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La velocidad de lo que nos queda

Hace algunos años pensaba mucho sobre pocas cosas. Con el paso del tiempo y la velocidad de lo que a nuestra generación le ha tocado digerir me he resignado a pensar poco sobre muchas cosas.

Uno va cambiando y haciendo negociaciones entre las demandas externas, la vida profesional y los afectos. Quizá lo que nos define como adultos sean aquellas maneras de negociar nuestro tiempo y prioridades entre unas y otras.

Lo cierto es que cada vez, en la medida en que avanza la vida, tenemos menos tiempo para atender todos los frentes que quisiéramos. Y no es necesariamente algo que podamos gestionar de la mejor manera porque al margen de las demandas, toca reaccionar. Ante la realidad precaria de nuestro futuro, nuestro entorno no permite tregua. Ahí tenemos este país en una semana donde ocurre lo mismo o peor: recortes, renuncias, asesinatos, violencia, negación de la realidad, pleitos y descalificaciones todas en redes. De tantos temas en la mesa, poco se puede tomar la distancia y el tiempo para pensarlos.

Hoy estuve en Acámbaro, Guanajuato, a propósito de un concurso de la artesanía del pan, una tradición de varias décadas atrás. En medio de una charla sobre un pan que ellos nombran quesadillas, nos enfrascamos también en lo que parecía una discusión del tan sensible y nacional tema de qué es aquello que se puede llamar o no quesadilla. En este marco, alguien argumentó que nuestras palabras sólo están al servicio de aquellos usos que les damos y que sirven para ampliar, acortar, alargar, incluir, achicar, expandir nuestros referentes dependiendo del contexto social en el que nos encontremos.

Hace dos semanas que no he podido escribir por la prisa, la demanda, las urgencias, las circunstancias personales. Y tengo varios días en el agobio de saber cuál tema es más importante que otro, cuál es más urgente. Y justo hoy martes (antier) en el que creía que iba escribir a propósito de la victoria dignísima de las mujeres en el futbol, de la admirada Megan Rapinoe, renuncia el secretario de Hacienda y lo demás viene en cascada.

Me rindo y opto por pensar más en menos cosas. Hoy es el olor, la textura y la pasión con la que aquellos panes de Acámbaro todavía pueden suceder en medio del vértigo de lo urgente.

lagp16@gmail.com

JJ/I