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La moneda aterrizó. Elecciones en EUA

Finalmente, el proceso electoral norteamericano comienza a llegar a su conclusión, no sin antes experimentar algunas turbulencias debido a las potenciales impugnaciones ante algunos de los órganos electorales estatales de Estados Unidos, que el equipo de campaña del candidato-presidente Donald Trump pretende interponer en un gesto que ilustra su personalidad. 

Desde el mes de febrero, con el avance de la pandemia Covid-19, muchas de las políticas que se pusieron en funcionamiento no resolvían el escenario de atención delicada, y las que los ciudadanos requerían no se activaron, de forma que el desempeño del presidente quedó bajo una evaluación diferente de la ciudadanía. El sistema de salud y la economía constituyeron dos elementos de primera línea de observación, respecto de los cuales el presidente Trump, que absorbió de manera inusual funciones para las que existen instituciones sólidas de atención, puso a funcionar la administración a través de sus órdenes ejecutivas y cambios sensibles en el funcionamiento de la administración. 

Sobre este aspecto, la presidencia de Donald Trump puso a prueba, innecesariamente, el entramado institucional creado en Estados Unidos para el desarrollo confiable de la administración. Los cambios realizados produjeron muchas confusiones y las tradicionales líneas de responsabilidad se vieron alteradas sin un propósito claro ni con finalidades particulares. 

En este año, con la errática y desordenada conducta presidencial respecto del coronavirus, el convencimiento de que su gestión tuviese sentido se puso a prueba. La candidatura del demócrata Joe Biden no despertaba necesariamente el ánimo de los votantes, sin olvidar que la obtención de la misma en el partido constituyó una considerable batalla con el legendario político Bernie Sanders. Sin embargo, la candidatura del Partido Demócrata, construida con paciencia en los últimos dos años, constituía una ventana de oportunidad para los votantes frente a la enmarañada oportunidad de reelección del presidente Trump. 

La distancia entre el presidente Trump y el Partido Republicano es enorme. No se puede decir que Trump haya surgido de las filas profesionales del partido, sino que ante su inesperada aparición se impuso ante éste y se apropió de una buena parte de su funcionamiento; de hecho, no hay que olvidar que en algún momento de la trayectoria política del presidente, éste fue demócrata. 

Después del cierre convulsionado de la jornada electoral, queda de manifiesto el trabajo intenso de reconstitución de las instituciones partidistas y de gobierno para restaurar la funcionalidad de cada una de las capas de la gobernabilidad y de la reorganización de la administración. Se debe restituir la certidumbre como principio de acción, pero, mientras se desarrollan las estrategias del tejido institucional, el presidente en funciones estará promoviendo controversias en varios estados, buscando entorpecer lo inevitable, la administración Trump ha terminado. 

En México, de igual forma, se deberá realizar un hilado fino ante el silencio definido por la presidencia. Las interpretaciones sobre la ausencia de expresiones respecto del triunfo de Biden, se toman como el estiramiento a la línea con la que expresamente jugó nuestro gobierno. No se trata de una catástrofe, sin embargo, los costos diplomáticos y de reconsideraciones de la agenda bilateral se establecerán de manera distinta, y las prioridades en aranceles, producción, energías limpias, agendas laborales, políticas migratorias y crecimiento económico, a la mitad de 2021 se van a poner sobre la mesa de negociaciones, justo cuando el gobierno de nuestro país entrará a la parte intensa de las elecciones de ese año. Se debería tratar de una contienda de partidos, pero todo hace ver que todos estaremos en proceso electoral.  

armando.zacarias@csh.udg.mx

jl/I