el momento, definir los ejes rectores de su gobernanza.

La ubicación de temas políticos para establecer la diferencia específica con otras ofertas políticas, del presente y del pasado, se constituyeron en los referentes de las comunicaciones del gobierno. El ejercicio de comunicación institucional se concentró en marcar la diferencia ideológica. El riesgo era alto, sin embargo, se lograron establecer dos elementos esenciales, la preeminencia de la figura del presidente y, en segunda parte, la eliminación de la dispersión de los temas centrales en los que se fijó la agenda.

Ningún otro actor del gobierno se desempeñó como fuente de información. En tanto se estabilizaba la nueva administración, el proyecto de comunicación se mostraba fuerte y bien centralizado. Sin embargo, un primer momento en que se mostró el desgaste del modelo fue la llamada Marcha por la Paz, realizada por Javier Sicilia y Julián LeBarón, en enero de este año, y respecto de la cual la comunicación política gubernamental no pudo imponer el control de contenido.

En marzo pasado, con motivo del Día Internacional de la Mujer, la marcha en contra de la violencia de género y los feminicidios y la posterior huelga por los mismos motivos, constituyeron, también una línea no contemplada en la estrategia de control de significados presidenciales.

El inicio y expansión de la pandemia del Covid-19 en nuestro país tuvo momentos muy difusos. En primera instancia se abrió un área de información, técnica y biológica, con un inédito y nuevo actor en la pandemia, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, instituyendo el seguimiento del desarrollo de la pandemia; sin embargo, se evidenció un área que contradecía, en sus inicios, todo lo establecido por esta fuente de información: la Presidencia de la República.

El punto de alineamiento de las extrañas dos fuentes de información fue en una conferencia matutina, en la que el subsecretario habló de la nula posibilidad de ser fuente de contagios por parte del presidente en sus giras, decretado ya el aislamiento social, por la condición de “la fuerza moral”, del presidente. El reto ahora es la construcción de una línea clara de información.

La urgencia que reveló el acuerdo con los hospitales privados requiere no solamente la firma del mismo, sino la consolidación de una política gubernamental firme y clara y, en consecuencia, una línea de comunicación efectiva, no al revés.

armando.zacarias@csh.udg.mx

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