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Desnudando al ‘jaguar latinoamericano’ 

Las barbas de los vecinos urgen a los políticos y sociedad de izquierda de Ecuador el repensar sus propuestas económicas y sociales. Hacia dónde va el Ecuador de Lenín Moreno, con nombre de destino, con un complejo futuro, es la interrogante, pues en su segundo año de gobierno, el neoliberalismo se vuelve a asomar. 

De 2007 a 2014 creció 4 por ciento anualmente, lo que le dio una estabilidad relativa y se le llamó el jaguar latinoamericano, tuvo un crecimiento relevante en la producción, y en el tiempo de Rafael Correa se presumía el nuevo milagro económico en la región andina. 

Los grandes grupos económicos siguen siendo los que definen, en el fondo, gran parte de la política económica del gobierno de Lenín Moreno en el país. Y desde ahí que se puede entender al primer año del gobierno de Moreno como un año en donde los grupos dominantes se han reacomodado para continuar con su consolidación. 

La diferencia es que con Rafael Correa se consolidaron tras la sombra de un falso discurso socialista; Moreno les ha dado la oportunidad de volverse protagónicos en una política económica que no tenía rumbo definido, pero que se perfila claramente hacia un nuevo neoliberalismo. 

Su plan económico es una mezcla, un champurrado de progresismo con neoliberalismo, entre lo que destaca: 

La creación de empleos reduciendo los impuestos a pequeñas empresas y promoviendo nuevas formas de contratación laboral, así como la reducción de 10 por ciento el sueldo de los servidores públicos que más ganan, además de reducir gastos en viáticos, vehículos de lujo, entre otros. 

Perdonando 100 por ciento de intereses y multas a deudores fiscales y deudores de aportes a la seguridad social –sobre todo a las grandes empresas–, a cambio de que paguen sus deudas en el corto plazo, así como la eliminación del anticipo del impuesto a la renta para 2019. 

Alianzas público-privadas en infraestructura, en hidrocarburos, energía, minería, telecomunicaciones, transporte y obras públicas. Reducción del gasto público extendiéndose a eliminación de instituciones públicas, reducción de asesores, ventas de inmuebles, etc. 

Fomento a la economía popular y solidaria, sin presentar medidas claras y créditos para la economía popular y solidaria, en beneficio de 250 mil personas. 

Por todas estas propuestas recibió críticas de los representantes de los grandes grupos económicos, las cámaras de comercio, los grandes medios de comunicación del país y hasta de sectores sindicales por la flexibilización laboral. 

Ante toda esa presión, el gobierno de Moreno empezó a quitar lo poco de progresismo que le quedaba y tomar posición al lado de los grandes grupos económicos que le ayuden a sostenerse en el poder. 

Ya no habló de aumentar impuestos a las grandes empresas, ni puso énfasis al apoyo a las empresas pequeñas. Ahora el ajuste se da en las facilidades para la llegada de inversión privada, así sea con la entrega de recursos naturales y su extracción a gran escala; en otras palabras, un neoliberalismo puro y duro. 

Este giro de Moreno se adorna con el discurso, casi simbólico, de la economía popular y solidaria, sin ninguna política concreta. La gente que sufre la crisis en carne y hueso, seguirá aguantando las consecuencias de la crisis económica con ingresos laborales estancados. 

Mientras, la deuda externa seguirá creciendo y la dolarización se sostendrá de forma artificial, al menos hasta que la deflación no haga estallar la situación. Mirarse en el espejo de los otros países puede invitar a la reflexión. 

Ante este complejo futuro, los movimientos sociales tienen la urgente responsabilidad de reinventarse para hacer frente al retorno de un nuevo neoliberalismo. ¿Habrá estallido social? 

oceanoazul@live.com.mx 

jl/i