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Se acaba el sueño

Cuatro meses del nuevo gobierno y está ocurriendo lo que era de esperarse: la administración de Andrés Manuel comienza a sufrir desgaste.

Dada la impresionante victoria electoral de julio del año pasado, que llegó a convertirse en una abrumadora marejada color guinda que cubrió casi todo el país.

Ni siquiera el propio AMLO esperaba tal grado de avasallamiento electoral, tan es así que él mismo no contemplaba poder hacer cambios constitucionales en su primera parte de gobierno.

El voto popular le dio amplias mayorías y las expectativas no dejaron de crecer. Ahora López Obrador está atrapado en sus propias promesas y en su limitado poder de acción real.

En primer lugar, el crecimiento económico prometido no llegará. Ni siquiera la mitad del compromiso de AMLO se concretará.

Incluso se espera que los primeros años de su gobierno, la economía crezca mucho menos que lo logrado en los terribles años del neoliberalismo de Peña Nieto que tanto crítica.

El contexto internacional tampoco le ayuda. El mundo está en franca desaceleración económica y no parece que se trate de una baja de corto plazo, sino que pareciera indicar que se trata de una posible baja economica que nos afecte este año y el próximo.

La inseguridad no parece haberle importado que tengamos un nuevo gobierno: los números de homicidios dolosos en el país siguen creciendo.

Y lo único que tenemos es un presidente que discute con un periodista si mensualmente son asesinadas 2 mil personas o solo 78 diarias.

Poco a poco, la excusa de que “apenas vamos llegando” se escucha menos y menos convincente.

El presidente Andrés Manuel ha despertado a una realidad en la que ni hay un botón para generar crecimiento ni los criminales dejarán de matar solo porque ahora les ofrezcan becas.

El sueño se termina y el presidente debe enfrentar una realidad compleja. Entre más tarde el presidente en asumir la realidad, más costoso será para él y para su gobierno.

@Israel_Macias

da/i