¿Es México un Estado fallido?

2022-06-30 06:00:00

En diferentes medios y desde varias perspectivas se ha discutido que México es un “Estado fallido”. En ciencias sociales, en especial la ciencia política, se debate por el significado de este concepto y, claro está, no hay consenso en su definición. Algunos lo ven como el colapso de las instituciones al interior de un país al punto que lo hacen ingobernable y que, como Estado-nación, está desacreditado ante el concierto internacional. 

El otro enfoque concibe al Estado fallido cuando es incapaz de brindar seguridad humana de sus ciudadanos. Sus instituciones bien que mal funcionan. El Estado no se colapsa porque estas instituciones le dan soporte. El fracaso del Estado está fuera de estas instituciones tradicionales, que han sobrevivido a los vaivenes políticos, económicos y sociales del país. 

¿Cómo identificar o determinar que un Estado se considere fallido? Son varios indicadores y diferentes grados de insuficiencias estatales que se pueden identificar para mostrar que un Estado ha fracasado en dar seguridad y tranquilidad a la población. ¿Se puede considerar que México es un Estado fallido? Veamos los datos de al menos tres ámbitos y sus consecuencias. 

Seguridad pública: hasta el día de hoy se han acumulado 124 mil 808 homicidios dolosos en lo que va del sexenio de la actual administración (43 meses). Se proyecta que, cuando termine este gobierno, habrán ocurrido 212 mil 987 homicidios (TResearch). La inseguridad que experimenta la población en diferentes regiones del país es significativa. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana, de marzo de 2022, el 66.2 por ciento de la población de 18 años y más considera que es inseguro vivir en su ciudad. De las 10 ciudades más inseguras del mundo, 8 son de México (https://n9.cl/frawa). 

Salud: con la cancelación del Seguro Popular y la sustitución por el fallido Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi), muchos enfermos han quedado sin cobertura médica y, a cuatro años de gobierno, no han podido resolver esta ecuación. Las fallas en la distribución de medicamentos (por ende, desabasto); la ausencia de empatía con los niños con cáncer; la errática estrategia para enfrentar la pandemia del Covid-19 (325 mil 669 decesos) y la parsimonia de las autoridades sanitarias para vacunar a toda la población muestran la incapacidad del gobierno para responder al desafío de brindar seguridad médica a la población. 

Educación: en este rubro, la enseñanza de los niños, adolescentes y jóvenes ha tenido más tintes ideológicos que pedagógicos: sustituir “calidad” por “excelencia”; “grado” por “fase”; un modelo educativo “neoliberal meritocrático conductista, punitivo, patriarcal, racista, competencial, eurocéntrico, colonial, inhumano y clasista” (Marx Arriaga); eliminar los libros de texto “del periodo neoliberal” porque “cada presidente siempre ha buscado imponer su visión ideológica de la historia” (AMLO), y la constante confrontación con las universidades públicas “napoleónica, recubierta de neoliberalismo” (Concheiro dixit) hacen que, al menos en la educación básica, se privilegie la imposición de una ideología y no una pedagogía pertinente. 

La Fundación para la Paz elabora anualmente el Índice de Fragilidad Estatal donde, de 179 países evaluados (mientras más baja la calificación hay menos fragilidad), considera que México tiene una calificación de 69.9 (Finlandia, 16.2), lo que lo ubica en el último lugar de los países considerados con “alarma”; esto es, casi nos encontramos en “alta alarma” como país frágil. Estamos a una décima del precipicio. 

Twitter: @ismaelortizbarb

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