Desde hace unos días el programa Ventaneando está celebrando 20 años de estar al aire en Televisión Azteca. Sin duda, este programa marcó un parteaguas en cuanto al periodismo de espectáculos en México se refiere, pues su formato tiene tal éxito, que ha sido replicado en incontable cantidad de veces. Sin embargo, pese a su éxito comercial y de audiencia, Ventaneando crea un mal concepto sobre los espectáculos, sobre su investigación y la información que genera. El periodismo de espectáculos constantemente busca ser reconocido y respetado como una fuente de información importante e imprescindible y no simplemente notas de relleno en los periódicos y noticieros. La cuestión es que Ventaneando ha deformado la manera de ver los espectáculos, pues esa charla superflua y enfocada a ventanear a los famosos está lejos de ser considerada como una investigación profunda. Habrá colegas que difieran de mi opinión porque sí, efectivamente, Ventaneando es un programa de investigación, pero el tipo de investigación al que se enfoca es mayoritariamente a revelar noticias de la vida personal (divorcios, problemas legales, adicciones, bodas…hasta quien se le vio la ropa interior en un evento), por lo que se reduce a ser periodismo del corazón y ése sigue siendo un subgénero del periodismo. Aunado a eso, el apellido Chapoy, socialmente, es sinónimo de chisme. Ya cuando alguien te dice (pondré mi nombre para no herir susceptibilidades) Claudia Chapoy, sabes que estás metiendo la nariz donde no te llaman y que además, tiene una connotación negativa. Si tenemos periodismo del corazón y asociación inmediata al chisme como características de Ventaneando, y éste es el programa de espectáculos por excelencia, ¡pues qué mal estamos entonces!
No todos los programas de espectáculos debieran seguir ese formato. Creo que Ventaneando cumple con las expectativas y necesidades de un mercado en particular, pero si queremos concebir a los espectáculos en un nivel informativo más formal y reconocido, deberíamos de dejar de considerar al programa de Azteca como arquetipo del entretenimiento.









