La crisis pone de manifiesto las desigualdades

2020-04-26 06:00:00

En un mundo, en un país desigual, no es tan cierto que el Covid 19 nos afecte de la misma manera: las brechas se hacen más hondas, la asimetría se agudiza, queda de manifiesto que los recursos para enfrentar la crisis están mal distribuidos y se muestra abiertamente la vulnerabilidad de los sectores más empobrecidos y marginados.

La consigna de “quédate en casa” está muy bien para quienes puedan responder a las exigencias de su trabajo o de la escuela desde su hogar, pero se torna imposible para quienes deben salir a vender, a trabajar para recibir una paga, que les permita sobrevivir y comer ese día.

Si nos remitimos a las labores educativas, la crisis sanitaria tomó desprevenidos tanto a docentes como a estudiantes. Y muchos profesores y maestras ni siquiera están debidamente capacitados para el uso de plataformas adecuadas para el trabajo escolar a distancia.

Los estudiantes deben contar con capacidades mínimas para la interacción escolar a distancia y con dispositivos adecuados para hacerlo. Aunque algunas comunicaciones sean posibles por teléfonos celulares, no todos tienen capacidad para acceder o bajar documentos pesados. De acuerdo con la información del Inegi 2010, en México, 29.8 por ciento de los hogares contaban con computadora; en 2018 alcanzaron 44.9. En Jalisco superamos la media nacional, con 33.5 en 2010 y para 2018 alcanzamos 51.4. En Chiapas, sólo 11.9 por ciento en 2010 y 24.1 en 2018; en Guerrero y en Oaxaca se han mantenido con 15 por ciento de la población que cuenta con esos aparatos, durante estos ocho años.

Pero si en un hogar hay tres o cuatro estudiantes que requieren de la computadora para atender las “clases a distancia” y realizar o enviar sus tareas, aunque 72.2 por ciento cuente con celular, no todos estos dispositivos tienen la capacidad para ese tipo de interacciones. Si además los padres, en el supuesto que no tengan que ir a trabajar fuera de casa, necesitan realizar su trabajo desde una computadora, el problema se agudiza.

La Encuesta sobre Disposición y Uso de Tecnologías de la Información (Endutih 2017), que se aplica en 49 ciudades, destaca que en México hay 71.3 millones de usuarios de Internet –63.9 por ciento de la población–, en 17.4 millones de hogares cuentan con conexión a este servicio. ¿Y el 46 por ciento restante, qué hace o qué puede hacer en esta contingencia?

Uno de los puntos críticos hoy es el cuidado de la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se necesita un médico por cada 333 personas. En nuestro país existen 343 mil 700 médicos en todo el territorio. Es decir, cada uno atendería a 348 pacientes, si se toma en cuenta que la población es de 119 millones 530 mil 753 habitantes.

Cuando nos preguntamos qué podemos o qué debemos hacer una vez que pase la crisis sanitaria, quizá la respuesta de fondo es empezar a restringir las desigualdades que hemos propiciado, particularmente aquellas que se vuelven críticas para la población vulnerable: mejorar las condiciones del empleo y los ingresos que se obtienen de él. Facilitar el acceso a una buena educación en las regiones y a los sectores mayormente marginados y que no tienen acceso a información ni a recursos tecnológicos para el aprendizaje. Mejorar el acceso y la calidad de la atención primaria dentro de los servicios de sanidad pública, pues son prácticamente los únicos a los que pueden acceder los campesinos, los indígenas, la población marginada de nuestro país.

¡Sí, es verdad, llegó el momento en que debemos empezar hacer las cosas de manera diferente!

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