Cursos, cursitos y demás…

Esa es una expresión que escuchamos hace mucho tiempo por algún profesor y se utiliza para decirles a los alumnos, futuros profesionistas, que deben de asistir a todo tipo de curso, cursito, cursado, cursientos, o afines, ir a todo tipo de evento científico-académico que tengan oportunidad. Obviamente la única limitante sería su bolsillo.

Por lo general, ser estudiante es vivir en la línea y más si aún no se está incorporado a los medios de producción. Un gran número es porque son dependientes de su familia y están en su zona de confort.

Existen grupos, gremios, o simplemente sociedades aisladas que han formado asociaciones, redes, colectivos afines a la Cultura Física y Deporte (CFD) y que están operando eventos de todo tipo; desde muy irrelevantes hasta los importantes, de todos se aprende algo. Pero la tendencia en este momento es que sólo han servido para el culto al ego, crear cotos de poder (vía relaciones internacionales con grupos de su misma concepción del mundo) o simplemente echarse unos centavos al bolsillo en dicha área.

Pero pocos o casi ningún grupo ha volteado a ver, promocionar, discutir los proyectos de carácter interno, tanto del sector público como del privado o social cuando existen muchas voces, puntos de vista, críticas y opiniones que pueden aportar tanto o más que los invitados extranjeros. Y lo más importante, que sea en casa, donde no aumentan los costos por asistir; por supuesto, no hablamos de cursos a modo.

Algo está sucediendo principalmente en el área de CFD de la UdeG que en los últimos diez a quince años aproximadamente apareció esa tendencia, donde cada organizador de dichos eventos sólo lleva agua a su molino, sin un proyecto de carácter global para la misma universidad.

Parecería ser que a nadie le interesa o hay un hueco que alguien aprovecha muy bien y para su bien. Cualquiera que sea el objetivo último, éste se convierte en materia digna de análisis y ésta es una simple y sencilla opinión.

Cuando no se ubica el historial de estos eventos, entonces se convierten en un triste presente que sólo sirve para reproducir, y lo peor, reproduciendo mal; además de que estos se ven tranquilos y muy contentos, aspectos que en nada coadyuvan al desarrollo de la institución; pero eso sí, ¡la casa paga!

JJ/I