100 aņos de Kuhn

2022-07-17 06:00:00

Thomas Kuhn nos ha mostrado cuán profundamente arraigados en la vida comunitaria experta están los paradigmas de una práctica científica, pero sugiero que es mucho más fácil para los miembros de la subcultura apropiada negar o modificar las generalizaciones formales de la ciencia avícola o la física de partículas que hacerlo es disputar la verdad o la pertinencia de un proverbio pronunciado competentemente en su economía natural

Steven Shapin, ‘Never Pure. Historical Studies of Science as if It Was Produced by People with Bodies, Situated in Time, Space, Culture, and Society, and Struggling for Credibility and Authority’, The Johns Hopkins University Press, Baltimore (2010), p. 342

 

Recuerdo cuando, como estudiante de la Licenciatura en Física de la Universidad de Guadalajara, tuve oportunidad en uno de tantos viajes a la Ciudad de México de conseguir copias para fines académicos de una serie de películas instruccionales transferidas a video en el Centro para la Enseñanza de la Física de la Facultad de Ciencias de la UNAM.

Entre ellos venía un promocional de la carrera de Física de la propia universidad que había sido transferido de diapositivas a video; al verlo me causó gracia una pregunta formulada al inicio: ¿Qué hacen los físicos mexicanos además de beber café? La ilustraba una foto de Don (así, con mayúscula) Juan Manuel Lozano sosteniendo su taza a un lado del molinillo para café del Instituto de Física de la UNAM.

Hasta muchos años y cursos tomados después capté la profundidad de lo que parecía una broma respecto a la versatilidad de la profesión que elegí, pues si bien la física se encuentra en cualquier lado que uno voltee, la preparación de los profesionales de esta ciencia en cualquier parte del mundo nos habilita para las actividades más insospechadas, y un ejemplo de ello lo vemos en la vida y obra de Thomas Samuel Kuhn, nacido el 18 de julio de 1922 en Cincinnati, Ohio y quien se formó como físico en el Harvard College, donde también obtuvo su doctorado en 1949.

Siguiendo la terminología propia de las universidades norteamericanas como estudiante graduado en proceso de terminar su disertación se involucra en un curso sobre lo que ahora llamaríamos historia de las ideas para los estudiantes de la Universidad de Harvard que no seguirían carreras científicas o técnicas, fruto de ello es su libro The Copernican Revolution. Planetary Astronomy in the Development of Western Thought (1957), en términos de la mecánica diríamos que tuvo una afortunada colisión perfectamente inelástica con las ciencias sociales.

Este año celebramos además 60 años de la publicación de su libro más famoso y difundido: The Structure of Scientific Revolutions (University of Chicago Press) con el cual el polisémico concepto de paradigma científico trasciende los círculos académicos para también incorporarse a la cultura popular, las más de las veces mal entendido, pues esencialmente el término toma sentido en horizontes temporales históricos.

Twitter: @durrutydealba

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