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Justificación
No permitirá construcción
Guillermo del Toro está obsesionado con el Frankenstein de Mary Shelley desde que tenía siete años y como cineasta lleva soñando con llevarlo a la pantalla desde al menos 30. Este sábado por fin lo presentó, en la competición del Festival de Venecia, y se siente más que aliviado: "Ahora me puedo quitar la presión".
En la rueda de prensa de presentación de su película, el cineasta mexicano se mostró feliz y relajado, satisfecho del trabajo hecho, porque Frankenstein –aseguró– "es más que un sueño, es una religión para mí desde que era niño".
Pero ha esperado tanto a hacer el filme para hacerlo "en las condiciones más adecuadas desde el punto de vista creativo" para conseguir el proyecto que quería, con la envergadura suficiente "para emocionar a la gente", aunque al final lo que ha conseguido es "una depresión postparto", dijo entre risas.
Recibida con aplausos –pero no ovaciones– en sus primeros pases de prensa, el filme es un espectáculo visual cuidado hasta el más mínimo detalle, que adapta con el particular y barroco estilo de Del Toro la conocida historia del monstruo más humano, al que da vida Jacob Elordi, mientras que al doctor Víctor Frankenstein lo interpreta Oscar Isaac.
Una película que llega, para Del Toro, en el momento justo. "Todo lo que he hecho en mi carrera era una instrumento de aprendizaje, cada idea, todo era para llegar aquí (...) y pensaba en esta historia como una relación de padres e hijos. Entonces me convertí en padre y todo cambió".
Por eso empezó a pensar en Víctor y Frankenstein como la historia un segundo padre y un segundo hijo. "Estoy muy contento de haber esperado y de no haberlo hecho hace 30 años, ni 20, ni incluso hace 10 años", afirmó Del Toro.
En contraste, Elordi tuvo apenas tres semanas para preparar su personaje, pero comentó que fue fácil entrar en el proyecto, además de considerar que, más que Frankenstein, los monstruos son "hombres en trajes bien diseñados", algo que había dicho previamente Del Toro.
El personaje, agregó, "era un recipiente donde podía depositar todo mi ser". "Desde que nací hasta que estoy aquí con ustedes hoy, todo está en ese personaje. Y, en muchos sentidos, la criatura que aparece en pantalla en esta película es mi forma más pura. Es más yo que yo", afirmó el actor australiano de origen español.
Para Oscar Isaac, su trabajo como actor es un proceso de "rendirse de alguna manera al material" que le llega y encontrar "la manera de enamorarte del personaje que vas a crear".
Eso es lo que hizo con el doctor Frankenstein, un papel que Del Toro le ofreció hace dos años cuando estaban compartiendo una comida cubana y hablando de sus padres y de sus vidas. "No puedo creer que estemos aquí y que hayamos llegado a eso", agregó el actor guatemalteco-estadounidense.
La película está producida por Netflix, aunque antes se estrenará en salas. Preguntado por si había negociado con la plataforma un cifra alta de cine, Del Toro respondió divertido: "Yo siempre quiero más de todo".
Y ya en un tono más serio dijo que la batalla por contar historias en el cine es "obviamente el tamaño de las salas, pero también el tamaño de las ideas, que es muy importante, el tamaño del hambre artístico que llevas al cine".
Nunca se sabe qué va a pasar cuando se estrena una película en cine y Del Toro recordó al respecto que cuando se lanzó El callejón de las almas perdidas coincidió con un Spider-Man, y duró poco en cartelera.
Por eso considera que es "una oportunidad y un desafío" hacer que una película que va a ser vista por 300 millones de personas en la televisión evoque al cine.
En cualquier caso, lo más importante para él es lograr emoción y sabe que lo ha conseguido cuando llora. "Soy mexicano y no escatimo con las lágrimas", dijo entre las risas de los periodistas.
Risas que provocó en varias ocasiones durante la rueda de prensa, en la que gastaba bromas a sus compañeros o soltaba frases en italiano, como cuando se produjeron problemas con el sonido de los micrófonos y le salió de forma natural: "¡Che cazzo!" ("¡Qué carajos!").
Para terminar con un grito: Ci vediamo pronto (una mezcla de español e italiano para decir "Nos vemos pronto").
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