Acecho a la información

2021-01-12 06:00:00

Son días turbulentos para la libertad de expresión y el derecho a la información. 

Las redes sociales censuraron y luego bloquearon a Donald Trump. Luego Andrés Manuel López Obrador defiende la libertad del republicano de expresarse en redes y, en paralelo, tira contra el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai) y otros organismos autónomos por “caros”. 

Hay que partir de lo básico. El artículo 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos afirma: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”. 

No hay que olvidar nunca ese principio que rige al mundo civilizado. De manera sucinta creo que esa libertad se acota ante los derechos y las libertades de los demás (enmarcado en las limitaciones establecidas por las leyes). 

Las redes sociales nacieron como una plataforma de expresión global. Ideas, imágenes y conceptos se muestran entre casi toda la población que vive intempestivamente alrededor Facebook, Twitter, Instagram y demás. 

Su camino ha estado minado de aciertos y fallas. La mayoría de las últimas tienen que ver con la interpretación que hacen (primero con la computadora y luego un puñado de personas) sobre las reglas de convivencia que cada red social tiene. 

Todo es político. Twitter bloqueó la cuenta de Trump porque entendió que en un video había motivado a sus huestes (en general, conservadores blancos de derecha) a marchar rumbo al Capitolio. Así fue, y la turba –como tantas veces nos lo ha mostrado la historia– se salió de control. 

El radicalismo, cada día más empoderado, sólo ve las cosas en blanco o negro. Políticos y analistas salieron a descalificar las palabras de Trump (quien por cierto nunca pidió quemar el Capitolio). Ahora se agregan los ingenieros. 

Cualquier expresión de un líder de esa magnitud se debe macerar. Él habla desde su púlpito y tras su mensaje, viene la codificación de cada uno de nosotros. Su responsabilidad es enorme, pero la nuestra también. 

Los dueños de las redes sociales nunca pusieron una etiqueta o bloquearon sus expresiones cuando denostaba, durante su primera campaña electoral, a los mexicanos. ¿Por qué entonces su violencia verbal no fue censurada? 

Las plataformas sociodigitales son mediadas por momentos emocionales de humanos y no sólo por las reglas de convivencia. La libertad de expresión, bajo esa consigna, está al acecho. Las leyes nacionales deben ser quienes regulen o no a las plataformas. 

López Obrador observó cómo limitaron a su par y puso sus barbas a remojar. En esta ocasión, le asiste la razón. En paralelo, con el pretexto de abaratar el servicio público, volvió a la idea de desaparecer a organismos autónomos. 

Tales organismos han surgido para suplir una carencia o por la necesidad de cubrir un hueco administrativo. También surgen porque son un derecho ganado, me refiero ahora al acceso a la información, no tenía un mecanismo para garantizar su operación. 

Hemos visto la evolución de las plataformas de transparencia en todos los órdenes de gobierno. Pero también hemos sido testigos de cómo los funcionarios han usado triquiñuelas para limitar o, de plano, ocultar datos. En la práctica, uno tiene que ser jurista e ingeniero para librar los laberintos espacio-temporales que hay en la plataforma o en los de obstáculos de burócratas. 

Hoy está mejor que nunca. Sin embargo, tiene profundas áreas para mejorar (así como hacer más eficiente el costo de su operación). Con todo, no puedo observar ningún beneficio social a la idea de atraer el Inai a una secretaría. Por lo contrario, sólo veo una infinidad de riesgos. 

Twitter: @cabanillas75

jl/I

 
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