Chris Stuckmann, reconocido por su trayectoria como crítico de horror en YouTube, debuta en la pantalla grande como director con ‘Terror en Shelby Oaks’, una de las cintas más comentadas de la temporada, tras una exitosa campaña en Kickstarter y su posterior distribución por NEON. La película mezcla falso documental, found footage (metraje encontrado), crímenes reales y terror ocultista. Su primera mitad destaca por el uso de múltiples formatos narrativos: entrevistas frente a cámara, grabaciones granuladas de un antiguo canal paranormal y rastros digitales de los primeros foros de internet. Estos elementos construyen un misterio absorbente sobre la desaparición de Riley (Sarah Durn), presentadora de YouTube, cuya investigación de la abandonada Shelby Oaks en Ohio termina de manera abrupta junto con su equipo. Su hermana mayor, Mia, interpretada por Camille Sullivan, se convierte en el eje emocional del relato, decidida a descubrir la verdad.
El filme inicia como un falso documental que recuerda a ‘El proyecto de la bruja de Blair’, aunque con una propuesta más contenida y orientada a la construcción de testimonios. Tras años sin respuestas, Mia obtiene nuevas pistas y retoma la búsqueda, guiada por grabaciones que parecen revelar un fenómeno paranormal. Stuckmann maneja con habilidad la tensión y ofrece secuencias inquietantes que obligan a observar con atención cada rincón del encuadre.
Sin embargo, la película abandona gradualmente el rigor del filme para convertirse en un relato paranormal más convencional. Ese giro provoca una ligera decepción, aunque mantiene el interés mediante giros narrativos efectivos, atmósferas logradas y un diseño de sonido impecable. El culpable es Henri Rapp, quien construye paisajes que potencian los sustos, considerados uno de los puntos más fuertes del filme. La fotografía aporta espacios perturbadores que enriquecen el recorrido de Mia por bosques sombríos y una prisión abandonada, por ejemplo.
Stuckmann incorpora numerosas referencias al cine de terror clásico, desde Roman Polanski y David Lynch hasta William Friedkin, Daniel Myrick y Eduardo Sánchez. Aunque estos homenajes restan originalidad, reflejan la devoción del director por el género y diferencian la película de productos más estandarizados de los grandes estudios. Las actuaciones de las dos mujeres protagonistas funcionan como sostén emocional. Durn transmite desesperación y fragilidad en su interpretación de Riley, mientras Sullivan sostiene la película al explorar la relación entre hermanas y la determinación que impulsa la búsqueda.
La historia opera bajo la idea de sugerir más de lo que muestra, estrategia que favorece la tensión. No obstante, el tramo final introduce un giro hacia el terror ocultista que rompe la coherencia tonal. El intento por abarcar demasiados subgéneros debilita el misterio central sobre el destino de Riley y provoca que la narrativa se desmorone justo en su resolución. Aunque el último acto contiene imágenes escalofriantes, no encajan por completo con lo anterior y generan un cierre insatisfactorio.
A pesar de estas fallas, ‘Terror en Shelby Oaks’ ofrece atmósferas bien logradas, sustos efectivos y un uso notable del metraje encontrado. Como ópera prima financiada de manera independiente, representa un triunfo creativo… aunque la película no quedará en la memoria colectiva, confirma el potencial de Stuckmann como cineasta y anticipa un futuro prometedor en el género. Búscala en tu cine favorito.
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