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La penitencia

La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia
Amos Bronson Alcot

Recibí, en una de las múltiples redes sociales ahora existentes, un mensaje en el que se alertaba al lector a no circular por el túnel de la avenida Niños Héroes que pasa bajo avenida Inglaterra y las vías del ferrocarril. Narraba el autor que al pasar por ahí hace unos días, vio gente sobre el paso a desnivel, mientras sentía cómo un objeto pesado caía sobre su auto. Al salir del deprimido observó a los individuos –armados, dijo– que aparentemente esperaban a que el afectado se detuviera, seguramente con la intención de asaltarlo y a saber con qué aviesas intenciones más.

Refiero lo anterior por la auténtica invasión que la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) está recibiendo de migrantes que provienen mayormente de Centroamérica, con papeles o sin ellos. En el referido mensaje, la víctima comentaba que se detuvo más adelante en la esquina de Niños Héroes y Chapultepec, y al constatar la dimensión de los daños, llamó a la Policía. Una patrulla, relató, llegó a los pocos minutos y lo acompañó hasta el lugar de los hechos.

Caminaron por un lado de las vías sobre el referido túnel, donde encontraron un campamento –toda una comunidad de migrantes, según él– que se ha instalado de manera permanente en esa zona. Preguntaron por los individuos armados y quienes respondieron lo hicieron mostrando temor y previniendo a la víctima y a los policías de que mejor se fueran porque “son maras y son muy violentos”. Aun así, avanzaron poco más entre el campamento de migrantes y, aunque no los encontraron, lograron ver la dimensión del asentamiento.

Mal cálculo

Leí hace pocas semanas una nota que planteaba hechos similares que mantienen asolados a los comerciantes de la ciudad de Tijuana, Baja California, que han perdido mucha de su clientela tradicional debido precisamente a la plaga que representan todos los extranjeros centroamericanos que han ido llenando sus calles en espera de la oportunidad de cruzar a territorio de Estados Unidos.

La nota que refiero se titulaba “Tijuana: basurero de Centroamérica”. Lo grave del asunto está en que, con los permisos temporales de internación que ha expedido el gobierno de López Obrador a las caravanas de hondureños, salvadoreños, guatemaltecos, etc., son miles los que han entrado a México y, muchos también, los que se van quedando por el camino. Entre esos grupos viene de todo, desde familias hasta criminales sin escrúpulos. Para ejemplo está la zona de Inglaterra y Niños Héroes, en pleno corazón de la ZMG.

Lejanía

Enrique Alfaro ya no promete solucionar las peticiones que le hacen las organizaciones ciudadanas –colectivos, les dicen–, no los recibe para conocer de primera mano sus problemas; vaya, ni siquiera les manda algún funcionario para atenderlos. Fue una pena ver cómo ignoró a los familiares y representantes de las personas desaparecidas que fueron a buscar respuestas hasta las puertas de la Casa Jalisco, residencia del titular del Poder Ejecutivo del estado.

Después, Hugo Luna amenazó con detener a los culpables de vandalizar la puerta de la mansión; ojalá lo haga, pero tras una investigación que demuestre sin lugar a dudas que son los culpables. Por lo demás, al parecer hay sólo una palabra que puede definir la actitud de Alfaro hacia sus gobernados: soberbia.

Colofón…

Las diferentes aristas de las deficiencias en los servicios médicos, en el país en general y en Jalisco en particular, deberán ser motivo de una reflexión futura. Porque en esto, como en todo, en el pecado se lleva la penitencia.

@BenitoMArteaga

bmacoladeleon@gmail.com

JJ/I