Por el honor de México

2020-10-24 12:04:04

Compañeros de profesión y afectos muy queridos me han venido reclamando con mucha insistencia el porqué no he dedicado unas líneas a las trascendentes e ignominiosas acusaciones que han sufrido diversos generales del muy glorioso Ejército mexicano, que en diversos tiempos han sido acusados de tener, mantener y sostener relaciones con el narcotráfico y la narcopolítica que corroe a nuestra República mexicana, hechos que han marcado para siempre nuestra historia jurídica patria.

Pues bien, el tema en comento es impactante y no lo había querido analizar a profundidad, no obstante que todos los que a diario nos enfrentamos con la injusticia y la corrupción sabemos de sobra que ellos han resultado violatorios a la integridad castrense y consecuentemente a nuestro estado de derecho.

En lo personal he preferido dar tiempo al tiempo, recordando las palabras de un gran jurista, don Javier Olea Muñoz, no solo para tener y obtener mejores y más maduras reflexiones sobre esos tiempos y esas acusaciones que han recibido diversos generales hijos del Heroico Colegio Militar, imputaciones con las que al parecer se pretendió y se pretende hacer trizas al prestigio bien ganado por soldados de honor, acusados injustamente de colaborar con la delincuencia y con la narcopolítica que agravia a nuestro México.

Séneca en el ayer lo dijo: “La verdad es la misma en todas partes”. Así las cosas, vayan estas palabras dedicadas a mis hermanos del fuero castrense, los cuales me consideran su fraterno desde aquella hermosa ceremonia llevada a cabo en un magno recinto universitario el 29 de noviembre del año pasado, en la cual sirvieron como testigos de honor prestigiados rectores de diversas universidades, la cual fue organizada por el muy Ilustre Colegio de Abogados de San Luis Potosí.

Así las cosas, daré inicio reproduciendo palabras expresadas en el ayer por un centurión de guerra, el cual en su momento fungió como secretario de la Defensa Nacional: “Bien poco serviría el valor de un militar y su espíritu de sacrificio si no tuviera como principio y como meta la lealtad institucional”.

Como todos bien sabemos, mis hermanos soldados nunca han querido dar respuesta a los infundios y las calumnias que propagan sus enemigos. Pero también es de sobra conocido que nuestros textos legales regulan la materia de las actividades de los militares tomando al Ejército mexicano desde dos puntos de vista: en su conjunto como un organismo de orden constitucional, y en sus elementos como individuos que forman parte de nuestro pueblo. Como conjunto los sitúa al margen y ajenos a la política militante y partidista, porque los altos fines de defensa y seguridad a que está destinado el soldado obligan a no exponerlo a la discordia y divisiones que con frecuencia engendra la política electoral, sea esta nacional o internacional, sin que por ello impida que, como los demás sectores sociales, concurran a definir la orientación política general que más convenga a México en una época determinada. La calidad de militares no los priva de ser ciudadanos. 

Son y han sido siempre los pésimos gobernantes que en el ayer hemos tenido quienes durante la época del neoliberalismo, de una manera u otra, auspiciaron la violación constante de los antepuestos textos legales y los cuales dieron génesis a mantener, por parte de la abogacía independiente, una lucha constante y permanente tendiente a evitar el abuso y mal uso del poder público. 

Expuesto lo antepuesto entremos al tema por el honor de México diciendo que un escándalo internacional derivó de la aprehensión de todo un señor general de División en territorio extranjero; en efecto, don Humberto Mariles Cortés, quien tanto lustre diera a México, al montar su famoso caballo 'Arete', con el que conquistó tres medallas olímpicas en 1948.

A dicho militar tuve el honor de conocer en una de mis tantas visitas profesionales en la cárcel de Lecumberri a los inicios de mi vida como abogado penalista y al visitar a un cliente privado de su libertad de nombre Rafael Zepeda Monroy, acusado de robo y el cual una vez que obtuve que fuera puesto en libertad, se dedicó a la vida criminal, cometiendo diversas conductas antisociales, como secuestros y tráfico de drogas.

Mi defenso, también conocido con el alias de 'Pajarito', compartía celda con Jorge Assaf Bala, vecino de encierro de Humberto Mariles, en aquel entonces procesado y posteriormente sentenciado a 20 años de cárcel de los cuales compurgó solo cinco gracias a los impecables argumentos manejados por un gran abogado penalista de llorados recuerdos de nombre Adolfo Aguilar y Quevedo, padre de otros inmensos abogados, los Aguilar Zinser.

Vale la pena traer de los recuerdos que el general Humberto Mariles Cortés participó en el desfile deportivo del 20 de noviembre de 1972 y pocos días después, si la memoria no me es infiel, recibió una orden del gobierno para trasladarse a París, Francia, donde se reunió para comer junto con dos conocidos delincuentes miembros de la Conexión Francesa, lo que dio pauta a que la Interpol lo detuviera y acusara por introducir a Francia 70 kilogramos de heroína pura. Dada esa imputación fue internado en una cárcel de la Ciudad Luz, motivo por el cual designó como su abogado defensor a un gran abogado penalista del Foro Francés, quien anunció que en la audiencia preliminar que se llevaría a cabo al día siguiente su defenso expondría la verdad de los hechos en que lo involucraran y quiénes del gobierno eran los responsables. 

Antes de esa vital diligencia, el general Humberto Mariles sería envenenado.

Es de destacarse que una vez privado de la vida, su ilustre defensor dio continuidad a su encomienda, habiendo obtenido de tribunales de justicia franceses una histórica sentencia absolutoria dictada post mórtem, por tanto valga este primer ejemplo y doy continuidad al tema que me compete, no sin antes agregar que lo que jamás deberá perdonarse es el escarnio, sin precedentes ni referentes, que ciertas voces efectuaron en contra del glorioso Ejército mexicano, al cual tildaron de narcotraficante.

Entrando a fondo doy continuidad al tema de generales inocentes acusados de narcotráfico.

Todo en nuestro México puede ser posible cuando no se actúa con la honestidad y el respeto que amerita el correcto análisis de las constancias procesales que obran en pieza de autos criminales, optando por la salida más fácil, que resulta ser acusar a un inocente, para tapar y brindar impunidad a los verdaderos responsables. Digan ustedes si no, con el siguiente ejemplo: el dignísimo general de División don Alfredo Morán Acevedo. 

Vaya la historia de ese soldado de honor. El neoliberalismo se encontraba incipiente y en un cierto 7 de noviembre, en el poblado denominado Llano de Víbora, municipio de Tlalixcoyan, estado de Veracruz, aterrizó una avioneta con un cargamento de cocaína procedente de Colombia, la cual era seguida y según algunos custodiada por una segunda avioneta que aterrizó poco después, en la que viajaban varios recién nombrados agentes de la Policía Judicial Federal y según difundió Ignacio Morales Lechuga, en aquel entonces procurador general de la República, fueron recibidos y masacrados a balazos por las huestes del general Morán Acevedo, quien supuestamente resguardaba esa pista clandestina.

Doy continuidad a la historia real de dicha ignominia. Ignacio Morales Lechuga, alias Nacho, acusó como narcotraficantes y asesinos a dichas huestes al mando de ese soldado de honor.

Es mi deseo y así lo hago patente hacer un breve paréntesis para reproducir las palabras de un gran jurista, un excelente amigo, que me brindó el honor de pronunciar inolvidables palabras en mi toma de protesta como presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, me refiero a mi hermano ya ido DON JAVIER OLEA MUÑOZ (así, con mayúsculas), quien en su momento dijo, y cito textual: “Ignacio Morales Lechuga se rodeó de buenos elementos, de juristas que fue eliminando poco a poco, hasta que se quedó solo con su telúrica ambición de transmutar la materia en oro. Llenó de cuadros de afamados pintores no solo sus despachos, sino todos los pasillos de la Procuraduría General de la República, quizá con la creencia de que los juristas son como los pintores, que con unos cuantos rasgos y colores proyectan la realidad, en singular impresionismo”.

Retomo el tema por razones de espacio. Ignacio Morales Lechuga era el verdadero narcotraficante y lo reto a que me desmienta. En esa época el procurador del neoliberalismo tenía y sostenía fuertes relaciones con el narcotráfico, digan ustedes si no. La droga que contenía la avioneta colombiana era esperada por su afecto del alma, un narcotraficante de nombre Iráhm Morales y ello lo sostengo y se lo pruebo bajo juramento ante cualquier tribunal de justicia de la República. 

Ignacio Morales Lechuga acusó a militares decentes, de honor, olvidando que otros escucharon palabras grabadas para la historia y pronunciadas en el despacho del abogado de la nación. Esto fue lo que se dijo y ello fue lo que se escuchó: “Oye, Nacho, qué bueno que ya te informé y ya me ofreció (Iráhm Morales) hasta un millón de dólares más por seguir bajando aviones en la cuenca”. De esa acusación formulada por el abogado del neoliberalismo el general Morán Acevedo resultó absuelto.

Por cierto, abordando tan apasionante tema de implicación de generales inocentes en el narcotráfico, me voy a permitir referir que en una Corte de Justicia, precisamente en Nueva York, 'El Chapo' Guzmán esto dijo que uno de los protectores del narcotráfico es Ignacio Morales Lechuga.

Va otro ejemplo  de muchos más. El caso de mi general don Tomás Ángeles Dauahare, digno familiar del señor general don Felipe Ángeles. Militar de prosapia cuyo único delito fue el comunicar con honor, lealtad y valor al presidente de la República que su colaborador cercanísimo Genaro García Luna (vaya coincidencia, está preso con 'El Chapo' Guzmán por dedicarse al narcotráfico) estaba implicado con bandas de narcotraficantes.

Vayan mis personales y sentidas disculpas a mi hermano, muy respetado y estimado amigo Tomás Ángeles, a quien prometí no tocar el tema excusándome de hacerlo por el sentido del título que enmarca esta colaboración: POR EL HONOR DE MÉXICO. 

Lo que jamás podrá perdonarse es que una procuradora carente de escrúpulos haya ordenado su encarcelamiento por expresar esas palabras, fue una burla al uniforme militar sin precedente, o con el precedente ya relatado, no solo a la justicia, sino al HONOR DE MÉXICO.  Adivina, querido lector. Fue absuelto. 

Finalmente, seré claro: mis más admirados maestros de la Facultad de Derecho enseñaron y me enseñaron lo que bien sostenían los más afamados juristas romanos: "Nom scholae, sed vitae de sismos" ("No aprendemos para la escuela sino para la vida"), pero la vida en sí –sobre todo en tiempos electorales internacionales– exige afirmar y preguntar: ¿el señor general Salvador Cienfuegos será otro ejemplo más de la injusticia? Así será. 

*Presidente de la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados de México, AC.

 

JB

 
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