El fraile arquitecto

2021-11-09 06:00:00

Este año, fray Gabriel Chávez de la Mora, nacido en nuestra ciudad, en 1929, a pocas cuadras de la Catedral de Guadalajara, recibirá el Premio Nacional de Arquitectura que otorga cada año la Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, un merecido reconocimiento para una trayectoria arquitectónica ejemplar que nace de una mística humana y religiosa, considerado como pionero del arte sacro moderno. 

Es un fraile benedictino, que vive con el lema “ora y trabaja”, arquitecto, artista plástico, artesano, tipógrafo y diseñador, es un creador completo e integral que, a sus 91 años de vida y 66 años de práctica profesional ininterrumpida, sigue creando obras con sabor a trascendencia. 

Un espacio referente de Guadalajara, el Monumento a La Bandera, en la plaza del mismo nombre, es un diseño suyo en sus inicios como estudiante de ingeniería civil, que consiste en un zócalo rectangular en el que se asienta la silueta de un águila. En 1948 pasa a la recién fundada escuela de arquitectura en la Universidad de Guadalajara; fundada por el arquitecto Ignacio Díaz Morales, quien tenía como lema: "Concebir primero la cosa poética y alrededor de ella levantar los muros." 

Fray Gabriel se tituló con el proyecto para la creación del Centro Parroquial de San José de Analco, donde todo el espacio converge hacia el presbiterio, con el uso de la luz, mezcla tradición y modernidad que caracterizaría esta zona barrial de Guadalajara.  

Esta tesis profesional muestra ya sus inquietudes vocacionales para ingresar a la orden benedictina en el convento de Cuernavaca, al terminar sus estudios de arquitectura. Se ordenó sacerdote el Día del Trabajo, el 1 de mayo de 1965. 

Su trabajo como arquitecto, parte de una metodología de contemplar la creación desde un punto de vista teológico-litúrgico, junto con aspectos antropológicos y culturales. Esa es su mirada en la intervención arquitectónica del altar en la Catedral de Guadalajara, para adecuar la catedral a las disposiciones litúrgicas del Concilio Vaticano II. 

Parte de su vasta obra, se puede conocer en Guadalajara en el conjunto parroquial de Nuestra Señora de Bugambilias; en el Santuario de Santo Toribio Romo, en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco; en la Parroquia de Santa Vicenta María en la colonia Lázaro Cárdenas, al sur de la ciudad; en la Parroquia La Madre de Dios, en la colonia Providencia, y en el Santuario de los Mártires Mexicanos, en Tlaquepaque; así como el Oratorio del cardenal José Francisco Robles Ortega, en su casa de Zapopan. 

Como arquitecto-artesano creó los talleres artesanales, llamados después Talleres Emaús, que complementarían los trabajos agrícolas de los monjes, para fabricar hermosos objetos de gran calidad artística que tuvieron éxito comercial, que permitieron abrir una tienda en la Zona Rosa de Ciudad de México. Pedro Ramírez Vázquez, entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano, le solicitó los diseños de las medallas y otras piezas para las Olimpiadas de 1968. 

Una de las principales aportaciones de fray Gabriel es la integración de la obra plástica a la arquitectura. Para cada iglesia o capilla, no solamente construye, sino que reviste el espacio, diseña también las lámparas, los retablos, vitrales, confesionarios, esculturas, viacrucis y demás elementos utilizados en la liturgia. Todo es diseñado de manera integral, en coherencia y armonía. 

Todo lo que crea surge del conocimiento que posee por su condición de sacerdote benedictino; y con todo el rigor artístico, por su condición de arquitecto; con toda la libertad creativa que heredó en las clases de Mathias Goeritz. 

En la actualidad, fray Gabriel sigue muy activo, trabajando desde su celda monacal en diversos proyectos, desarrollando una catequesis plástica por todo el país, llamado también el arquitecto de Dios. 

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