Antología

2021-05-13 06:00:00

Los amigos del barrio pueden desaparecer / Los cantores de radio pueden desaparecer / Los que están en los diarios pueden desaparecer / La persona que amas puede desaparecer

‘Los dinosaurios’, Charly García

 

Hace mucho que el “se matan entre ellos” o “le pasó por andar en malos pasos” o “tenía antecedentes penales” y todas esas frases que se utilizan en el discurso oficial para intentar una burda justificación de la desaparición y asesinato de personas quedaron rebasadas.

La realidad nos abofetea con su fea mano y todos los días sabemos de casos de personas que simplemente ya no volvieron a casa y a quienes su familia busca con desesperación y sus medios posibles.

Según la cifra del martes, son 12 mil 628 desaparecidos en Jalisco. Seguramente en estos dos o tres días esa cifra es mayor. Conocemos los casos que más ruido hacen, pero hay muchos que no llegan a nuestros oídos. A alguien le leí en estos días que eran tantos nuestros desaparecidos, que es imposible saber de todos. Por desgracia es más que cierto.

 

Antes de que nos olviden / Rasgaremos paredes / Y buscaremos restos / No importa si fue nuestra vida

‘Antes de que nos olviden’, Caifanes

 

El trabajo de las familias buscadoras es brutal. No sólo sacan fuerzas para seguir por su propio hijo, hermana, padre, nieta o amigo, sino que aparte tienen esa infinita generosidad hacia otros que también están en búsqueda. Les enseñan el camino burocrático que ya recorrieron, comparten sus experiencias de rastreo con la esperanza de que les sirva, han juntado fuerzas y recursos para crear asociaciones que siempre están listas para difundir un perfil forense de un cuerpo sin identificar que espera en el Semefo, pegar volantes, hacer fichas de búsqueda… La empatía que parece nacer del dolor y la incertidumbre.

 

Solo le pido a Dios / Que el engaño no me sea indiferente / Si un traidor puede más que unos cuantos / Que esos cuantos no lo olviden fácilmente

‘Solo le pido a Dios’, León Gieco

 

Vallas y policías. Esa fue la recepción que tuvieron los amigos, familiares y compañeros de los hermanos González Moreno al llegar al Centro de Guadalajara. El palacio de gobierno, la oficina del gobernador en turno, Enrique Alfaro Ramírez en este caso, es un símbolo de la tierra que parece poner la autoridad entre ella y los dolientes, los denunciantes, los manifestantes. Nadie sale a recibir a estas familias. Ni a la de Ana Karen, Luis Ángel y José Alberto ni a las de nadie. No sale el gobernador, no sale el secretario general de Gobierno, no sale el fiscal… Las vallas no son sólo físicas.

 

Las caras más bonitas que he conocido / Soy la fotografía de un desaparecido / La sangre dentro de tus venas / Soy un pedazo de tierra que vale la pena

‘Latinoamérica’, Calle 13

La tierra. Ese lugar adonde pertenecemos. El que a veces dejamos, al que a veces regresamos. Pero dejar la tierra debería ser una opción, no una decisión de vida o muerte. Cuando quedas en medio del terror, en la completa indefensión porque no hay modo de que puedas hacer algo si estás en la disputa territorial del crimen, solo puedes irte. Desde el fin de semana, alrededor de 600 personas debieron salir de sus casas en Teocaltiche. Son desplazados. El gobierno, como figura, hizo presencia hasta el lunes. En la foto, patrullas estatales escoltan una carretera; el apoyo para “las personas que tuvieron que salir de sus casas ante las amenazas de enfrentamientos entre grupos criminales”, dijo el gobernador, ya está allí. Ya veremos cuánto dura.

Y mientras todo esto transcurre, el temor y la desolación recorren los rincones de nuestras vidas.

Abandonados.

Twitter: @perlavelasco

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