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Auge del 'oro verde' arrasa en tierra de los Alfaro

'ORO VERDE'. En la zona sur de Jalisco, miles de hectáreas de bosque han dado lugar a huertas aguacateras. (Fotos: Agustín del Castillo)

Faltan dos semanas para que llegue el 2 de junio de 2019 y es casi de noche. La luz mortecina del Sol deslumbra desde el poniente antes de extinguirse, mientras la bruma de los incendios apenas permiten delinear la silueta, en sombras cada vez más apretadas, de algunas de las montañas más imponentes de Jalisco. Don Patrocinio, viejo de Apango, detiene su troca a la orilla del pueblo, con el pretexto de comprarle a Juan, el muchacho de las frutas y verduras en la caja destartalada de una camioneta, cuya llegada convoca a los vecinos.

El hombre maduro revisa la consistencia de los plátanos, de los mangos y de los jitomates. Pela un ejemplar de Musa paradisiaca, nombre científico de ese fruto tan común, alargado, pulposo y amarillo, y se lo lleva a la boca. Luego comenta a los lugareños, que callan desde su llegada, como en espera de sus novedades: “El fuego ha estado muy bravo; hace tres días llegaron por nosotros y nos invitaron a ir para apagar un incendio. Fuimos como 30, pero yo les dije: a ver si no se enojan los que le prendieron”.

Doña Hortensia, una de las vecinas más interesadas, dice que este desastre desde hace muchos años se los mandaron advertir desde Michoacán. Ella había enviado a sus hijos a estudiar a Uruapan. “En la graduación de mi niña, un regidor, tal vez el presidente municipal, cuando supo que éramos de por acá, nos advirtió: no dejen entrar a los aguacateros, se van a acabar los bosques, como pasó aquí; yo se los dije pero me juzgaron de loca. Y ya ve…”.

Nadie lo pudo o lo quiso evitar. Los ancestros nahuas de estos rancheros -la lengua náhuatl se perdió del habla popular de Apango hace décadas- tenían una palabra para designar lo que ha sucedido en los últimos 10 años en estas montañas de San Gabriel muy cerca del límite con Sayula: pisiltilistli (“devastación”, en Aulex, diccionario náhuatl español).

La mujer cincuentona señala que la tentación de la Persea americana, nombre científico del abocado, aguacate u oro verde, con sus ganancias a corto plazo, hicieron que todos, los ricos y los pobres, arrasaran casi a matarrasa las ocoteras.

No se necesita ser experto para demostrarlo, basta un simple recorrido por los caminos secundarios de la zona: miles de hectáreas de bosques de pino han desaparecido y en su lugar crecen, cuidadosamente podadas, entre cercados eléctricos y caminos interiores empedrados o pavimentados, y abastecidas por miles de metros cúbicos de agua que ya escasea en las comunidades, amplias plantaciones de esa fruta domesticada en Mesoamérica miles de años antes de la llegada de Hernán Cortés, que embelesa el paladar de los consumidores europeos, japoneses o norteamericanos, quienes suelen ignorar su costo ambiental.

MAYO CRUEL

Este mayo ha sido uno de los meses más secos y ardientes que se recuerden. Por todo el sur de Jalisco, las columnas de humo de más de 13 mil hectáreas incendiadas saturaron el aire de los viejos bosques del Nevado de Colima, de Zapotlán y Gómez Farías; de Tuxpan y Tonila, en la zona del volcán de Fuego, y de esta sierra más al norte, Apango, mencionada en Pedro Páramo como tierra de indios silenciosos, pero que es también matria de algunas familias acaudaladas e influyentes como los Palafox, los Martínez, los De la Fuente Aguilar… y que alcanza a los Alfaro, que han dado a San Gabriel un rector general de la Universidad de Guadalajara (UdeG) –Enrique Alfaro Anguiano–, un regidor y diputado recurrente –César Gabriel Alfaro Anguiano– y un alcalde de dos municipios metropolitanos que ahora es gobernador. También le dan aguacate, como casi todos en la región.

El bosque ha sido el gran perdedor. El registro de una huerta aguacatera de 30 hectáreas a nombre de Alfaro Anguiano, ex rector de la UdeG y padre del gobernador, remite a un terreno agrícola al menos en el pasado inmediato, pues en 2015 recibió apoyos de la Secretaría de Agricultura federal (la antigua Sagarpa, hoy Sader) para siembra de trigo. En 2017 y 2018, el apoyo de la Sagarpa cambió para una plantación de aguacate; sin embargo, los datos disponibles no permiten acreditar un cambio de uso de suelo forestal.

Los lugareños reconocen como una propiedad de los Alfaro Anguiano el rancho de El Caracol, aunque existe la versión de que lo compró o arrendó la empresa Oro Verde. Como cualquier huerto aguacatero, demanda ingentes volúmenes de agua. Y este no es un recurso infinito. 

“Nos pusieron los últimos años tres pozos a menos de 500 metros del pueblo; uno a 200 metros. ¿Quiere saber qué pasó? Vaya al arroyo, tenía agua todo el año, antes nos sentábamos a discutir qué hacer con el excedente y convencimos a un alcalde que nos construyera un parque. Ahora se secó totalmente. No sale agua del manantial. El pueblo tiene tandeos todo el año, salvo en las lluvias”, comenta un ejidatario que alguna vez asumió la responsabilidad de abastecer las casas.

La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) tiene al menos una década sin dar permisos de cambio de uso de suelo forestal para aguacate, lo que da a buena parte de estas plantaciones un cariz ilegal.

Al menos en los puntos más accesibles de la montaña, el cambio es evidente. Todas las laderas presentan amplios manchones donde poco a poco se implantan las tímidas matas de la Persea. A ojo de buen cubero, se podría decir que 40 por ciento del bosque desapareció. 

Los mapas del estudio que realizaron el Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEGJ) y el Fideicomiso del Programa de Desarrollo Forestal (Fiprodefo) muestran, con corte a 2017, que los bosques sobre el eje de la carretera San Gabriel-Sayula están ampliamente desmontados, y es necesario penetrar hacia el este, la llamada sierra de la Media Luna, para regresar a bosques tupidos e incomunicados.

Por la carretera que pasa por Apango se llega a los linderos con Sayula y con Tapalpa. A la izquierda, por donde comienza la deteriorada carretera que atraviesa la meseta de Tapalpa, se ubican vastas plantaciones de una empresa agroindustrial michoacana “propiedad de un político prominente”. A la derecha, se penetra al rancho de unos primos del gobernador: la familia Alfaro Aranguren-Errejón. Ellos no tienen registro de apoyos en Sagarpa, pero el estado de los huertos tal vez es la respuesta: son cientos de hectáreas de plantaciones con toda la infraestructura y vigilantes, con algunos manchones supervivientes de bosque maduro. Los predios se llaman La Manzanilla y El Veladero. En uno de los puntos de bosque superviviente, parece que alguna plaga da al traste con la ocotera, que luce amarilla. En el horizonte también se levantan cercanas columnas de humo.

“Es lo que le digo, hay que revisar las fotos de satélite para el antes y el después: ellos provocan las quemas y luego, así como no queriendo la cosa, luego van ampliando las huertas, por eso el viejo decía que si apagan el fuego, se enojan”, refiere un ecologista que prefiere el anonimato.

Lo de los nervios no es gratuito. En estas montañas habitó de forma muy discreta Rosalinda González Valencia, la esposa del afamado señor del Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Oceguera Cervantes. “Nadie supo hasta que salió en las noticias cuando la detuvieron en Zapopan, hace un año, y la reconocieron”. Su perfil era bajo: ocupaba una cabaña en la cercanía del Aguaje, un poblado que alguna vez estuvo rodeado de un apretado bosque. No recuerdan ningún acto de prepotencia. Pero al lugar llegaron también las aguacateras. La red eléctrica llega hasta el borde de la montaña, prueba del poder económico de los empresarios del oro verde, y el oquedal ya es solamente un recuerdo.

Algunas fincas, como Aguacates Azteca y La Leona, tienen incluso caminos pavimentados en su interior. Los bordos de agua están prácticamente secos. Los lugareños viven del empleo en las agroindustrias, que a veces los azuzan para exigir al ayuntamiento reconstruir los caminos dañados por los vehículos cargados de Persea, pero tratan de llevar una vida tranquila. Porque la señora se fue, pero es frecuente ver camionetas lobo, BMW o Jeep doble tracción de último modelo, en tránsito por las brechas. “La plaza está presente, y nunca sabes cuáles son sus intereses”, señala un campesino, prudente y resignado.

2 DE JUNIO

Al otro lado de la sierra, barranca de por medio, se ubica la comunidad de Carpintero. Teresa acude a las celebraciones del patrono del lugar, pero se da tiempo de mirar la desolación de la montaña: “El bosque llegaba hasta aquí, pero de unos cinco años para acá, les gustó el dinero fácil y nadie los detuvo”.

Dos semanas después es el 2 de junio. Bajan toneladas de lodo y troncos acumulados en las partes bajas de los potreros tras horas de lluvia intensa, mientras en San Gabriel no cae una gota.

Es la pisiltilstli (devastación) del okoyotl (bosque de pinos). El río Salsipuedes lleva muerte y destrucción a los linderos de la cabecera municipal. Así se pierde el kuauuayautlan (bosque tenebroso) y la sierra se desmorona como el cacique melancólico de la fábula rulfiana.

La explicación al 2 de junio

Deslaves, deslizamientos y aludes tienen sus causas en la deforestación de las altas montañas, la que a su vez deriva fundamentalmente de actividades productivas como la ganadería y la agricultura. El modo en que se proceda a hacer esos cambios de uso de suelo afectará en mayor o menor medida a la cuenca baja. En el caso del desastre del río Salsipuedes, en San Gabriel, bajaron toneladas de barro y de troncos de madera que denotan un proceso anárquico de destrucción de la capa vegetal. El suelo, para retenerse, requiere de esta capa vegetal; si desaparece, tarde o temprano una lluvia fuerte erosionara y precipitará cuenca abajo con consecuencias que pueden ser desastrosas para las comunidades humanas.

Los apoyos

13 mil 500 pesos recibió en 2018 Enrique Alfaro Anguiano de la Sagarpa para 30 hectáreas de aguacate hass, misma cantidad que en 2017

28 mil 890 pesos recibió Alfaro Anguiano en 2015 de la dependencia federal para 30 hectáreas de trigo

Familia aguacatera

  •  El padrón de apoyos de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa) permite transparentar en parte el auge del modelo aguacatero: el año pasado se otorgaron apoyos a alrededor de 700 propietarios de Jalisco
  •  En el caso de los propietarios del municipio de San Gabriel, el historial de Enrique Alfaro Anguiano acredita apoyos para 30 hectáreas de aguacate durante al menos dos ciclos, 2017 y 2018; en 2015, el apoyo se le otorga en la misma superficie, pero en trigo. El cambio a aguacate también es correspondientes a la existencia del nuevo pozo de la propiedad
  •  La familia Alfaro-Aranguren-Herrejón es la que posee algunos de los más grandes huertos aguacateros, La Manzanilla y El Veladero, aunque ellos no acreditan apoyos directos de la Sagarpa. Tienen; sin embargo, derechos de agua otorgados por la Conagua (título 08JAL134502/16AMOC09)

JJ/I