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Crisis de representación legislativa

¿Opina usted que sus representantes populares, es decir, sus diputadas y diputados realmente toman en cuenta lo que usted anhela? ¿Considera que hacen un buen trabajo, que desquitan lo que ganan? ¿Considera que cuando toman sus decisiones lo hacen buscando lo mejor para todo el pueblo? Si respondió que no a cualquiera de las preguntas anteriores, usted se encuentra dentro de la amplia mayoría de personas que alrededor del mundo asigna una baja calificación a quienes llevan a cabo esa función pública. 

Un estudio que se llevó a cabo hace casi 10 años por encargo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Unión Interparlamentaria (https://bit.ly/3gUzdTg), encontró varias situaciones que dan cuenta de la gran crisis que están enfrentando los órganos legislativos en todas las regiones del planeta. Y afirmo que “están” porque hay pocos motivos para pensar que ha habido grandes cambios en la situación. 

El informe agrupa los aspectos de la crisis de los parlamentos en tres. El primero se refiere a los cuestionamientos fundamentales que se plantea la ciudadanía acerca de su efectividad para exigir que el Ejecutivo y demás órganos de gobierno rindan cuentas. El segundo tiene que ver con el poco arraigo e identificación de los partidos políticos entre la población, que además desconfía enormemente de ellos, y sin embargo prácticamente son el único medio para ocupar un puesto en el Congreso. Y, en tercer lugar, gracias a que ha aumentado la proporción de personas con educación formal, y a la existencia de las redes sociales electrónicas, ahora se cuenta con toda una nueva variedad de formas de representación y gestión de los intereses comunes. 

En una circunstancia así es muy fácil que iniciativas tendientes a reducir el número de representantes populares, como la que acaba de presentar el presidente López Obrador, quien pretende eliminar o por lo menos reducir sustancialmente el número de diputaciones plurinominales, resulte muy popular incluso entre sus detractores. Sin embargo, es necesario que analicemos con cuidado sus implicaciones. 

El primer riesgo es que aumente la sobrerrepresentación del partido ganador, porque con las reglas actuales un partido que obtiene 35 por ciento de los votos puede quedarse con 45 por ciento o más de los puestos en el Congreso, lo que es una clara distorsión de las preferencias del electorado. En ese sentido, la representación proporcional, la plurinominal, refleja mejor las preferencias de la ciudadanía, aunque carece de la ventaja de la elección territorial. Justamente por eso nuestro Congreso se integra de manera mixta, igual que en el caso de Alemania, en la que la mitad de los integrantes del Congreso son plurinominales y la otra mitad, uninominales. 

Por otra parte, hay quienes consideran inútiles las diputaciones plurinominales porque con las reglas actuales no es necesario hacer campaña para conseguirlas, pero eso se puede corregir. Además, en realidad los diputados se vuelven inútiles cuando votan a favor de todas las iniciativas del Ejecutivo, sin leerlas y sin cambiarles ni una coma. Si ese es el caso, parecería que lo mejor sería suprimir esos puestos, pues no aportan nada al debate, aunque eso nos llevaría a una situación de autoritarismo muy peligrosa. 

La esencia de un Congreso es justamente reunir distintos puntos de vista para articularlos en el diseño de las soluciones legislativas a los problemas públicos, además de supervisar el trabajo de los otros poderes, también desde distintas perspectivas. Así que tal vez lo que hace falta es un mayor control y colaboración ciudadanas con el Congreso. 

protagoras_xxi@yahoo.com.mx

Twitter: @albayardo

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