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La verificación vehicular sí es recaudatoria

Aunque el discurso oficial versó una y otra vez en que no se trata de una medida recaudatoria, el nuevo programa de verificación vehicular que anunció este jueves el gobernador sí tiene entre sus objetivos conseguir más recursos de los ciudadanos que utilizan el automóvil, que por cierto se trata de un medio de transporte altamente contaminante y acaparador del espacio público.

Es inconsistente la narrativa de Enrique Alfaro cuando primero dice que la verificación va a subir a 500 pesos, la multa se disparará hasta los 12 mil 600, que todo lo reunido se va a dirigir a un fondo verde pero luego remata con que no tiene el objetivo de acercarle más dinero al erario, sino de mejorar la calidad del aire con el control de emisiones.

Es decir, el gobernador informa que todo lo que entre a las arcas del Ejecutivo a través de este programa se va a ir al fondo verde y éste, a su vez, se encargará de financiar proyectos relacionados con el mejoramiento de la calidad del aire: transporte colectivo, transición energética y proyectos relacionados con movilidad y salud pública, lo cual está perfecto porque en Jalisco hay un obsceno retraso en el tema.

Pero entonces, ¿suena coherente subir los costos de la verificación para mandar todo a un fideicomiso y sostener que no hay interés recaudatorio? Impensable.

Cada vez es más caro tener y mantener un carro para el traslado diario, máxime si sólo es utilizado por una persona -con la nueva disposición del gobierno de Jalisco queda clarísimo-, pero al final del día no es una orientación equivocada para una ciudad que incumple las normas de calidad del aire 70 por ciento de los días del año y causa 600 muertes prematuras al año; no está mal bajarle a la motorización para tener nada menos que una mejor calidad de vida.

Si el encarecimiento de los automóviles va a desincentivar su uso, adelante; todos queremos una ciudad respirable, transitable, sin una parálisis en las principales avenidas en horas pico que nos afectan además en la salud mental, pero el problema radica en que ya van varios años en que los suministros e impuestos por tener un coche suben, mas no baja la motorización, es decir, la gente sigue prefiriendo subirse a su auto aunque la gasolina esté por los cielos y los servicios también.

¿Por qué si es tan caro ese medio de transporte seguimos empecinados en él? Quizá por la comodidad que nos ofrece, pero el principal motivo, y pregúnteselo a quien guste, será el pésimo transporte público. Sí, ha mejorado en los últimos años, pero con cuentagotas; han cambiado el color y las unidades, pero el servicio sigue siendo tercermundista y lo que le sigue.

Claro ejemplo de esto es el CUCBA, que en pleno 2019 arrastra los mismos problemas de movilidad que hace 42 años, cuando se mudaron ahí las instalaciones. Al día de hoy, los estudiantes no tienen certeza de cuánto tiempo les tomará llegar a sus clases y, lo peor, tampoco saben qué suerte les tocará de regreso, sobre todo si son usuarios de la ruta 170-B que cuando deja de entrar hasta el campus obliga a los alumnos a cruzar casi un kilómetro de brecha entre milpas, sin banquetas ni iluminación. Una boca de lobo peligrosísima en especial para las mujeres. La mayoría tiene historias donde ellas o sus compañeros estuvieron en riesgo por esa precariedad de transporte, a la que cada rector y gobernador receta aspirinas.

No está mal que se cobre a los ciudadanos por usar un automóvil cuyas externalidades nos perjudican a todos y que ese dinero se use para mejorar el transporte público, pero tampoco cae bien que se les cargue la mano cuando tantos gobiernos no han dado los resultados que la ciudad necesita. Hay que llamar a las cosas por su nombre y sobre todo, vigilar que funcionen.

vmc@ntrguadalajara.com

da/i