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(Foto: Archivo NTR/NAT)
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Ante la ausencia del Estado, las mujeres y las personas migrantes hacen frente a una crisis sanitaria en la comunidad Agua Caliente, municipio de Poncitlán, que ha sido históricamente marginada, en un entorno de degradación y contaminación ambiental que ha detonado el incremento de enfermedades graves y crónicas, señaló la investigadora Edith Carrillo Hernández, de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
A través de un análisis, reveló cómo las deficiencias estructurales del sistema de salud han generado una fuerte dependencia de redes comunitarias, particularmente del trabajo de cuidado realizado por mujeres y del envío de remesas por parte de migrantes.
“En Agua Caliente, donde la salud se ha vuelto más frágil debido a la crisis ambiental, hay tres elementos que contribuyen a sostener la vida: el trabajo de cuidado y los servicios de salud que brindan mayoritariamente las mujeres, las remesas que envían los migrantes para afrontar gastos médicos, y las prácticas financieras y de solidaridad que se llevan a cabo en la comunidad”, explicó.
En este contexto, el trabajo de las mujeres ha sido central; la académica destacó que ellas proveen atención médica básica mediante saberes tradicionales, automedicación y cuidados no remunerados, tanto en el hogar como en las clínicas. También gestionan el acceso a servicios y acompañan a familiares enfermos y asumen una carga desproporcionada en la reproducción de la vida comunitaria.
Además, precisó que las remesas han sido clave para enfrentar los elevados gastos en salud, que incluyen medicamentos, traslados y hospedajes. Estas prácticas de solidaridad financiera, detectó, se basan en la confianza, la comunidad y la reciprocidad, esenciales para sostener la atención médica en ausencia de servicios públicos eficaces.
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