Destrucci´┐Żn

2024-03-03 06:00:00

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, palestra se le dice a aquel lugar donde se celebran ejercicios literarios públicos o se discute u organiza una controversia. Los textos que publicaré semanalmente llevan ese objetivo de poner sobre la mesa ideas, conceptos, opiniones, hipótesis, propuestas o proyectos de las agendas, nacional y estatal, que causen controversia, tratando de aportar a la discusión pública.

Es con esta idea que hoy entraremos al escabroso terreno de los dineros públicos y su uso, por un lado dilapidándolos en las megaobras que ha emprendido la administración federal cuya utilidad real es cuestionable, y por el otro, el descuido en la atención de las obligaciones de contenido social a las que debe atender el gobierno.

Cuando Andrés Manuel López Obrador hablaba de “bienestar” durante sus giras de proselitismo, muchos ciudadanos consideraron que tendrían en esos temas sociales acceso a servicios mejores que los ya existentes. No ha sido así, sino por el contrario, las “mejoras” en educación son una burla, que devino en un evidente y burdo intento de adoctrinamiento izquierdista; el sistema de salud que sería como el de Dinamarca está cada día peor en disponibilidad, suministros –de medicamentos y servicios–, infraestructura y cobertura; finalmente, la creación de oportunidades se redujo al regalo de dinero a diferentes segmentos sociales.

No hay nada parecido al “bienestar” cuando los mexicanos son cada día más ignorantes, tanto que no pueden leer ni hacer operaciones básicas de aritmética; cuando niños y adultos mueren porque carecen de las medicinas, tratamientos, cirugías y otros servicios que requerirían no sólo para seguir con vida, sino para vivir sin dolor y con dignidad; o cuando nuestros hijos han sido convertidos en zánganos –ninis les dicen– sin otro interés en la vida que esperar a que llegue el dinero del “bienestar” de AMLO y la 4T.

Antes de 2018, la educación gratuita tenía una cobertura más que aceptable, se había abatido el analfabetismo casi en su totalidad, el nivel de grado escolar promedio iba en aumento y muchos jóvenes cursaban la prepa y llegaban hasta los niveles universitarios. Mal que bien leían y, por lo menos, se defendían en matemáticas aunque fueran elementales.

Antes, el IMSS y el ISSSTE cumplían con la atención a su derechohabiencia, aun con algunas fallas en el suministro de medicamentos o de lentitud en la programación de procedimientos quirúrgicos. El Seguro Popular prestaba servicios a la mayoría de quienes no tenían acceso a aquellos, con un amplio rango en la atención de enfermedades y cirugías.

Antes, se impulsaba la creación de empleos mejor pagados, se apoyaba a los pequeños y medianos empresarios, había fondos para apoyar a la población en caso de desastres; existían programas para el campo, la ganadería o la pesca, y todo lo demás que AMLO y la 4T han desaparecido para apropiarse de los recursos y, como señalamos, dilapidarlos en los caprichos presidenciales: las megaobras calificadas atinadamente como faraónicas.

De estas últimas, sabemos que el AIFA tiene una operación que no permite siquiera cubrir sus gastos, a pesar de todos los obstáculos impuestos por el gobierno al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Sabemos que Dos Bocas, además de no haber refinado ni un litro de petróleo, se inunda en el temporal y se desconoce si algún día podrá producir gasolina, aunque aseguran que ya va a comenzar. Sabemos que en la construcción del Tren Maya se cometió un terrible ecocidio, pues se talaron cientos de miles de árboles, se invadieron y contaminaron mantos acuíferos, veneros y cenotes, y también que no han podido hacerlo funcionar sin fallas.

Sabemos también que detener la destrucción de México está en nuestras manos y, el junio 2, lo haremos.

Así sea.

X: @benortegaruiz

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