Tlaquepaque, error democrático

2021-11-23 06:00:00

El viejo Winston Churchill lo repitió más de una vez: “la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás que se han inventado”. 

Lo que sucedió el domingo en Tlaquepaque es un fuerte llamado de atención para todos: una puñalada en la espalda de quienes aspiramos a una sociedad libre y participativa. Un ejemplo de cómo la polarización política, la inseguridad y la desconexión social con los gobernantes provocan un desatino peligroso. 

Primero los números. El PREP del IEPC Jalisco informó que se emitieron 102 mil 926 votos el fin de semana pasado, lo que significa una participación de 21.6 por ciento de las 489 mil 996 personas registradas en la lista nominal. Es decir, de todos aquellos con credencial para votar vigente que viven en ese municipio. 

Sólo acudió a las urnas de la elección extraordinaria uno de cada cinco posibles votantes. 

Voy más allá. La candidata de Movimiento Ciudadano, Citlalli Amaya, es la virtual ganadora de los comicios. De nuevo. Sin embargo, una victoria así le roba legitimidad, no toda, pero sí suficiente para dificultar su mandato en un municipio atormentado por diversos conflictos entre los que destacan la violencia y la desigualdad. 

En términos duros la próxima alcaldesa es respaldada por el 9 por ciento de los votantes y eso sin contar con quienes no tienen credencial del INE (que son casi 200 mil personas más). 

Lo que sucedió en Tlaquepaque no fue una derrota repentina de la democracia, sino un error sistémico. En 2018 la participación electoral fue de 54.5 por ciento de la lista nominal (cuando a nivel nacional asistimos el 77 por ciento de los posibles votantes); en 2015, de 42.9 por ciento; en 2012, de 61.7 por ciento y en 2009, de 46.7 por ciento. La elección anulada de junio pasado apenas superó el 40 por ciento de participación. 

Caben todos los pretextos que se quieran: en las elecciones intermedias se participa poco y en la extraordinarias todavía menos, que la votación no es el único método para la participación en asuntos públicos, que hay cansancio de los electores, que fue muy poco tiempo de campañas, que existe una profunda desilusión ante la alternancia (Tlaquepaque ha sido gobernado por tres distintas entidades políticas) y un tribulado etcétera. 

Lo cierto es que la suma de plataformas políticas y líderes que llamaron a votar no fueron lo suficientemente atractivas. Esto, a pesar de la diversidad que hubo en la oferta entre partidos nuevos y viejos, candidatas jóvenes y voces poco escuchadas. Nada motivó lo suficiente a los tlaquepaquenses para invertir tiempo de trazar una equis en una boleta. 

Doña Josefina, vecina del cerro del 4, le dijo a un reportero de NTR durante aquella mañana que no iba a sufragar porque “ya votamos en junio y al final hacen lo que quieren, no tiene caso”. 

Tlaquepaque es una muestra de que el abstencionismo va avanzando, apoyado por la apatía social y la indiferencia gubernamental. 

Ni las estridencias del discurso del gobernador, ni los tecnócratas “buena onditas” naranjas, ni las estrategias chauvinistas armadas desde Indat han logrado motivar la participación ciudadana. Si bien, su objetivo de no permitir el avance geoestratégico de Morena en Jalisco se cumplió, nadie, subrayo, nadie puede estar contento por el nivel de abstencionismo. 

Este error de la democracia se extiende como un cáncer. La consulta contra los ex presidentes registró alrededor de 4 por ciento de participación en los dos distritos de Tlaquepaque. 

La consulta del pacto fiscal es el siguiente examen y se anticipa un profundo desinterés. Imagino que Churchill apagaría su puro decepcionado por la salud democrática de Jalisco. 

Twitter: @cabanillas75

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