Pañuelos verdes

“El Senado argentino ha rechazado el proyecto de aborto legal que recibió la Cámara de Diputados y que 38 senadores han votado en contra y 31 a favor. Tras 22 jornadas de discusión a lo largo de tres meses, el aborto en Argentina se mantiene como delito penado hasta con cuatro años de cárcel”.

En la calle, al mismo tiempo, las mujeres argentinas portan un pañuelo verde que se convirtió en el símbolo de esta lucha por su aprobación. Una tremenda marea verde. El debate, las movilizaciones, los rostros de las nuevas generaciones de chicas que, acompañadas por sus madres, abuelas, hermanas, amigas, salieron sin miedo a poner el cuerpo y la voz en el espacio público, son de una potencia valiente e inspiradora.

El debate no es aborto sí o aborto no. El aborto sucede. Hacerlo seguro, legal y gratuito o clandestino era y es el fondo de la discusión. Tan sólo en Argentina, se calcula que suceden más de 500 mil abortos al año (es difícil precisar esta cifra dadas las condiciones de clandestinidad de la práctica). En México, se calcula que estamos por encima del millón (por poner una cifra muy conservadora). En cualquier caso, al ser penalizado, su criminalización implica un alto riesgo para la vida de la mujer, dadas las condiciones de clandestinidad en las que se tiene que llevar a cabo. Es un problema de la salud pública. Ni moral ni religioso. No se está promoviendo el aborto, no se les invita a las mujeres a abortar. 

Podrán votar en contra de una ley, pero lo que ya no pueden es parar un movimiento que le quitó al aborto el tabú, ese candado del silencio que negándolo le impedía poder ser discutido en la mesa, en las calles, en el transporte público, por las familias, las parejas, en las casas. Ya no más. Salió el cuerpo a convertirse en palabra visible.

Las mujeres argentinas sientan un gran precedente. Esto no se va a detener. Pasará. Porque ya no es 1921. Porque así se han derrumbado los grandes mitos y se han ganado derechos en la historia.  Seguramente nos tocará muy pronto a las mexicanas salir a defender lo propio. Los derechos del cuerpo propio. De nadie más. Mientras eso sucede, las redes de apoyo que se pueden accionar en círculos de confianza son fundamentales para acompañar en este proceso a cualquier mujer que decida abortar.

Nunca más ninguna sola. “Educación sexual para no morir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.

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JJ/I