El ‘destape’ de Alfaro

Mientras la ciudad se ahoga en una galopante inseguridad pública –tema al que le dedicó poco tiempo en su informe– y se premia la ilegalidad inmobiliaria a cambio de algunos millones de pesos, Enrique Alfaro Ramírez anunció ayer la que será su próxima aventura política que ya conocíamos con mucha antelación: ser candidato de su partido Movimiento Ciudadano a la gubernatura.

Sorteando los límites del proselitismo verbal que la ley impide en tiempos electorales, Alfaro Ramírez anunció al final del espectáculo en que convirtió su mensaje político con motivo de su segundo informe de gobierno lo siguiente:

“A partir de hoy inicio una ruta y una lucha desde mi condición de presidente de Guadalajara y en donde me toque estar, así sea como ciudadano común, sin un cargo público, para refundar el estado de Jalisco, para refundar sus instituciones, para refundar sus leyes, para refundar la vida pública de este estado, porque ya no aguanta más, ya no aguanta cambios de maquillaje. Tenemos que limpiar las instituciones públicas, tenemos que limpiar el gravísimo problema de la corrupción, de la procuración e impartición de justicia”.

Lo anterior lo podemos traducir de la siguiente manera: “Antes de mí, nada; después de mí, todo…”.

Y ahí estuvieron para aplaudirle no sólo los alfaristas jaliscienses y demás simpatizantes locales, sino también los dirigentes nacionales del PAN, del PRD y de MC, Ricardo Anaya, Alejandra Barrales y Dante Delgado, respectivamente, integrantes del llamado Frente Ciudadano por México. Valga destacar que no se sabe que algún otro perredista o panista de Jalisco haya asistido a aplaudirle a su principal adversario político, guardando las formas y la decencia –no se rían, por favor–, aunque ya se vislumbra un romance entre el naranja y el amarillo del sol azteca.

Alfaro repite la fórmula verbal que utilizó antes de ser candidato a la presidencia municipal de Guadalajara, cuando aseguraba a los reporteros –que inocentemente le creían– que no sabía si iba a ser o no candidato a algún nuevo cargo de elección popular; que ignoraba si sería o no candidato a alcalde y que no podía decir si jugaría por Guadalajara o Zapopan.

Hoy vuelve a esa retórica que como anzuelo pican algunos ingenuos que creen que de veras el alcalde de Guadalajara no sabe que por decisión propia, y sin oposición alguna dentro de su partido en Jalisco o del dueño nacional del mismo, será el candidato por segunda ocasión al gobierno del estado. Va por la revancha y hace bien, pues hoy el escenario le es más favorable que en 2012, aunque aún no hay nada escrito como no pocos creen y mucho menos tiene ya un pie en Casa Jalisco. Al menos no aún.

Es cierto, en el camino hay muchos imprevistos e imponderables que pueden frustrar los planes ya trazados, pero no hay duda alguna que no existe nada en la mente de Enrique Alfaro que ser candidato a la gubernatura confiado en que tiene todo para ganar la elección de 2018 y ser el sucesor de Jorge Aristóteles Sandoval Díaz. Eso no está en duda, aunque él no lo confiese públicamente.

Salvo que surja una tragedia o sorpresa, veremos a Alfaro Ramírez en la boleta electoral del año próximo. Es más seguro que suceda esto a que gane como ya muchos lo pronostican, pues lo primero sólo depende de él y lo segundo de muchos otros factores que no todos están en sus manos.

Ayer Enrique Alfaro les dijo a los jaliscienses que su siguiente meta será la candidatura al gobierno estatal, y que, contra lo que mucho creen, para lograr la victoria hoy requiere de alianzas antes imposibles de creer, como con el Grupo Universidad y su líder Raúl Padilla López, a quien en Tlajomulco acusó de hacerle mucho daño a la entidad.

Así, pues, Alfaro continúa con su plan trazado con rumbo a 2018. ¿Lo logrará? Al tiempo.

ES TODO, nos leeremos ENTRE SEMANA.

JJ/I