Un volumen de cuentos con trabajo de relojería

Complicidad. Para el autor es necesaria la colaboración del lector, su imaginación es parte fundamental para que llegue a su objetivo. (Foto: Especial)

En el ir y volver de la novela al cuento, el escritor mexicano Alejandro Badillo, originario de Puebla, encuentra formas distintas de entender el cuento, y en general los géneros breves, que explora, por ejemplo en su más reciente libro Efectos secundarios, publicado en el sello tapatío Paraíso Perdido.

Se trata de un libro de cuentos cortos en el que Alejandro busca experimentar con el cuento corto y la minificción, primero como un reto de tomar la imaginación para proponer distintas miradas ante el mundo, pero también el reto personal de experimentar con su propia concepción del cuento corto, después de escribir varias novelas publicadas en los últimos años.

“Fue como una especie de volver, volver al punto de arranque, pero ya con la experiencia que adquirí con el contacto con los lectores, este libro es como continuar esa línea. Yo me inicié en talleres de cuento y ahora doy talleres de cuento, que ha estado conmigo siempre y para mí es un reto: contar lo más que puedas en un espacio muy corto”, dijo en entrevista.

Los cuentos que componen el libro más reciente fueron escritos en una temporada corta y publicados, algunos, en revistas y otras publicaciones. Dijo que cada historia se desarrolló de manera distinta y que quizá el ejercicio más complejo tiene que ver con las estructuras necesarias para contarlo todo en poco espacio.

“En una novela, por ejemplo, se tiende a planificar un poco más las cosas, aunque muchos autores van con intuiciones más que con estructuras. Una minificción tiende a ser un flashazo o una ocurrencia, pero el autor tiene que hacer que funcione. Es un trabajo de relojería, en donde hay que colocar cada palabra en su lugar y hasta jugar, tener conciencia que en textos mucho más largos: los signos de puntuación, el papel de un adjetivo específico, el poder de una palabra que puede hacer la diferencia”, dijo.

Para el autor además es necesaria la colaboración del lector, su imaginación es parte fundamental para que llegue a su objetivo.

“En el cuento corto sí hay más posibilidades de jugar con historias y viñetas, en la minificción hay algo que no tienen que ver con un desarrollo, sino con el planteamiento de una idea que se va a quedar en la mente del lector y que requiere de su atención para resolver el misterio. Me gusta dejar las cosas en suspenso. Te permite parar, ser suficientemente sugerente para que ellos le pongan el final”, contó Badillo.

“El cuento es más exigente para el lector que la novela: te implica pasar de una historia a otra. No es como llevarte de la primera página al final con un solo hilo que no cambia. Acá aunque haya intereses similares son historias diferentes y eso obliga al lector a estar siempre activo, a terminar un cuento, poner la mente en blanco y tratar de entender cuál es la siguiente historia”.

Estar en busca de la palabra exacta, adaptar ideas incipientes al lenguaje, todo eso se hace para un cuento de unos cuantos párrafos. Y Badillo se lo toma en serio.

“En el cuento trato de explorar la técnica. No tanto como llegar a un ejercicio de estilo, pero la novela en lugar de contar una sola historia, siempre tienes que contar algo, sino pierdes la atención. Lo que siempre veo de diferencia es que puedo plantear la historia desde el punto de vista del lenguaje y que éste sea el hilo conductor, que sea un poco más la forma que el fondo, la forma en la que se cuenta, la cadencia, el ritmo, el tipo de frases es un elemento que forma los textos”, dijo.

Este ejercicio puede revisarse en el ejemplar que ya se distribuyó en varias librerías del estado. Tiene un precio de 160 pesos.

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FRASE

“En el cuento corto sí hay más posibilidades de jugar con historias y viñetas, en la minificción hay algo que no tienen que ver con un desarrollo, sino con el planteamiento de una idea”
Alejandro Badillo, escritor

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