La triste realidad de Anaya

Simpatizante de Andrés Manuel López Obrador, pero durante mucho tiempo militante del Partido Acción Nacional, por quien fue candidato a la presidencia municipal de Tonalá y diputado local, además de coordinador de su bancada en el Congreso del Estado, la opinión de Abraham González Uyeda sobre la realidad que enfrenta hoy Ricardo Anaya, candidato presidencial Por México al Frente, ha sido la más sensata que he leído.

En mi cuenta de Twitter anteayer referí lo escrito en Marcatextos.com respecto a la humillación que Anaya propinó nuevamente a su militancia en Chapala, donde no sólo se negó a ponerse la camiseta del candidato del PAN a la presidencia municipal, sino que decidió echarle porras al candidato a alcalde de Movimiento Ciudadano, pues estaba en el evento de cierre de campaña del candidato a la gubernatura Enrique Alfaro Ramírez.

“Ricardo Anaya vuelve a humillar a los panistas de Chapala (…) // La dirigencia estatal, incapaz de exigir respeto a la militancia”, escribí en mi espacio de 140 caracteres, a lo que González Uyeda respondió en la misma red social: “Te equivocas, el humillado es él, se sabe perdedor, ante la derrota está solo y sumiso con los extraños, conozco a muchos panistas que lejos están de ser humillados por las actitudes de quien les dio la espalda”.

Insistí en mi opinión de que Anaya humillaba a los panistas jaliscienses y que la dirigencia estatal incurría en un “vergonzoso silencio”, ante lo que el también ex subsecretario de Gobernación en el gobierno de Felipe Calderón reiteró: “Insisto, no lo veo así, el que sufre la humillación es él, el que vive el abandono de su partido es él, el que es despreciado con el silencio de la dirigencia es él. @RicardoAnayaC decidió hace ya mucho tiempo que su andar no era con @AcciónNacional, su apuesta fue otra… y perdió”.

¿Cuántos panistas piensan igual que Abraham González? ¿Cuántos coinciden con él? Sin duda alguna que no son pocos, pero será el 1 de julio cuando podremos confirmar qué tanto los panistas jaliscienses apoyaron o no a quien no le importó dinamitar a nivel nacional a su partido con tal de satisfacer su ambición de ser el candidato a la Presidencia de la República, para lo cual tuvo prácticamente que entregarse a sus contrarios como los partidos de la Revolución Democrática (PRD) y Movimiento Ciudadano (MC), al que aquí en Jalisco le cedió todos los espacios federales de representación popular.

¿Será por eso que Anaya no ha organizado concentración alguna como candidato con la militancia panista en alguna plaza pública en la Zona Metropolitana de Guadalajara y sí, en cambio, ha privilegiado encabezar actos multitudinarios con la militancia de Movimiento Ciudadano y su candidato a la gubernatura Alfaro Ramírez, como en Lagos de Moreno o Chapala, por ejemplo?

Quizás por eso no sea gratuito que en los últimos días Anaya y su declive han sido tema de analistas y columnistas como Ramón Alberto Garza –“Se apaga el cerillo (apodo de Anaya)”– y Pablo Hiriart –“Anaya y la destrucción del PAN”–, por mencionar a los más recientes. “Ricardo Anaya vive hoy sus peores días en la contienda presidencial 2018. El fuego de El Cerillo parece apagarse”, apunta ayer el primero en su colaboración en Reporte Índigo, mientras el segundo asienta ayer en su columna en El Financiero: “Ricardo Anaya y su grupo están destruyendo al partido más antiguo de México, por el simple hecho de que tienen perdida una elección presidencial”.

La opinión que Abraham González comparte sobre la realidad que enfrenta Anaya al interior de su partido es contundente. Y Ricardo sabe que su osadía dentro y fuera del PAN tiene un costo que pagará, derrotado, después del uno de julio, y que ni su partido ni sus hoy aliados meterán las manos al fuego por él.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I