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Artistas y Estado

En las últimas semanas se leen y escuchan en los contextos artísticos  y culturales preocupaciones profundas, debates polarizadores, algunos agudos, otros más sensatos. Lo cierto es que en materia cultural, la cuarta transformación ha dejado a uno de sus principales sectores votantes aliados a la deriva.

Alejandra Frausto aterrizó en Guadalajara en una primera reunión casual con la comunidad cultural pocos días antes de la elección presidencial, como un mero gesto político. En el caso de Jalisco, meses después, las mesas de diálogo planteadas hace unos días no pasarán por acá. Así, uno de los estados culturalmente más potentes y más consolidados en producción artística es ignorado.

Los mensajes que se mandan desde esta cuarta transformación son contradictorios en el mejor de los casos, pero unilaterales en la mayor de las veces. Intentar desaparecer fondos que ha costado años consolidar es un grave error y ni siquiera me refiero a México en Escena o al Sistema Nacional de Creadores, sino aquellos que surgieron como alternativa a la descentralización y que son fundamentales para los estados. Porque no es una país pequeño, ni sencillo, ni homogéneo. Las discusiones que se tienen de cada programa en los distintos rincones del país, en los institutos o secretarías de cultura de los estados, los beneficios que en la mayoría de los casos son palpables, con la llegada de un nuevo equipo están siendo ignorados. El sospechosismo de todo aquello que es anterior a la llegada de este gobierno es delirante.

El arte no puede ser el instrumento por el cual el gobierno pretenda revertir los temas de rezago urgentes que el mismo Estado ha provocado. El gran fracaso del modelo económico y político de un país no puede ser el encargo que carguen comisiones a ya no digamos artistas, sino a promotores culturales lanzándolos a rehacer un territorio en guerra.

Pero por otro lado el arte en nuestros contextos necesita plantearse otras preguntas. No las mismas que se hacen en Madrid o en Nueva York, en Buenos Aires o Bucaramanga.

Si la cuarta transformación provoca, incluso sin planteárselo así, la discusión por el papel del arte en nuestros contextos desde varias posturas críticas, algo de todo esto podría comenzar a tener sentido. Es urgente replantearnos las relaciones entre agentes e instituciones. Hay una gran oportunidad en esta coyuntura de caos.

lagp16@gmail.com

da/i