En flagrancia

Lo peor de la ignorancia es que, a medida que se prolonga, adquiere confianza

 

Anónimo

Hay algo que no cambia de las antiguas a las actuales campañas: las mentiras. Todos los candidatos, sin importar los colores, promiscuamente mezclados en cada coalición, han lanzado múltiples promesas, por todos los medios en spots de radio y televisión o los nuevos mensajes digitales, en entrevistas, actos públicos o debates; sin embargo, ninguno ha podido explicar de manera comprensible y satisfactoria cómo es que realizará tantos prodigios como promete.

La cruda realidad es que no existe dinero presupuestal que alcance para pagar todo lo ofrecido, gane quien gane. Ni con todos los ahorros señalados por cada candidato, ni erradicando de un plumazo la lacerante corrupción ni construyendo refinerías para ahorrar el costo de la importación de gasolina ni con ninguna otra medida mágica, se podrá contar con las enormes cantidades necesarias para realizar el prodigio de abatir la pobreza, generar empleos bien pagados y mejores oportunidades para todos y cada uno de los mexicanos.

Mesías tropical

López Obrador, que puntea en las encuestas, es también el primero en el costo de las promesas. También es el que menos idea tiene de dónde obtendrá los fondos necesarios para cumplir. Repite la misma idea cada vez que le preguntan: “acabando con la corrupción”. Es ese concepto su panacea: la varita mágica que resolverá todo. Aunque resulte inexplicable cómo erradicará ese cáncer cuando entre sus más cercanos colaboradores –y otros no tan cercanos, pero sí postulados–, encontramos a varios de los corruptos más conocidos.

Con lo mismo

El desempeño de Ricardo Anaya ha sido el previsible. Tras el escándalo provocado por la acusación de lavado de dinero y demás transas financieras, ha tenido que defenderse; sin embargo, siempre hay que recordar que cuando el río suena es que agua lleva. Sus presuntos socios en ese entuerto salieron apuradamente del país, lo cual aumenta el estruendo generado por las aguas. Trata de desviar la atención aduciendo que se trata del uso político de la PGR y el aparato de justicia, pero hay muchos detalles que aún no tienen explicación. Su única defensa es el güiri güiri que enfrenta a documentos judiciales de una acusación formal. Al final del día la duda prevalece: ¿realmente le armaron el numerito del fraude o en realidad lo hizo? Duda que prevalecerá en la casilla al momento de cruzar las boletas.

Cara y estrategia

La estrategia de nominar como candidato del PRI a un no militante parecía la ideal para despojar al candidato de los prejuicios generados –real o artificialmente– hacia el PRI. No funcionó. Toda la independencia partidista y el excelente currículo de José Antonio Meade como candidato de su coalición de nada valieron y, en vez de que su calidad ciudadana le restara los negativos del partido, resultó lo contrario. La pureza de Meade quedó opacada por la negatividad del PRI, alejando de la campaña a las bases del partido.

Nombrando a René Juárez Cisneros como presidente del PRI se ha cambiado la estrategia: ahora se trata de recuperar el honor priísta y dotar a la campaña del apoyo de las bases tricolores. ¿Funcionará? ¿Estarán a tiempo? Nadie puede predecirlo.

Lo único cierto es que las encuestas encubren realidades que nadie ve. El propio Roy Campos, director de Consulta Mitofsky, dijo hace una semana que las encuestas pueden equivocarse, como ha sucedido ya en otras ocasiones.

Sólo el PREP, primero, y los resultados oficiales, después, nos confirmarán cuál será la nueva realidad del país.

@BenitoMArteaga

JJ/I