Posiblemente las nuevas generaciones de aficionados de Chivas poco o nada conocen del pasado administrativo de la institución. Para entender la llegada de Jorge Vergara al Club Guadalajara hay que remontarse décadas atrás, cuando una Asociación Civil manejaba los destinos de una marca que ascendió a niveles insospechados en su popularidad, pero que posteriormente entró en decadencia por no renovarse y acumular rencores entre sus dirigentes.
Principio y fin
La popularidad del Guadalajara se cimentó no solo en su etiqueta de equipo ganador que se agigantó con los ocho títulos de Liga conquistados en el periodo de 1957 a 1970, sino que se reforzó en su política de contratar futbolistas mexicanos, y muchos de los cuales se convirtieron en ídolos de los aficionados.
De aquel grupo surgieron figuras legendarias como Jaime Tubo Gómez, Jamaicón Villegas, Guillermo Tigre Sepúlveda, Crescencio Mellone Gutiérrez, Sabás Ponce, Chololo Díaz y Salvador Reyes, entre otros.
Pero al concluir su etapa, el proceso de transición a otro grupo que heredó y cargó con la gloria del Campeonísimo no pudo con la responsabilidad en la década de los setenta, y se dio una sequía de conquistas que se cortaría hasta el decenio de los ochenta.
Es a partir de 1982, que con Alberto Guerra como técnico, Chivas recuperaría la confianza, y le devuelve a sus seguidores ese gusto por ir al estadio cada fin de semana con una nueva camada de jugadores surgidos de sus Fuerzas Básicas como Javier Ledesma, Fernando Quirarte, Demetrio Madero, Pelón Gutiérrez, Sergio Lugo, Omar Arellano Nuño, y la dinastía De la Torre con los hermanos José Manuel y Néstor, y su primo Eduardo Yayo de la Torre. Aquella generación coronaría su estilo espectacular con el título de la temporada 86-87 que representó la novena estrella.
Justo cuando se esperaba el inicio de otra era brillante, es cuando comienza el declive como equipo y a nivel directivo.
Aquel grupo de grandes futbolistas conquistó el campeonato en plena madurez, cuando el futbol ya los abandonaba, y Alberto Guerra, su técnico también lo comprendió, por lo que en la temporada 89-90 dejó al equipo para emigrar a Leones Negros.
Con la promesa de renovar al plantel con jugadores jóvenes se contrató a Ricardo La Volpe, ya conocido por su estilo agresivo en la cancha y fuera de ella. No hubo tal renovación de jugadores, y el argentino recibió a un grupo de jugadores veteranos que no tenían la capacidad física para el ritmo dinámico que exigía La Volpe, por lo cual su etapa duró 14 partidos con pésimos resultados.
Así, de 1989 a 1993, Chivas ofreció torneos irregulares con un plantel desgastado, lo cual alejó a sus aficionados, lo que le ocasionó una severa crisis económica que dejó al club al borde de la bancarrota.
Justo cuando los números rojos ahogaban al club, y el entonces presidente Aurelio Martínez ya había aceptado una oferta de Televisa para vender al equipo, apareció el empresario de aceites y lubricantes Salvador Martínez Garza con la propuesta no de comprar, sino de rentar al primer equipo por un periodo de 10 años, comprometiéndose a armar un cuadro competitivo con los mejores jugadores mexicanos.
En el lapso de 10 años, el Club como Asociación Civil debía aprovechar para reordenarse y trabajar en sus fuerzas básicas para que ese grupo de jugadores estuvieran listos en el 2003 y debutar en el primer equipo.
Y Martínez Garza cumplió, pero fue sólo durante cinco años cuando conformó planteles de lujo, porque a partir de 1998 paulatinamente comenzó a desmantelar a las Súper Chivas que en nueve años solo logró ganar un título de Liga.
El momento clave
Francisco Cárdenas asumiría la presidencia del Club Guadalajara como Asociación Civil de 1999 a 2001, y ganaría la reelección para 2001-2003, es decir, justo para el regreso del primer equipo a la AC.
Para recibir al equipo, Cárdenas planeó una estrategia comercial que le permitiera contar con finanzas sanas, y su golpe maestro y causa de su posterior sepultura fue firmar un contrato de 65 millones de dólares con Televisa por los derechos exclusivos de transmisión de los partidos del Rebaño durante 6 años.
Los opositores al grupo de Cárdenas no le perdonaron un movimiento, que interpretaron como la forma de eternizarse en el trono que heredaría a sus allegados como Marcelino García Paniagua, Juan Pablo Ladrón de Guevara y Jorge Mojica, dejando fuera a otro grupo cansado de no recibir beneficios por ser directivos.
De tal forma, en 2002, Alberto y Luis Agnesi tuvieron un acercamiento con el empresario Jorge Vergara, quien ya había participado en el futbol como principal patrocinador en la camiseta del Atlas en 2001.
Ambos dirigentes le plantearon la necesidad de vender el club con todo incluido: instalaciones, jugadores del primer equipo y sus fuerzas básicas, porque como Asociación Civil no estarían en condiciones de armar un equipo competitivo como exigía la historia y prestigio de Chivas.
Vergara estudió la propuesta, y de inmediato, como buen empresario olió la sangre: los directivos que se habían acercado exhibieron la urgencia de una mayoría de socios por vender, lo cual le dio una ventaja importante, que fue ofrecer mucho menos de lo que en realidad valía una marca como Chivas.
Vergara también supo aprovechar que en 2002, la Promotora Deportiva Guadalajara vivía su momento más crítico, y con un plantel muy modesto tenía un torneo irregular que creaba confusión en sus aficionados y que en realidad no relacionaban bien que la directiva de Martínez Garza y la AC de Cárdenas eran dos entes distintos, sino que lo veían como un sinónimo y no deseaban más penas para su equipo.
Por ello, cuando Vergara lanzó sus promesas de convertir a Chivas en el mejor equipo del mundo y contratar a los mejores jugadores mexicanos y al mejor técnico del mundo, tuvo el apoyo de los seguidores rojiblancos.
De tal forma, una mayoría de socios presionó a Francisco Cárdenas para llevar a cabo una Asamblea en la que se votaría por seguir como AC o vender las acciones a Vergara.
En más de dos meses, Cárdenas intentó convencer a los asociados de que la propuesta de Vergara era engañosa al no ofrecer garantías, pero ya no había marcha atrás, y el 30 de octubre de 2002 se llevó a cabo la Asamblea que pese a estar impugnada por un juez para no realizarse, 143 socios votaron a favor de la venta del Club Guadalajara.
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