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Se olvidaron del pueblo

En tiempos electorales todos los políticos sienten y creen que son del pueblo. Van y se mezclan con el pueblo en los mercados, en los tianguis, en las iglesias, en cualquier lugar que se congrega, y cuando gobiernan, cuando los políticos llegan, se olvidan del pueblo, de ellos. Y a veces hacen como que no los ven ni los oyen. El mal de oído del político.

Las necesidades, las demandas y los sueños son los mismos, casi no cambian con el paso del tiempo, sólo los actores. Y los políticos, desde los más pequeños a los más grandes, se olvidan de sus representados, de la gente que los hizo llegar. La vocación se ha perdido y los intereses personales y de grupo han ganado.

Los actuales gobiernos municipales y estatal, y hasta los diputados van empezando sus períodos, llevan cuatro, tres y dos meses en el poder público, y ninguno se ha distinguido por escuchar atentamente a este sector. Imponen sus puntos de vista asegurando que son los mejores, y pese a que en ocasiones dicen escucharlos, la verdad es que sólo lo hacen por cubrir el requisito. Desde aquí reconozco que hay grupos con los que es muy difícil dialogar, pero ¿no se supone que deben especializarse en atención al público?, ¿que deben saber cómo escucharlos?, o ¿cómo comprometerse sin después cambiar de opinión?

Una muestra de su cerrazón ciudadana es que hasta el momento no hay vías de contacto ciudadano claras y efectivas, y que la gente las conozca. Anteriores gobiernos municipales tenían un día dedicado a recorrer las colonias con el objetivo de estar cercanos a la gente; generalmente era el miércoles ciudadano, pero llegaron nuevos gobernantes, de otros colores partidistas, y lo quitaron. Y ya no hubo nada a cambio. Esas jornadas de un día eran engorrosas y cansadas, pero para el ciudadano eran una opción para encontrar respuestas a sus necesidades, ¿y ahora cuáles hay? Si tienes un problema o necesitas una respuesta, ¿quién te la da?, ¿en cuánto tiempo?, ¿cómo le haces? El gobierno abierto está en membrete.

Y el gobierno del estado y los diputados locales están en la misma sintonía y sin claridad de cómo escuchan a sus gobernados y cómo dan respuesta.

Al contrario, ambos poderes, Ejecutivo y Legislativo, han cerrado sus puertas a la gente; el segundo más que el primero, porque ni siquiera deja entrar libremente al Congreso. A éstos, a los diputados locales, les ha ganado el miedo a las manifestaciones, a las críticas dentro de su dominio y optan por exigir control.

Entonces queda la duda de cómo escuchan a la gente, cómo saben lo que necesitan y cómo gobiernan para ellos. ¿Lo harán por suposiciones?, ¿por intuiciones?, ¿por presunciones?, ¿con pulso?

Creo que todos sabemos la respuesta porque no hay mecanismos claros de participación ciudadana o de atención. Pides, preguntas y puede llevarte tiempo conocer la respuesta.

Lo peor viene cuando implementan políticas públicas y resultan que no fueron socializadas o sólo lo hicieron con unos cuantos. Es difícil gobernar, pero más cuando se rodean en burbujas de amigos, de aliados, pero sobre todo cuando únicamente se juntan con grupos de filias. ¿Y las fobias? Éstas también sirven para gobernar, para conocer al enemigo, para crecer. Sin embargo, son las que menos se quieren escuchar, las que se sepultan cuando son las que más sirven para mejorar.

jesspilar@gmail.com

JJ/I